EL ARTE Y EL PENSAMIENTO


08 Jul

En El Estado del Arte se han publicado ya tres entrevistas con artistas penquistas, o cuya obra impacte en el Gran Concepción, cada uno con su respectiva galería digital, por un periodo de 14 días cada uno. Los entrevistados pueden dar fe de la transparencia con que dichas entrevistas fueron transcritas, aún cuando esto significó superar los 20 mil caracteres por texto, algo que escapa del promedio de los índices de lectoría de cualquier artículo de esta categoría en formato online. La razón detrás de esta decisión editorial se puede resumir de la siguiente forma: una entrevista es un género discursivo basado en el mecanismo pregunta-respuesta, por ende, todo lo que se diga desde que brilla la luz de ‘rec’ en la grabadora es parte de la entrevista. Ahora bien, por razones de espacio, cuando es para una revista impresa, por ejemplo, se debe editar y seleccionar sólo las mejores partes. El problema es que esto modifica el sentido secuencial de la entrevista, cuando ésta es libre y las preguntas se van formulando sobre lo ya dicho por el entrevistado en el transcurso de la misma. Cuando las preguntas son prediseñadas, es más fácil aplicar “tijeras”.

En La Entrevista Ilustrada el sentido de la entrevista no es que el artista venda la mejor imagen de sí mismo, mucho menos que haga publicidad de su obra. El ejercicio de reunirse y conversar, en el mismo lugar donde nacen las obras, es una experiencia íntima, profunda, tanto para el artista como para quien lo entrevista. En este contexto la relación asimétrica no es la del artista en persecución de un periodista para que cubra su exposición, su muestra, su lanzamiento; aquí el artista es quien se encuentra posición de localía, quien invita al entrevistador a su espacio de creación. Desde el principio, se moldea un cronotopo, se prepara el ambiente, se crean las condiciones para una entrevista sincera y relajada, donde el objeto central de la conversación es el arte y su expresión. Como conducto regular, se le explica antes al artista el sistema de trabajo y cómo se publicará la entrevista y la galería digital.

Afortunadamente, la iniciativa tuvo buena recepción, de forma transversal, en el ambiente artístico. Los propios artistas han validado el concepto con su participación en la sección, compartiendo además su obra.

Sin embargo, resulta necesario a esta altura exponer brevemente cuál es el fundamento de nuestras acciones, el planteamiento que determina –por ejemplo- la formulación de las preguntas que se integran en cada entrevista. Para ello debemos recurrir a la academia. 

Todo comienza con la teoría de Jean Piaget, un psicólogo suizo famoso por su teoría del desarrollo cognoscitivo infanto-juvenil. John W. Santrock explica en su libro Psicología de la Educación que “Durante la construcción activa de su mundo, los niños utilizan esquemas. Un esquema es un concepto o marco de referencia en la mente de un individuo para organizar e interpretar información. Los esquemas varían de lo sencillo (como el esquema de un automóvil) a lo complejo (como un esquema de para qué se constituye el universo). Un niño de seis años reconoce que se pueden almacenar cinco pequeños automóviles de juguete en el mismo número de cajas pequeñas, está ejercitando un esquema de número. El interés de Piaget por los esquemas se centró en la forma en que los niños organizan y dan sentido a sus experiencias presentes”.

¿Por qué recurrir a una teoría del desarrollo cognitivo de los niños para hablar de arte? La respuesta la encontramos en el mismo texto, un poco más adelante, cuando se hace referencia al sentido abstracto del pensamiento del niño y cómo lo expresa a través del arte, en su materialización más básica (y más compleja a la vez): el dibujo infantil, el primer indicador que acusa la inquietud artística de un sujeto. Allí se indica que “los niños pequeños no se interesan mucho por la realidad, sus dibujos son fantasiosos e inventivos. El sol es azul, el cielo es verde y los automóviles flotan sobre las nubes en su mundo imaginario. El simbolismo es sencillo pero fuerte, y no muy diferente de las abstracciones encontradas en cierto arte moderno. Como alguna vez dijo el famoso artista español del siglo XX, Pablo Picasso, “Solía pintar como Rafael, pero me ha tomado una vida pintar como un niño pequeño”.

