EL SENTIDO DE LA LUZ


08 Jul

Siguiendo el raudo sendero de la metáfora, el conocimiento ha sido representado siempre como la luz. Desde ampolletas que aparecen cómicamente sobre las cabezas en los dibujos animados, o en la palabra “alumnos” con la que diariamente se ofende a los estudiantes del país, siempre el conocimiento y la generación de nuevas ideas se ha asociado a la luz. Incluso en el pensamiento religioso, metafísico, simbólico y filosófico, encontramos afirmaciones que corroboran tal relación.

“Yo soy la luz del mundo” dijo Jesucristo, lo que se afirma tanto en los Evangelios, en El Libro de Urantia o en las interpretaciones de Caballo de Troya. Diversos textos primigenios, como el Génesis, el Popol Vuh, el Libro de los Muertos o el Majabhárata, afirman que lo primero que fue creado por los dioses fue la luz, que rompió con el vacío, las aguas o el océano infinito. Krishnamurti decía continuamente que cada ser humano debía ser “una luz para sí mismo”, en el sentido de uno mismo propiciar las respuestas para entender la belleza de la vida. También nuestros descubrimientos científicos, primero de la mano de Sir Newton y luego en la dinámica de campos de Einstein, corroboraron que “todo es luz”, distorsionada por lo que entendemos, a veces erróneamente, como tiempo (en nuestra siguiente edición se explicará esta concepción cuántica de la luz).

La idea de la importancia de la luz para la humanidad tiene una profundidad simbólica inmensa. Desde mitos antiguos como Prometeo, pasando por la lucha incesante entre la luz y la oscuridad en la cosmogonía egipcia, hasta las concepciones lumínicas de oriente antiguo y nuestra américa pre colombina, el único regalo de los dioses a la humanidad fue el conocimiento, que se simboliza siempre como la luz.

Más aún, desde la cosmogonía Oriental nos llega la idea de la comprensión máxima del universo, que es entendida como la “Iluminación”. La coincidencia no puede ser azar: el conocimiento máximo, la percepción del TODO, es completa luz, tal como lo vio Dante en su Divina Comedia.

Desde los tiempos antiguos, y de manera coincidente en todas las culturas alrededor del planeta, la luz ha tenido el mismo significado. Representa la intelectualidad, el conocimiento que salva al hombre en cada circunstancia, la perfecta moralidad, las siete virtudes manifestadas al mismo tiempo. Nuestro problema, quizás, fue creernos poseedores de la luz. Creer que es algo que se puede transmitir. Roma era la “luz del mundo”, y quiso imponer esta forma de vida con las consecuencias que sabemos ello tuvo.

Si algo aprendemos de la sabiduría antigua (que con la experiencia hemos comprendido ya que suele no equivocarse), es que la luz es un regalo, que como humanidad recibimos. Aprendimos que en los tiempos de oscuridad, la luz se manifiesta en la especie humana para salvarla.

Y si somos sabios, iluminándonos parcialmente si es que se puede, comprenderemos quizás que todo mito surge como un recurso de ficción, pero que nos ayuda a entender algo muy real.


Texto: David Rodríguez