LA NOCHE DE NEWTON


08 Jul

LA NOCHE DE NEWTON.


"La teoría de las polillas".


He subtitulado a las siguientes reflexiones, pensamientos y entendimientos prácticos como: "la teoría de las polillas", debido a que me inspiré en el comportamiento de dichos insectos voladores para explicar, comparativamente, el comportamiento específico de los seres humanos sobre un asunto que me parece muy interesante. Es necesario señalar que lo que sigue es un resumen muy trabajado de largas corrientes de conciencia al respecto, de exageradas y desmesuradas reflexiones que sobre este tema he escrito en algún papel, cuaderno, ordenador o móvil. En relación a lo anterior, es interesante señalar la ocasión en que, estando sentado en la Plaza Condell, escribiendo obsesivamente, perdí la noción del tiempo y se me hizo de noche en un lugar al que había llegado de mañana. Es intrigante el paso del tiempo en todo esto, así como su respectiva interpretación espiritual desde una perspectiva de los multiversos y el cosmos.

El desarrollo de esta teoría, que en mi mente se construye hace algunos años, se debe al intenso deseo de acercarme, aunque sea un poco, a poder contestar preguntas trascendentales para mí, de pasada puedo señalar que las preguntas que me hago pueden ser también preguntas que otros se hacen, no obstante, esto no me ha llevado a tomar recaudo alguno.

¿Quién ha creado al ser humano? ¿Por qué motivo? ¿Posee el ser humano un espacio o suerte de lugar en el cosmos? ¿Quién o qué ha creado el cosmos? Ser humano y Cosmos: ¿Creados? ¿Surgidos? ¿Existen conceptos aún desconocidos más allá de la creación o la evolución?

Las he adjetivado como trascendentales, no porque sean preguntas que el ser humano siempre se ha hecho, se sigue haciendo y se seguirá haciendo, sino porque son inquietudes que aquejan profundamente el espíritu, que al no ser resueltas impiden avanzar hacia otras superiores y mucho más elevadas, pero que son más simples o cotidianas. La simpleza de mis reales objetivos en la vida podrían perfectamente impactar a las mentes más críticas, pero si algo he aprendido de las polillas es eso: simpleza, ir por lo más básico y a ojos cerrados. Después de todo lo que sigue, acabé por cultivar un razonable carpe diem. A veces, un atardecer en compañía del espíritu adecuado es mejor que mil tardes en el trabajo incorrecto.

Muchas preguntas para intentar responderlas todas de una vez. La religión se ha ocupado de esto en lo que lleva de historia, de manera muy eficiente pero poco eficaz ha podido otorgar consuelo a las inquietudes del espíritu, hasta que de pronto irrumpe la ciencia para aportar los hechos. Así, lo que existe de conocimiento al respecto de las preguntas anteriores, se constiuye como un hecho concreto apoyado por evidencias científicas, mientras que las religiones constituirían opiniones sobre el hecho (un ejemplo de hecho: Big-Bang). El problema de estas visiones binarias del asunto (religión-ciencia, espíritu-cuerpo, magia-ilusión) es que ambas son bastante incompletas y limitadas, aquí está la clave, según lo que creo, las limitaciones.

Al igual que muchas personas me pregunto si es cierta la historia de la manzana que cae de un árbol sobre la cabeza de Isaac Newton y: Bang! Ley de gravedad! Estaba en esos divagares una noche de invierno, en el fundo Queule, lugar en que trabaja como guardia de seguridad, cuatro noches seguidas a la semana en la más absoluta soledad y oscuridad a lo largo de kilómetros a la redonda. La luz que había en mi garita era la única fuente de luz cercana, alimentada por un ruidoso generador que muchas veces preferí apagar para poder dormir, como dicen los guardias: "Guardia que duerme sirve pa otro turno". Como era la única luz en un vasto territorio, los insectos se agrupaban en torno a la ventana chocando incesantemente toda la noche, intentando, por algún motivo que es desconocido para mí, "llegar a la luz". Observaba este sencillo fenómeno con particular interés y obsesión una despejada noche del mes de Octubre, la noche en que más temprano pensaba en Newton. Fueron alrededor de siete horas observando incansablemente a los insectos chocar de forma inagotable contra la ventana, cuando noté que el más testarudo de ellos eran las polillas, que además, por su tamaño, producían un fuerte golpe acompañado de un seco y duro sonido.

