PREMIOS CERES 2017


08 Jul

La primera entrevista vía streaming que este medio realizó fue a Susana Lépez, creadora y directora del proyecto Premios Ceres. En dicha entrevista, el eje fueron los Premios Ceres 2017, que se celebraron el día martes 3 de abril de 2018, en las dependencias del inmaculado Teatro Regional del Biobío.

Naturalmente, The Penquist fue invitado a cubrir el evento. La presente es una suerte de crónica y a la vez una crítica constructiva a la única instancia de premiación artística del país, luego que los premios Altazor quedaran en el olvido, y el único objetivo que persigue es aportar al crecimiento y consolidación de una iniciativa a todas luces necesaria, y que requiere el apoyo de toda la red artística, comunicacional e institucional de nuestra región para continuar su desarrollo.

RECEPCIÓN

Llegamos al Teatro Regional a la hora de apertura de las puertas. Según el cronograma, lo primero es la alfombra roja. Al llegar a la puerta de acceso principal, consultamos a un guardia cuál es el acceso de prensa, pero no tenía idea (tampoco es su trabajo saber). Así que seguimos a los demás asistentes.

Subimos la escalera principal y nos topamos con una aglomeración de personas impecablemente vestidas, en un caótico vaivén. Apostada a la izquierda de la escalera, por la entrada del teatro que da hacia la platea, se encuentra la gran tela tensada e impresa donde los medios pueden tomar fotografías, transmitir, entrevistar, sobre la alfombra roja.

Uno de los nominados, conocido periodista magallánico residente en Concepción, nos pregunta si sabemos algo de la organización. Lo más lógico, pensamos, es que los nominados sepan qué asiento les fue asignado, pero no es el caso.

Nos acercamos a un colega fotógrafo y le preguntamos cuál es el orden del asunto, si hay existe una sala de prensa, cómo será el backstage, etcétera, pero no sabe nada de ello. Luego de un par de negativas más, nos encontramos con la encargada de las comunicaciones del proyecto, quien, amablemente nos indica que no hay sala de prensa, ni una instancia derechamente abierta para las entrevistas, pero sí nos indica que podemos hacer ingreso a la sala principal del teatro, para llevar a cabo nuestro trabajo desde allí, y que podemos acceder al backstage para las entrevistas o hacerlas ahí mismo en la alfombra roja, que sería el mejor espacio para ello.

Sin esperar más, nos vamos a la sala principal. En este tránsito desde el exterior del teatro hasta la sala principal, nadie nos solicita credencial ni identificación para saber que somos parte de un equipo de prensa (pese a que nos entregaron una pulsera para identificarnos).

LA SALA PRINCIPAL

Nos topamos en la entrada de la sala con Germán Estrada, vestido de gala, y le preguntamos dónde se ubica la prensa dentro de la sala principal, si existe algún espacio especial, algún mapa de acceso para saber a qué lugares podemos acceder para capturar mejor la experiencia. Nos responde que hay lugares asignados para los invitados especiales, y que el resto debe buscar su asiento donde más le acomode. Nos da el pase hacia un muchacho que está encargado de esta tarea, y él nos responde lo mismo.

Tomamos asiento.

Horas antes, habíamos estado en el teatro para buscar las acreditaciones, y pudimos acceder al escenario y tomar una fotografía del lugar vacío, mientras los equipos de audio, video e iluminación aún terminaban su trabajo en el recinto, paralelo a las pruebas de sonido de las bandas. Ahora, lleno, ese lugar amplio y frío se había poblado de vida.

Sobre el escenario, un juego de pantallas, luces y humo, junto con la música de ambiente, preparan al público para lo que se viene, generando alta expectación. Mientras, los asistentes siguen llegando.



EL SHOW

Debido a que el magno evento será transmitido a través de Canal 9 Regional, es imperativo que toda la programación sea cronometrada de principio a fin. Cinco minutos antes de comenzar, una voz en off da la bienvenida al público e indica que pronto comenzará la transmisión. El público espera ansioso.

