LA METÁFORA UNIVERSAL


08 Jul

El lenguaje es una representación de la realidad, tanto de sus elementos como de la relación entre éstos. Esto bien lo sabía Wittgenstein, que en el Tractatus estableció la configuración de los hechos del mundo a partir de un análisis de la estructura del lenguaje.

Sin embargo, esta representación, si bien es consensuada, nunca es compartida exactamente con las otras personas. En otras palabras: si bien es cierto todos compartimos el conocimiento del significado de las palabras y de las relaciones entre ellas, tal conocimiento nunca es exactamente igual en los demás. Siempre tenemos concepciones distintas respecto de los elementos y la realidad. Este aspecto subjetivo es parte inherente del proceso de percepción, que ha determinado patrones o lineamientos compartidos entre los seres, pero la construcción de la realidad siempre es subjetiva e imposible de determinar de manera exacta al realizar comparaciones.

Krishnamurti afirmaba, categóricamente, que “la palabra no es la cosa”. Y si bien es cierto que las palabras tienen un significado compartido – su carga semántica, cultural -, en estricto rigor las palabras aluden en un cierto porcentaje a lo que quieren significar, dejando un amplio porcentaje sin cubrir. En este sentido, el lenguaje siempre es metafórico. Nunca alude a la realidad exactamente. Siempre entrega pistas, luces, indicios de lo que refiere, pero nunca completamente. Incluso ahora, en este preciso instante, las palabras escogidas para expresar lo que quiero decir sólo intentan representar las ideas que tengo en la mente, con mayor o menor exactitud (pues depende de las palabras que logre recordar o que “posea”) y usted como lector también interpretará cada palabra de acuerdo a su percepción de realidad, experiencias, ideas, etc.

Uno podría preguntarse preliminarmente, considerando lo anterior, cómo es que logramos entendernos. Pero en nuestro análisis asoma algo aún más curioso: si el lenguaje posee siempre este aspecto metafórico, entonces hay más poesía en todas partes de la que pensamos.

Otro aspecto útil de reflexionar en la poesía es que el aspecto estético que recae en las palabras depende de su consideración cultural y contextual, de modo que lo que antes era considerado útil y funcional más tarde puede ser considerado poesía o viceversa. Ejemplos tenemos de sobra: los versos antes considerados reales del Bhagavad Gita luego pasaron a ser sagrados, y ahora último son, lamentablemente, mera poesía hermosa de una cultura antigua; las profecías de Nostradamus fueron publicadas como versos poéticos -que sin duda lo son- pero socialmente adquirieron un valor escatológico; la riqueza de la poesía olvidada de Safo, ahora descansa en los anaqueles de antropología como textos históricos; la Divina Comedia de Dante, con su perfección geométrica y estructural, es considerado un canto completo de belleza métrica; etc.

En esencia, el carácter poético que puedan poseer los escritos depende del sentido con que se interpreten, su connotación social y el grado de entendimiento que tengamos del significado que contienen. Lo que ahora nos parece legal, serio o científico, puede ser considerado, miles de años después, como poesía abstracta por sociedades desconocidas.

La poesía, entonces, debe ser comprendida no como una característica inherente a los textos o los significados, sino como un aspecto de nuestra mirada, contemplativa, en nuestro afán de entender la realidad, la cual podemos considerar ahora, con más seguridad, como la gran metáfora universal.


Texto: David Rodríguez