EL JUEGO ETERNO


08 Jul

Están todos en la mesa. La conversación ha transcurrido en una cosa de minutos, pero para la percepción de las fichas que estaban encima de la mesa han transcurrido siglos. 

La humanidad, con sus capacidades científicas, intelectuales y biológicas, no podrá saber más información que la que se dice en esta conversación. Incluyendo el contexto, su situación, los detalles ínfimos que pueda registrar. No alcanza mayor percepción que ésa.

La conversación se lleva a cabo por seis seres andróginos. La mayoría molesta a uno sentado al rincón, al que llaman antártica, y debido a ello él casi no conversa. Otros dos se han quedado dormidos, Atlántida y Mu, porque ya habían dicho y bebido demasiado. Estos seres no son hombres ni mujeres, porque pequeñas diferencias temporales sólo afectan a las células que los componen pero no a ellos.

Los que ahora dialogan son Europa, Asia, América, África y Oceanía. Europa es viejo, pero no tanto como su hermano mayor Asia. Los dos se pelearon en el pasado, olvidándose del antiguo lazo que los une desde hace tiempo. América es el más conflictivo, ahora que está adolescente, y suele molestar mucho a Asia con sus problemas de ego. El más sabio es África, que observa todo desde el centro de la conversación meneando su melena verde. Antártica mira desde lejos tímido, llegando a mostrar rastros de enfado que se ven a través de su vestido blanco y congelado.

Estos seres andróginos están apostando en el “Juego de las dimensiones”. Las cartas que ocupan para jugar contienen dentro una réplica exacta de ellos mismos, que también están jugando cartas, pero a un tiempo más rápido. La regla del juego es muy simple: los seres deben aceptar que ellos mismos son las cartas de un juego superior que se juega a un tiempo aún más lento que el de ellos. Luego, deben apostar cuántos juegos más se están jugando, sobre ellos a tiempos más lentos o bajo ellos a tiempos más rápidos.

Lo chistoso es que luego los seres olvidan que eran jugadores, y creen ser cartas. Cuando pasa eso, dicen llamarse “continentes”…


Texto: David Rodríguez

Ilustración: Javiera Rubilar