El espectáculo comienza con una proyección, un video. En las grandes pantallas se observa una historia en primera persona, sobre una obra a la cual The Penquist tuvo la suerte de asistir. Se trata de la obertura preparada por el Proyecto Teatral Galaxia Sur-realista. El equipo del proyecto, en conjunto con un equipo audiovisual, lograron capturar la esencia misma de la obra y envasarla en un video. La obra, por cierto, es una de las nominadas de la noche, en la categoría teatro.

Termina el video y una persona en medio del público se pone de pie, ya armado de un micrófono, para hablar sobre la historia penquista, sobre el recorrido de la micro del proyecto Galaxia Sur-realista, en fin, sobre su propia vida. Dos grandes focos apuntan al hombre, solitario en medio del público, lo que configura un ambiente único. Posteriormente, pobladores de Aurora de Chile se toman el escenario e intervienen con una mezcla entre testimonios históricos, de lucha y de perseverancia, más música. Así comienzan los Premios Ceres 2017.


Posteriormente, hacen ingreso los animadores, dos caras de Canal 9, que yo reconozco del matinal “Nuestra Casa”. Ese fue el primer cominillo. No es que no valoremos el esfuerzo del canal por poner a sus mejores rostros, es el hecho que se trata de una gala, una premiación artística del más alto nivel, lo más lógico habría sido ver un rostro relacionado al mundo artístico, una mini-estrella regional. Pero, entendemos, si es el canal quien transmite, difícil que alguien más pueda decidir quién se hará cargo de animar (porque así funcionan las cosas aquí, se trata de ahorrar).

Luego de una breve introducción, comienza la premiación. Sin tacto, sin un diálogo que invite a cambiar de escena, se presenta a los nominados dentro de la primera categoría, Artes Literarias.

Una voz en off, acompañada de una proyección, anuncia a los nominados. Los animadores, que evidentemente no son los mejores para el acto, revelan a los primeros ganadores. “Puentes”, de Ángel Rogel y Fernando Vásquez, en la sub-categoría ensayo, son los encargados de mostrar lo que sucedería con los próximos en subir al escenario; repartidos por distintos lugares de la sala, los ganadores van pasando adelante, en una larga caminata, mientras de atrás del escenario una modelo emerge con la estatuilla y se la entrega al encargado de entregar los premios en cada categoría, que a su vez se la entrega a los ganadores. Movimientos poco prolijos sobre el escenario para el espectador.

Enunciado el discurso de los ganadores, ahora deben bajar del escenario. Sutilmente, alguien les hace la seña para que no bajen por delante, que hagan la salida por un costado. Lamentablemente, no a todos los nominados se les informa de la logística de la premiación, y algunos terminan bajando por delante del escenario, mientras otros se van por donde corresponde, al no percatarse del gesto técnico.

Los siguientes premiados en la categoría Artes Literarias son “Miradas”, de Alan Gonzales (narrativa), y “Diez que en tu boca sentí”, de Barbara Calderón (poesía). La categoría siguiente es Artes Visuales, y los ganadores son “Esto es normal”, de Óscar Gavilán y Claudio Angulo (artes mediales), Réplica original, de Nicolás Sáez (fotografía) y “Mural de Tierra: Nahuelbuta”, de Consuelo Ceballos (pintura). La lógica es la misma; modelo pasa la estatuilla al encargado de entregar el premio, lo reciben los ganadores, enuncian su discurso y bajan por el costado o por delante del escenario. La intervención de los animadores es mínima e insípida.

Hora del primer show artístico.


Sinceramente, habíamos oído hablar de Inarbolece, trío musical nacido en Carampangue, pero nunca los habíamos visto ni oído en vivo. Con una estridente y psicodélica energía, el cantante deja todo sobre el escenario, es una espléndida demostración del autodenominado estilo “rock impresionista”. El arte es valorable en todas sus expresiones, pero hay lugares y lugares. El estilo rupturista de este acto artístico contrasta –para mal- con las altas expectativas que había dejado el acto de apertura. No nos parece que esté a la altura de una gala de este tipo, aunque valoramos totalmente el trabajo de los artistas, por una parte, y de la organización del evento, por otra. Entendemos que se intenta dar un tinte regionalista al evento, pero algo con un poco más de sutileza habría ido mejor con la línea gráfica y la propuesta visual de los premios.

