POR QUÉ CHILE ES UN PAÍS DE POETAS


08 Jul

En el extranjero, un incauto podrá creer que los chilenos somos conocidos por ser ladrones. Un enólogo, apostará por los vinos. Un inglés promedio, motivado por la contingencia actual, pensará que Chile exporta buenos futbolistas. Pero en realidad, cualquier persona seria e informada de los países de todo el mundo sabrá que Chile es un país de poetas.

Nuestros dos únicos premios Nobel han recaído en la categoría de la poesía. Con toda la extensión de la palabra, en dos ocasiones hemos sido los mejores del mundo en ello, siendo ello hasta ahora un logro destacable que ninguna otra disciplina ha podido emular. Sin embargo, con el reciente y lamentable fallecimiento del controversial poeta Nicanor Parra (que muchos, sin saber realmente de poesía y sus categorías, denominan “antipoeta”), cabe preguntarse por el fenómeno de la poesía en nuestra realidad. ¿Qué condiciones o elementos propician la emergencia de estas voces poéticas en nuestro país? ¿A qué se debe? Quizás la respuesta se encuentre en la forma en que nuestro idioma ha ido evolucionando.

Siguiendo con la postura hipotética del extranjero, podemos evidenciar que la belleza del hablar del chileno no es lo primero que se percibe al aprender nuestra forma de expresarnos. Concretamente, lo primero que asombra al foráneo que intenta aprender “chileno” es la complejidad de sus variantes y su dificultad. La teoría lingüística se ha encargado de describir este proceso, denominando variables del lenguaje a todas estas variaciones. Asimismo, las ha clasificado de acuerdo a las razones de su modificación, ya sea por el lugar geográfico, el rango etario, los estratos sociales, etc. Sin embargo, describir las variaciones del habla en una lengua particular no basta para explicar las razones de sus modificaciones.

Una consideración común, incluso para los mismos chilenos, es la clásica opinión de que los chilenos “hablamos mal”. Ciertamente, nos reímos de nuestros vecinos limítrofes y su pronunciación, siendo que ellos modifican en menor medida las palabras. Sin embargo, conviene aclarar que esto no es sinónimo de “hablar bien”. Una cosa es pronunciar las palabras sin variantes, y otra diferente es la cantidad de palabras dominadas y su utilización en oraciones estructuradas. Se afirma que una persona culta domina alrededor de 8.000 palabras, pero cualquiera de nosotros utiliza en su diario expresar en promedio unas 800. ¡El 10%! ¿Cómo podríamos ser buenos poetas con un acervo de palabras tan reducido?

Quizás la razón se debe a la forma en que utilizamos las palabras, más que en su cantidad. Dadas las condiciones demográficas de nuestro país en sus inicios, junto a sus diferencias sociales, etnográficas y dialectales, los hablantes criollos se expresaban mediante la utilización frecuente de metáforas. Si bien es aventurado intentar encontrar la razón que llevó a este uso, lo cierto es que sus resultados se pueden observar en el uso cotidiano del lenguaje común. No negaremos la presencia de este fenómeno en otros países e idiomas, pero sí advertiremos su mayor presencia en el habla del chileno. Incluso de manera escueta, el currículum nacional, en la enseñanza de las expresiones metafóricas cotidianas a los estudiantes chilenos, considera más de 200 dichos, cifra incluso superior a los idiomas considerados en el habla inglesa, que posee muchos más siglos de desarrollo que nosotros.

Si bien no es posible defender que la presencia de metáforas en el habla cotidiana del chileno promueva el pensamiento estético de la poesía (al menos no totalmente), sí entrega indicios de una característica esencial e inherente al habla del chileno, que es sin lugar a dudas un elemento componencial del lenguaje poético. Asimismo, permite establecer un punto de vista crítico en torno al proceso de transformación del lenguaje, considerando la amenaza identitaria de incluir, cada vez con más frecuencia, expresiones y locuciones de lenguas extranjeras al habla cotidiana de nuestro país.

Más que establecer una postura dogmática respecto a los cambios lingüísticos, y reticente a un proceso tan normal como lo es la transformación del lenguaje, nos acerca un poco más a la comprensión de un rasgo de nuestra identidad, la galardonada poesía, en un paso más para el entendimiento de nosotros mismos y nuestra composición como chilenos.


Texto: Prof. David Rodríguez