LORENZO ANDREOLI: EL TATTOO COMO EMPRENDIMIENTO


08 Jul

El emprendimiento es un ejercicio vital que encierra múltiples opciones, muchos caminos, desde el emprendimiento gastronómico hasta el aeroespacial. De entre todos ellos, surge una serie de emprendimientos no tradicionales, no porque no exista una tradición, sino porque del total de emprendimientos que se crean cada día, son minoría, y requieren conocimientos técnicos o habilidades específicas en algún área.

Uno de ellos es el tatuaje.

Conversamos con Lorenzo Andreoli (@andreolitatto), joven y talentoso tatuador penquista, que nos recibe en su estudio para dialogar en torno al tatuaje como emprendimiento, como estilo de vida, como trabajo y como arte.

- Muchas gracias por recibirnos. Por favor, cuéntanos cómo te iniciaste en el camino del tattoo. 

- Empecé a tatuar en el colegio, cerca de segundo medio. A partir de un trabajo que me hicieron hacer en tecnología, me pareció interesante cómo funcionaban las máquinas de tatuar. En ese entonces mi idea era tratar de optimizar la máquina, aún sin mucho conocimiento de tatuaje, porque años atrás no existía mucho conocimiento libre acerca del tattoo, como hay hoy. Si bien no estaba en pañales, era de difícil acceso. Un tema de pocas personas. 

- En base a esa experiencia que tuve muy de joven comencé vislumbrar hacia dónde me dirigía en la vida. Vi para dónde iba la micro y que me podía desarrollar como tatuador. Empecé a leer harto, a buscar videos sobre el tema, a leer los comentarios en foros y blogs, básicamente dónde conseguir agujas, cómo eran, para qué servían; el tipo de máquinas que había, qué tinta usar. Y es algo que se ha desarrollado harto en los últimos años, ahora casi todo lo que se usa es desechable. Incluso hay máquinas que puedes comprar en 5 u 8 dólares, hasta el millón de pesos.


- ¿Tú dices que el mercado no se había desarrollado aún, o bien, los insumos y productos se encontraban aún en Santiago solamente?

- Siempre ha sido centralizado, sobre todo el tema de los insumos. Si quieres algo de buena calidad para entregarle a la gente, tienes que ir a Santiago a comprar. A veces lo que se vende acá no es la misma calidad e incluso a veces se dan casos de falsificaciones de tintas y sólo quienes se interesan en entregar calidad eligen bien las marcas y aprenden a reconocer algo auténtico. Al fin y al cabo, estás haciendo pequeñas heridas y dejando allí pigmentos, dentro de la piel, y tu cuerpo combate contra eso, por eso deben ser elementos que hayan sido testeados, marcas consolidadas. 

- Por ejemplo, a veces para el tatuaje se ocupan tintas chinas. Pero –ojo- son tintas que llevan ocupándose miles de años para el tatuaje, más allá que vengan de China. Se utilizan para pintura y acuarela algunas, pero lo importante son los componentes. La negra, por ejemplo, siempre ha sido a base de carbón. Entonces, como no tiene otros componentes como los demás colores, es mucho más difícil que tú piel la rechace o tengas alguna reacción. 

- Dado que ha cambiado el mercado y ahora hay más oferta y posibilidades, me imagino que habrán surgido muchos tatuadores también. Eso no es moda. Se viene haciendo desde hace miles de años en diferentes culturas…

- No es moda. Hay muchas razones para hacerlo y creo que la moda no es una de ellas. Muchas personas utilizan el tatuaje también como una forma de terapia, para marcar el comienzo o el término de un ciclo en sus vidas. El tatuaje es algo muy anterior a la época cristiana. El arte corporal viene desde que las personas comienzan a hacer dibujos en cavernas. 

- ¿Es complicado competir contra la gran cantidad de nuevos tatuadores o piensas que no es competencia?

- Siempre hay una competitividad yo creo, pero tiene que ver con tener buena reputación frente al resto de los colegas. Yo creo que haya muchos también es positivo, el que haya muchos tatuajes también. Porque muchas veces cuando empiezan a tatuar se mandan embarradas, y esos clientes igual van a llegar a ti para que arregles o tapes esas embarradas. Entonces, de buena o mala forma, pueden generarte incluso más trabajo. Aunque no es lo ideal (ríe).

- Hay que dejar bien claro también que esto no es sólo arte, es también un emprendimiento no tradicional. Aunque, si se piensa en el oficio desde sus inicios, debe ser uno de los emprendimientos más tradicionales de la historia, aunque la gente crea que es una tendencia nueva. Recordemos que un emprendimiento es perseguir una idea, contra viento y marea, y que esa idea te permita vivir. 