SEGUNDA PARTE

La premiación continúa con las Artes Audiovisuales. El primer ganador es “Mar de árboles”, de Matías Vasquez (animación), quien para nuestra sorpresa, se pone de pie a nuestro lado y camina hacia el escenario, desde la platea, demorándose casi un minuto en llegar al escenario. Un minuto perdido en TV es caro. Lo lógico es que los nominados estuvieran todos ojalá en las primeras filas frente al escenario, para facilitar su acceso, pero tampoco es el caso. Más adelante descubrimos que no son los únicos.

El siguiente ganador es “Olas y tiburones”, de Gonzalo Rodríguez (videoclip), la producción audiovisual que acompaña a la canción homónima, de la banda Adolescentes sin edad.

Posteriormente es el turno de las Artes Escénicas, donde brillan “Volver”, de Compañía Calaukalis (danza) y “La muerte accidental de Sebastián Acevedo”, de Teatro la Concepción, uno de los reconocimientos que obtiene más aplausos del público.

Y llega el turno del siguiente número artístico. Aún con calos fríos por el número anterior, “Tantos otros todavía” es otra banda de la cual habíamos escuchado, sin conocer. Por el nombre, se nos figura una banda de rock, de pop, de indie, o de cualquier otro nominativo del género guitarra eléctrica/bajo/batería. Pero resulta ser aún más estridente y excesivo en decibeles que el show anterior. Ya no es rock impresionista, sino que punk progresivo.

Personalmente, siendo adolescente disfruté mucho del punk, y asistí a cientos de tocatas dentro y fuera de Concepción, y ciertamente agradezco que se haya dado un espacio a este incomprendido género dentro de un espectáculo de estas proporciones, pero al igual que Inarbolece, el enérgico show de Tantos otros todavía no es el tipo de música que se espera para una premiación de este tipo, insisto, pues no sigue la línea que los mismos Premios Ceres proponen.

TERCERA PARTE

Es el turno de la premiación de “Ceres comunidad”, una instancia propuesta por Premios Ceres, donde es la propia comunidad quien vota al ganador, a través de las redes sociales. El ganador es Lientur Rojas, actor, docente y gestor cultural, conocido por ser un prolífico titiritero, quien expone un emotivo discurso.

Luego de ello, es el turno de la categoría final, Artes Musicales.

Los ganadores son “Self deceiver” de la banda Soulburner (en la categoría rock-pop, pero se trata de una banda de metal); “Invisibilidad”, de Unknown dancer (electrónica), y “Orogénesis” de Concepción 14 (raíz folclórica).

Un párrafo aparte merece la ganadora de la categoría “Mejor intérprete docto”, premio que recibe Verónica Torres, pianista miembro de la Orquesta sinfónica UdeC, por su trabajo en la temporada 2017. En su extenso discurso, la artista tuvo tiempo para felicitar a los gestores de la iniciativa, pero además para criticar duramente a quienes administran la Corporación Cultural UdeC, por la desorganización administrativa y por desvincular injustamente a varios miembros el año pasado. No habría tenido mejor tribuna para sus palabras.

CIERRE

El cierre del espectáculo estuvo a cargo de la reconocida banda “La Romería de Santa Fortuna”, que con sus ritmos entre rumanizados y gitanizados despidieron alegremente al público, para dar paso al cóctel con los ganadores.



Antes de que la gente comenzara a abandonar el lugar, nosotros nos adelantamos a preguntar si habría algún punto de prensa o instancia pre-coctel donde conversar con los ganadores, tomar la fotografías de rigor con la estatuilla en la mano, etcétera, como se hace normalmente en este tipo de instancias a nivel internacional, pero nos responden que no. Naturalmente, nos retiramos y decidimos escribir estas líneas.

LOS PREMIOS CERES

Chile es un país que se decía valorar el arte, pero que realmente nunca lo había hecho formalmente. Para muchos, los artistas seguían siendo “muertos de hambre”.