Es precisamente el sentido abstracto que persigue el artista lo mismo que el niño pierde al desarrollar su pensamiento concreto. Por ende, el arte es en sí mismo la búsqueda de la perpetuidad de ese pensamiento, de ese instinto simbólico que Piaget sitúa en la etapa preoperacional del niño. Esta formulación simbólica del pensamiento manifestado a través del arte está ligada también a conductas egocéntricas en los infantes; egocentrismo entendido desde la perspectiva de un sujeto que crea una obra que es interpretable al 100% sólo a través de su pensamiento. Santrock lo describe como “la incapacidad para diferenciar las propias perspectivas de los puntos de vista de los demás”, y ejemplifica de la siguiente forma: “La siguiente interacción telefónica entre Mary de cuatro años, que está en su casa, y su padre, que está en el trabajo, tipifica el pensamiento egocéntrico:

Padre: Mary, ¿está mamá ahí?

Mary: (Asiente con la cabeza, en silencio)

Padre: Mary, ¿puedo hablar con mamá?

Mary: (Asiente nuevamente con la cabeza, en silencio)

La respuesta de Mary es egocéntrica debido a que no toma en cuenta la perspectiva de su padre; no se da cuenta de que él no puede ver sus movimientos de la cabeza”.

Una obra de arte, entendida como una manifestación del pensamiento abstracto del artista, sólo es interpretable si el espectador asume la posición de artista y asimila la forma de ver y crear del artista. Al igual que el Padre no puede ver los movimientos de cabeza de la niña en el ejemplo anterior, el espectador es incapaz de comprender el egocentrismo del artista en su proceso creativo e interpretativo, pero sí puede apreciar la obra e interpretarla a través de sus propios esquemas mentales. El ingenio del artista está en comprender y analizar los esquemas mentales, las referencias, e introducirlas en su obra para transmitir ideas, conceptos, sentimientos y emociones a través de su creación, buscando provocar una determinada reacción. Es decir, anticiparse a la interpretación del espectador.

La construcción de un discurso artístico, a través de una determinada técnica, es el oficio del artista. No obstante, aunque sea diestro en la habilidad de transmitir su mensaje de forma auténtica, un artista que se precie de serlo debe siempre buscar la aprobación no sólo de un público selecto, amigos o familiares, sino además de su propio círculo de colegas, otros artistas.

El aporte de la Entrevista Ilustrada y la Gente Ilustrada es precisamente ser el espacio donde mostrar no sólo la obra de un artista, sino además su visión del mundo, la anamnesis creativa que deriva en el proceso mental y físico que obligan al sujeto a crear una pieza única, llena de sentido y de subjetividades profundas e íntimas, un espacio donde cada color evoca sentimientos y emociones localizados con tacto y sutileza en esquivos intersticios de la mente.

Este espacio de entrevistas y de exposición es un aporte en la generación de un ambiente artístico donde no sólo se aprecie o consuma arte, sino que además se piense y reflexione en torno a él. Una sola obra tiene tantas lecturas como personas en el universo, y es esa apertura interpretativa la que hace del arte una necesidad.

Inconscientemente consumimos estética, a través de una determinada diagramación en la pantalla del teléfono, en fotografías en redes sociales, en la publicidad, en la forma de vestir, pero es difícil que todas estas manifestaciones (diseñadas para atraer a un público masivo) sean consideradas arte, propiamente tal. Distinguir entre un garabato sin sentido y una obra artística sutil es una habilidad que cuesta años, sino décadas desarrollar. La discusión en torno a cuándo un best seller es arte y qué pasa cuando una obra de arte se vuelve best seller es una inquietud que le ha quitado el sueño a académicos, críticos y ensayistas durante generaciones, un fenómeno que persiste hasta nuestros días.

Es imposible interpretar a ciencia cierta qué es buen arte y qué no lo es, y tampoco es que sea necesario. Lo que sí es fundamental es ejercitar el pensamiento, abrir la mente y liberar la imaginación, lograr desprenderse de las ideas básicas y atreverse a ir más allá, a buscar caminos, a leer entre líneas. Es la reflexión la única herramienta necesaria y el espacio para hacer uso de ella, si miramos de los ojos hacia adentro y no hacia afuera, es infinito. No se trata de qué es lo que vemos en una obra, sino cómo el espectador se ve a sí mismo en ella.

La Entrevista Ilustrada y la Gente Ilustrada tratan sobre volver a ser niño, de observar el mundo con ojos egocéntricos, atreverse a ver una víbora digiriendo un elefante cuando todos los demás ven un sombrero.  


Texto: Prof. Fabián Rodríguez R. 

Fundador y Jefe de Redacción