EL LUGAR DEL HUMOR


08 Jul

Las primeras obras dramáticas registradas como tal por el hombre fueron las comedias griegas; la historia cuenta que fueron representadas por primera vez en el festival anual de Dionisias Urbanas en el año 486 a.C., y en las Leneas, hacia el año 440 a.C., en un formato de competencia, donde dramaturgos recibían incentivos monetarios por parte del Estado para realizar su obra. Este era una de las principales diferencias entre una tragedia y una comedia; más allá de las diferencias básicas referentes a las emociones que evoca cada una, en las primeras son los actores quienes financian la realización de la obra, mientras en la segunda es el Estado quien encomienda al dramaturgo la tarea de idear una comedia, que compita contra otras comedias, para ser la mejor.

El anterior es el primer referente al que echar mano al hablar de comedia y de humor, de la génesis de ambos conceptos. Es el momento en que son reconocidos como una necesidad fundamental del ser humano.

Aunque pareciera que el humor es algo simple, como contar un chiste, lo cierto es que hace referencia al acto y al modo de presentar la realidad. El humor, para asirse trepidante hasta la cúspide carcajádica, necesita referentes, establecer relaciones entre ellos, estimular el recuerdo más que la creación de conocimiento. No es aquello que jamás habíamos imaginado que podría pasar, que nos desconcierta, una enigmática y triste ironía, como suelen ser las tragedias. El humor es lo antagónico a la tragedia porque su relación con los referentes es –de base- distinta.

Si bien el humor puede surgir de una situación desconocida, jocosa en extremo, siempre serán los referentes que interpreten dicha realidad los que generan la comedia. Veamos como ejemplo esta viñeta de Quino, en Mafalda.

 

En ella se ve al padre de la protagonista en compañía de Mafalda y su hermano pequeño, mientras la mamá en una esquina está poniendo los cubiertos sobre la mesa. El diálogo es “¿Mandamos todos los días un padre para que esa maldita oficina nos devuelva esto?”.

El humor surge, por supuesto, del aspecto desaliñado del padre y de la actitud demandante de Mafalda (su principal característica, por cierto). ¿Sería gracioso que el padre llegara así a casa si en la realidad –y sobre todo en la realidad de la época en que Mafalda fue creada- los padres no llegaran agotados y desaliñados del trabajo? Al contrario, si viviéramos en una utopía donde todos amáramos nuestro trabajo y viéramos esta viñeta, nos preguntaríamos en principio en qué trabaja el hombre. Luego la interrogante que plantea la niña plantearía más que una situación cómica, una  situación trágica: un padre que llega cansado a casa y que es recibido por sus hijos, quienes tristemente interrogan a la madre sobre la situación. Afortunadamente, las cosas sí funcionan así como plantea el trabajo de Quino, y eso hace que la situación se torne instantáneamente cómica.

Entonces, si esta misma fórmula para abordar el humor puede ser utilizada en todos aspectos, ¿qué pasa cuando no entendemos un chiste? Lo más probable es que exista un vacío entre los referentes que maneja el comediante y los que maneja el espectador; suele suceder, sobre todo con el humor de contingencia, que no tengamos idea de quiénes son los personajes a que hace mención un cómic, una viñeta, un dibujo editorial. Los comediantes exitosos saben bien qué referentes usar, pues se ciñen a una regla básica: el humor debe ser simple. Es por ello que lo cómico se distancia de lo trágico de igual forma que lo hace lo simple de lo críptico, como muestra el siguiente esquema.

El humor críptico o extremadamente técnico suele ser utilizado en círculos cerrados (“chistes de chofer”, “chistes de profesor”, “chistes de enfermera”, “chistes de dentista”, etc.), es común en horarios de colación, encuentros after office, reuniones informales con colegas del rubro. No es habitual hacer comedia con este tipo de humor, por lo restringido del público.

Mientras, el humor simple es la herramienta más utilizada; valerse de referentes archiconocidos, establecer conexiones con situaciones cotidianas, sin enigmas crípticos ni reflexiones excesivamente críticas. El stand-up comedy, sin embargo, suele romper esta fórmula y mezclar elementos crípticos bien explicados y presentados en una rutina de temple más crítico.

Las viñetas de periódicos y revistas suele estar relacionado a las mismas publicaciones de la edición, o de ediciones anteriores del medio en que son publicadas; mientras el humor de la TV se basa, justamente, en referentes posicionados por los medios televisivos (a grandes rasgos). Mientras, en la radio se suele utilizar el humor como la herramienta principal de programas radiales, propagandas y publicidad radial.

Un párrafo aparte merece el humor en la red, puesto que aquí, por la infinidad de referentes que existen, se entremezcla todo lo anterior… Literalmente. Programas de TV reeditados para jugar con los diálogos de los panelistas, streamings de cosas impensadas, podcast sobre temas variopintos, animaciones, memes y viñetas son producidos día a día, desde diversas partes del mundo, para seguir agregando volumen a la red. A ello se suman las redes sociales como canales de difusión del contenido cómico subido por usuarios de distintos países, que manejan vocabulario y referentes distintos. En síntesis: una amalgama cosmopolita de humor.

Pero cuidado, el humor también es un arma poderosa. Bien lo sabían los griegos, que preferían pagar a los dramaturgos para mantener el humor bajo control; al ser el humor un modo de presentar la realidad, muchas veces expone de forma más didáctica aspectos de la vida que regularmente pasan desapercibidos. Aunque el humor también es culpable de introducir ideas o pensamientos erróneos, con el fin único de hacer comedia, llegando a confundir a la audiencia por utilizar referentes que no son reales. Un buen ejemplo de esto es lo sucedido con el humor de Beavis and Butthead, específicamente con el caso de una banda de heavy metal llamada Winger.

Estos personajes son fácilmente reconocibles por su línea gráfica y su humor cercano a la cultura norteamericana, al metal, el rock y el grunge. Sin ir más lejos, en las poleras de sus protagonistas se leen los nombres de AC/DC y Metallica, evidenciando sus gustos, bandas emblema de cada uno. El problema surge al incluirse en la trama a un personaje vistiendo una polera de Winger, Stewart. Se trata del vecino de Beavis y Butthead, el infaltable personaje tonto y extremadamente torpe al cual los protagonistas molestan sin tregua.

Hasta ese entonces, Winger era una banda potente y con un futuro auspicioso, pero se cree que sólo basto que la audiencia de Beavis and Butthead –dentro del rango de mercado de Winger- adoptara la idea que “escuchar Winger te hace ver torpe y tonto como Stewart, el vecino de Beavis y Butthead” para que la agrupación musical se fuera al hoyo. Desde entonces el programa televisivo quedó sindicado como culpable por este hecho, pese a que otras voces comentaran que había sido la irrupción del grunge la que detonó el declive de Winger.

Lo cierto es que la agudeza del humor suele ser siempre un buen catalizador mental, un ejercicio de reflexión del entorno, una crítica intelectual del presente. El dibujante chileno Guillermo Bastías, “Guillo”, resume esta idea de buena forma: “valoro el humor como un ejercicio necesario de la vida y me parece que la potencia intelectual de una persona se mide por la dosis de humor que es capaz de utilizar”, declara.

Es sólo a través del humor que, muchas veces, somos capaces de superar o digerir cambios radicales en nuestra vida, en nuestra sociedad. Es bueno saber que, aunque sea una franja de relleno en matinales, un rectángulo de 7 x 10 en los diarios o unos segundos en la radio, el humor tiene un lugar a nuestro alrededor.


Texto: Fabián Rodríguez R.