EL NEGOCIO DEL COACHING


08 Jul

Seguramente ha escuchado esa palabra recurrentemente dentro del ámbito empresarial. Aparece de manera conjunta a talleres, empresas emergentes, capacitaciones y certificaciones. Sin embargo, ¿Qué es realmente el coaching? ¿Qué significa realmente esta palabra y a qué se arriesga la persona al decidir entrar a un programa de estas características? Lo cierto es que, si bien no califica como la estafa del siglo, diversas esferas en el campo de la economía pudiesen estar utilizando erróneamente este concepto, no sólo para sacarle dinero, sino de paso provocar nefastas consecuencias a su persona.

Si usted se informa aunque sea muy brevemente, se encontrará con múltiples servicios de este tipo. Ofrecen asesorías que, si bien parecen ser serias, rondan en la autoayuda, la consultoría organizacional o los talleres. Y parecen defenderse bien, pues existe actualmente una federación internacional (IFC) que delimita los tipos de coaching existentes, así como sus principios, niveles, etc. A pesar de que existen diversos formatos y tipologías de esta práctica de asesoramiento (de acuerdo a sus diferentes metodologías, finalidades y tipos de participantes), lo concreto es que en sus diversos formatos funciona de una manera similar.

El cliente (coachee) es “ayudado” o acompañado por una especie de tutor (coach), el cual, de manera aislada, conversa con la persona en completa confidencialidad a lo largo de varias sesiones. En ellas, bajo el supuesto “teórico” de la constitución lingüística del ser humano, logra despertar todo su potencial, a través de preguntas específicas. De esta forma, consigue eliminar las propias creencias limitantes de la persona, en aras de mejorar sus capacidades para el logro de objetivos específicos que, en el mejor de los casos, el cliente mismo se propuso.

Si analizamos en detalle esta práctica, desde un punto de vista crítico, vemos cómo comienza a desmoronarse. En las propias páginas oficiales de coaching, se hace hincapié en el aspecto ético de la práctica, pero no queda claro por qué ven la necesidad de reforzar este aspecto en el trato a sus clientes, como si el mismo ejercicio tuviese el problema intrínseco de dañar o perjudicar de alguna forma. Si casualmente en la descripción anterior usted no advirtió la rareza de las sesiones individuales, en las cuales nadie puede intervenir en las preguntas que el supuesto profesional del coaching realiza al cliente, tal vez le parecerá más grave saber que la certificación de este sujeto no está acreditada ni evaluada por ningún organismo serio y competente, sino ¡por la misma federación!

Las críticas realizadas contra el coaching a lo largo de estos veinte años son tan notorias, que la misma mal nombrada enciclopedia abierta no se molesta en mencionar. Ninguna institución de coaching parece utilizar las mismas metodologías, por lo que carecen de sistematicidad y programas curriculares en las cuales sustentar su accionar. Asimismo, se escudan en una psicología básica y obsoleta -que más parece autoayuda-, sin respaldarse en profesionales ni instituciones: a pesar de tratar con personas, sus emociones y aspectos internos, no hay psiquiatras, psicólogos, ni profesores expertos en el arte de la paideia. Por si esto fuera poco, tratar directamente con el individuo y su emocionalidad puede provocar graves consecuencias a la autoestima e interioridad, de manera irreversible, so pretexto del logro de resultados y objetivos pecuniarios. Uno podría pensar que instituciones de este tipo, que se dicen éticas, podrían funcionar bajo el halo del currículum y la instrucción. Pero no es el caso, ya que no están reguladas por el Ministerio de Educación ni especialistas.  

Al analizar en detalle algunos principios del coaching, podemos ver la dudable y poco actualizada teoría que dominan:

“Nadie está en posesión de la verdad”. Vaya dialéctica socrática. Bajo este principio pretenden que el coach, con sus preguntas, logre el verdadero conocimiento de sí mismo del cliente. ¿Quién legitima al coach, entonces, si nadie posee la verdad?

“Las personas actúan de la mejor manera dentro de sus posibilidades”. Supongamos que este “gran descubrimiento”, que utilizan para intentar romper lo que ellos denominan “creencias limitantes”, no provenga de algún libro best seller de autoayuda…

“Todo individuo lleva un talento que espera ser revelado”. Absoluta generalización que parece ser extraída de algún credo o filosofía new age. (¿Está Paulo Coelho aquí?).  

“Las personas pueden cambiar (…). Todo lo que no es genético se puede cambiar”. Tal premisa parece contradecir el concepto de evolución.

Todo lo anteriormente expuesto se agrava profundamente cuando analizamos en detalle la génesis del coaching. Sus inicios son dudosos, pues el mismísimo Humberto Maturana desmiente categóricamente su vinculación actual con el curso que ha tomado el coaching en la actualidad chilena, a pesar de que fue parte de su génesis. El premio nacional de ciencias afirma que, en su opinión, el coaching es conspirativo: intenta manipular a los supuestos clientes y crea dependencia del asesoramiento.

Analizando de manera detallada los aspectos teóricos, el coaching se sustenta en un paradigma lingüístico obsoleto, que se conocía como la teoría de los Actos de Habla (Austin, Searle). Asimismo, en el caso específico de Chile ha derivado en lo que se conoce como Coaching Ontológico, que busca argumentar la postura académica del doctor en filosofía Rafael Echeverría y su libro La Ontología del Lenguaje, quien arguye, junto con Fernando Flores, que el coaching se respalda teóricamente en los planteamientos de Maturana. Sin embargo, los planteamientos del científico chileno (ampliamente reconocido por proponer el concepto de autopoiesis junto a Francisco Varela) no tienen relación con lo promovido por el coaching, quien concretamente indica que la relación entre el organismo autopoiético es desarrollada a través del lenguaje -indicando el componente lingüístico del mismo- pero en ninguna parte señala que se pueda manipular o resolver los problemas ontológico-afectivos del mismo a través de repeticiones de palabras o acercamientos lingüísticos, como si se tratara de una especie de “mantra” o conjuro.  Lapidariamente, es el mismo Maturana quien afirma finalmente no tener nada que ver con el coaching, respondiendo prontamente Echeverría con una columna, en el diario La Tercera, en lo que parece una lucha de egos y teorías.

En definitiva, no se deje engañar por prácticas sin respaldo teórico ni profesional que, más que ayudarlo a desarrollar su potencial para el logro de objetivos, quiere sacar alguna que otra moneda de su bolsillo.


Texto: Prof. David Rodríguez



Fuentes de Consulta: 


http://noticias.universia.cl/en-portada/noticia/2013/01/31/1002374/que-es-que-sirve-coaching.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Coaching

https://www.escuelacoaching.com/eec/que-es-coaching/26

http://www.capital.cl/poder/2016/01/21/121423/humberto-maturana-no-tengo-nada-que-ver-con-el-coaching/

http://www.theclinic.cl/2016/02/07/maturana-y-el-coaching-ontologico-tan-lejos-pero-tan-cerca/