Cientos de grandes exponentes claman año a año por espacios para llevar a cabo su trabajo, por recursos para sacar adelante proyectos, y muchos dependen casi únicamente del Fondart para poder vivir del arte. Si a esto se suma el casi nulo reconocimiento de parte de la comunidad (que no llena salas de cine cuando hay películas nacionales, ni salas de teatro cuando hay obras de pequeñas compañías), del Gobierno y los privados, el escenario no es muy prometedor.

Pero nacen los Altazor, y de alguna forma esto comienza a cambiar. El Festival de Viña ya pasó a ser farándula desde hace mucho, y era necesario tener una instancia de reconocimiento al arte, por parte de los propios artistas. El problema es que nuevamente hizo su aparición el centralismo, y los Altazor nunca llegaron a convencer a todo el país, sólo a Santiago.

Es en este contexto que se crean los Premios Ceres, para valorar el trabajo artístico regional, un llamado y una proclama pública: en la Región del Biobío se reconoce el trabajo artístico, en todas sus áreas. Ha sido una labor titánica sacar adelante este premio en todas sus versiones y el equipo de trabajo comandado por Susana Lépez así lo sabe.

Por eso, decidimos abrir este espacio de retroalimentación más que de crítica dura y sin sentido. Comprendemos la dificultad que encierra el proyecto y la difícil tarea de ejecutar la premiación año a año, y queremos aportar con elementos que podrían ayudar a hacer de ella un evento de nivel internacional.

Cada país y cada ciudad tienen sus propias características. Copenhagen, por ejemplo, es conocida porque su arquitectura tiene normas que impiden la proliferación de grandes rascacielos o edificios, reflejo de la propia cultura de su gente, una metáfora que indica “hey, no intentes sobresalir por sobre el resto, acá somos todos iguales, queremos ver el cielo sin distracciones”, arquitectónicamente hablando.

Concepción también tiene sus propias características, y principalmente es el arte quien configura su devenir; ya sea desde la producción musical, la producción visual y pictórica, la cada vez más compleja y rica producción teatral, una larga historia en producción literaria y una naciente industria de la producción audiovisual. Como tal, tiene sentido que Premios Ceres sea algo no necesario, sino obligatorio.

La pasada fue la primera edición de los premios en realizarse en el reluciente Teatro Regional del Biobío, y la gran pregunta era “¿serán capaces de llenar el teatro?”, pero estaba de sobra. El evento se realizó a teatro lleno. Entonces, ¿qué hay que mejorar?



Vamos por partes.

Lo primero a mejorar es la logística. Los premios internacionales establecen horarios, sectores y recorridos específicos para nominados, artistas invitados, prensa y asistentes. Organizar el espacio del que se dispone es esencial en este aspecto; para empezar, los nominados deben tener asientos asignados en las primeras filas frente al escenario, cerca de las escaleras de acceso, para que el tiempo de traslado desde el asiento hasta el escenario sea mínimo, y así optimizar el tiempo de transmisión en directo.

El tiempo de los discursos también debe ser normado y conocido por productores y nominados. En ocasiones, habrá discursos breves, pero también discursos muy largos. Si bien la autenticidad reside en la disposición natural de las cosas, también debe considerarse el sentido del espectáculo en sí mismo como una obra de arte, que debe tener una cierta armonía, que invite a verlo. Por ello, es necesario disponer de lapsos de tiempo definidos y llevar a cabo una labor de pre-producción donde se le indique a los nominados dónde deben ubicarse, hacia dónde caminar, de cuánto tiempo disponen para hablar y por dónde deben salir. De esta forma, tanto la percepción de los artistas como la de los propios nominados respecto a la organización cambiará por completo, y será mucho más atractivo para espectadores y televidentes. Y, de paso, los nominados tendrán tiempo para ensayar sus discursos en el lapso de tiempo que les indicaron, antes del evento.