Cuando las polillas chocan contra la ventana, en un intento imposible por llegar a la luz, no sólo no comprenden la realidad de la situación: chocan contra una ventana invisible, de la cual jamás caen en cuenta de su existencia, también demuestran lo más evidente, su falta de capacidad para comprender la realidad, totalmente indiferentes y sin comprensión de mi existencia como ser consciente, por ejemplo. No poseen ninguna pista de qué es esa luz a la que vuelan, tampoco comprenden que si no abro la ventana no lo lograrán, peor aún, si apago la luz, game over. Las polillas simplemente avanzan hacia la luz, vuelan a ella en la más pura y hermosa obstinación, es parte de la naturaleza. No obstante estos insectos no tienen ninguna posibilidad de comprender la realidad de la situación (como ya lo señalé). Todo lo anterior es bastante evidente.

Los seres humanos no somos tan diferentes. En el contexto de nuestras capacidades intelectuales y limitaciones físicas, buscamos incesantemente comprender la realidad, el entorno y, efectivamente, la comprensión total del fenómeno de la expansión del cosmos como ocurrencia que soporta las partículas, la materia oscura, la vida, es algo que nos ha superado desde un punto de vista intelectual y espiritual. "Al menos hasta el momento", diría el más entusiasta de los eruditos, pero ¿tendremos tiempo para evolucionar lo suficiente y comprender el cosmos? Al menos a un nivel que nos permita explicar el sentido de la existencia material del ser humano frente a fenómenos cuánticos impulsados por energías, la mayoría de ellas desconocidas para nosotros ¿Lograremos replantear la utilidad del tiempo, propiamente tal? Como fenómeno dinámico y asociado a la esencia de la materia en la ocurrencia masiva de la energía que provoca los cambios y el resurgimiento de la materia en átomos que son productos de colisiones de galaxias o explosiones de estrellas, que se suceden en un evento más irreal que real para nosotros, al menos según las leyes de la materia que gobiernan en nuestro mundo aparentemente digitalizado.

Chocamos contra nosotros mismos, contra nuestro deseo de meternos donde no nos corresponde, contra el deseo de comprender más allá del horizonte de nuestras posibles capacidades máximas, limitadas por nuestra manifestación física-finita y el tiempo que tenemos para iniciar una empresa evolutiva de ese tamaño hace ver todo cuesta arriba. Nos hacemos un flaco favor con estas reflexiones —amigo-, y presiento que la realidad de la energía y la materia es algo que está por sobre nuestras expectativas finales de comprensión, que al igual que las polillas, avanzaremos incansablemente hacia la luz, quizás abondonemos la tierra, mejorando nuestras tecnologías lo suficiente como para internamos en el espacio profundo, pero lo haremos a ciegas, recorreremos lo presentado, comprenderemos la vida desde una visión heterogénea, conoceremos, si la energía nos guía con fluidez, el cosmos, pero repito, lo haremos a ciegas, porque nuestro impulso por llegar a la luz es más grande que nada y nuestra perseverancia como especie es tan obcecada como la de las polillas, de las que tenemos una escueta lección que aprender: avanza hacia la luz, no te detengas, no tengas miedo, no hay nada que comprender cuando entender algunas cosas es imposible. Vuela hacia el cosmos, explora los universos, siente la energía.

—Esas son las novedades del turno colega.

—Pa que tan en la profunda compañero si somos guardias.

—Que avances hacia la luz, te dije.



Texto: Matías Pinuer G.