Lo siguiente es la imagen. La línea gráfica de las premiaciones, por lo general, apunta al formato gala televisiva, pero no olvidemos que quienes idearon los premios son artistas, y quienes ganan también lo son. La obertura presentada por el proyecto teatral Galaxia Sur-realista tuvo el sentido que debe tener el material a presentar en un espectáculo de este tipo; las razones son simples, fue sutil, sencillo, profundo y con mucho contenido, presentaba una visión artística y un espectáculo en sí mismo, incluyendo una intervención que trasladó las miradas del público fuera del escenario y las llevó a las butacas, en medio del teatro, en la figura de un solo hombre, y para finalizar, las voces de los propios pobladores de Aurora de Chile comunicaron el mensaje que la obra intenta transmitir: valorar la ciudad y su patrimonio, no sólo arquitectónico, sino también humano. Una bella amalgama que entrega arraigo y emotividad a la premiación, sin duda el momento más alto del show.

El gran problema es que, en vez de continuar con el encanto, las siguientes intervenciones artísticas fueron más una ruptura que un puente entre los bloques. Si bien es cierto, Concepción artísticamente siempre ha destacado por lo abstracto y rupturista, hay otras formas de llevarlo al escenario, y no necesariamente con música, como bien lo demostró el acto de apertura. Las intervenciones musicales parecieron más un eco del festival REC, que una producción dedicada exclusivamente a los premios Ceres. ¿Por qué no incluir algo de poesía, teatro o danza al espectáculo, ya que se está premiando a todas las artes?

Concepción tiene todo el potencial para ser un pequeño Broadway, el talento y el espacio ya están. Y si los Ceres son nuestros Tony, donde no sólo se premia al teatro, sino que a todas las artes, ¿por qué no apuntar a espectáculos de ese nivel o mejores? Tenemos a nuestros propios Neil Patrick Harris, a nuestros propios artistas conceptuales y escenógrafos, capaces de crear toda clase de artimañas mecánicas, digitales y sensoriales para hacer de una premiación como Ceres un espectáculo no sólo regional, ni nacional, sino internacional.

Los Premios Ceres ya demostraron que pueden llenar el Teatro Regional, y tienen el desafío de hacer uso de esta gran “caja habitable” que se nos ha legado, para llevar a cabo el espectáculo artístico multidisciplinario más grande de Chile. Nuestra labor como penquistas, como artistas, comunicadores, docentes, gestores, directores, técnicos y creadores en todo ámbito es apoyar esta iniciativa para que alcance el máximo potencial posible.

El reconocimiento público, llevado a cabo por el propio círculo regional de artistas, a través de los Premios Ceres, es una instancia no simplemente necesaria, sino vital para quienes desarrollan arte. En Chile es particularmente difícil lograr reconocimiento siendo artista, en cualquier área, cuando uno no es conocido de antemano, o si no vienes de buen nicho familiar. La habilidad que se requiere para desempeñarse en cualquier disciplina artística es fruto de años de ensayo y error, de práctica y afinamiento, de perfeccionar sutilezas y construir un discurso. Hacer consciencia de ello es aún más complicado, y son instancias como los Premios Ceres las que ayudan a visibilizar esa habilidad y lo que cuesta desarrollarla. Los libros, poemarios, canciones, clips, obras e instalaciones son sólo el producto visible, la punta del iceberg. Todo lo que está debajo, todo el trabajo del artista para lograrlo, es la verdadera razón del premio.

En suma, aunque haya aspectos por mejorar, espacios para crecer, sólo puede haber loas para el equipo que trabaja en el desarrollo y producción de los Premios Ceres, puesto que llevar a cabo un evento de tal magnitud no es trabajo para cualquiera, en especial para sus gestores y para la comunidad que se ha generado en torno al evento desde su creación, y que ha apoyado su realización año a año.

El equipo de este medio continuará apoyando esta iniciativa, no sólo tomando fotografías e informando sobre los ganadores, sino que aportando en su desarrollo desde la retroalimentación, la reflexión y la crítica con base y sentido. Agradecemos al equipo de Premios Ceres por permitirnos ser parte del evento de este año y en especial a Virginia Torres, por apoyar la realización de esta crítica.


Texto: Fabián Rodríguez R.

Fotografía: Fabián Rodríguez y Boris Veloso.