- Claro, en ese sentido el tatuaje sí es emprendimiento. Por ejemplo, para mí, es lo que sustenta mi vida. Y si no te motiva esta cuestión, no hay por dónde. No es comprarse las máquinas y los insumos y quedarte sentado esperando que llegue pega. 



- Los canales a través de los cuales la gente llega a ti son las redes sociales, ¿cierto?

- Bueno, eso y más… Yo al tatuaje le llamo “publicidad viva”, por un tema que la gente va luciendo tu trabajo sobre su piel. Es una publicidad, pero es tu nombre, tu firma, algo que anda dando vueltas en todas partes. Y mientras más llame la atención, más posibilidades tienes de captar clientes y que la gente pregunte “¿oye, quién te hizo ese tattoo?”. El boca a boca o “dar el dato” es también una forma en que uno va teniendo clientes nuevos, aunque igual varios llegan vía Facebook, vía Instagram, no sé. También mantengo mi base de datos ahí. 

- ¿Hay algún perfil definido de persona que se tatúa o tú has visto que no hay un perfil y que cualquier persona llega a tatuarse?

- Bueno, he tatuado desde médicos, abogados, uniformados, mecánicos de avión, ha pasado demasiada gente y yo creo que de todos los rubros; artistas, servidores públicos, deportistas, de todo. No pasa por un tema de género ni siquiera. 

- ¿De edad tampoco?

- Yo creo que puede depender un poco igual de la situación económica porque si piensas en un estudiante, seguramente no va a tener las lucas, contra alguien que ya salió de la universidad y está trabajando. Puede ser que un estudiante tenga más ganas de tatuarse, y va a tender a buscar lo más económico. Entonces, yo creo que al final todo esto pasa por juntar las lucas para tatuarse. Ahora, si me pides un rango etario de los que más se tatúan, yo lo situaría entre los 20 y los 35 años. Pero he tatuado gente de hasta 70 años, entonces no es un rango fijo. Algunos ya mayores se pasaron toda la vida pensando en tatuarse y finalmente lo hacen. 


- El año pasado o antepasado el Ministerio de Salud realizó un llamado a tatuadores y artistas corporales, con el fin de certificarlos, tú estás dentro de ellos. ¿Qué opinas de esa preocupación del gobierno? ¿Fue un hecho aislado? ¿Se realizan actividades todo el tiempo? ¿Se hacen llamados anuales para certificarse?

- No, para nada. Ha costado mucho establecer una mesa de trabajo en ese sentido, o bien, la realización de actividades en conjunto, no sé si por falta de preocupación o desconocimiento, pero quizás incluso no están los entes idóneos para poder tratar el tema. No hay gente realmente capacitada para comprender lo que significa esto. Se requiere tener conocimiento por ambos lados para poder llegar a un consenso respecto a las normas que se pueden implementar. Ha habido, sí, los últimos años algún tipo de preocupación de ellos por normar el tema. 

- ¿Se les enseñó algo específico?

- No es un certificado respecto al manejo del tatuaje y técnicas corporales similares, donde en realidad te entregan información sobre cómo esterilizar el tatuaje, y cómo no cometer errores. Uno como tatuador tiene que tener conocimientos básicos en manejo de material esterilizado, manejo de fluidos, de diseño, de anatomía, de las posibles alergias, de cómo funciona la piel, los componentes de los pigmentos, cómo funciona una máquina, conocerlas al revés y al derecho, que sea una extensión de tus habilidades. Son muchas las ramas y los conocimientos que se mezclan aquí, es un poco de todo. Se necesita recurrir, aunque sea de forma pasiva, a muchas áreas para realizar una pieza gráfica. Es un trabajo complejo y completo, y eso le da valor. La gente no se percata de eso muchas veces. Las máquinas, por ejemplo, son pura física y mecánica, magnetismo; trabajar con personas requiere entenderlas, conocer su piel, los tipos de piel. Acá se hacen microheridas, y no es lo mismo limpiar un tatuaje que una herida de un porrazo. 


- El Ministerio de Salud indica en sus técnicas que lo que hay que hacer para limpiar el tatuaje es pasarle una gasa con suero, pero es lo último que tienes que hacer cuando tatúas. Es ahí donde hemos tenido desencuentros con el Ministerio, porque si ellos de verdad quieren saber, tienen que meterse en el cuento. Si hiciéramos lo que nos piden, no podríamos seguir siendo tatuadores. Porque además exigen cosas que encarecerían mucho el oficio, como el uso de los pigmentos; uno abre un frasco de pigmentos y te sirve para varios tatuajes, son frascos que vienen sellados, y según ellos al abrirlos se pierde la esterilización que tienen y luego de un uso tienes que botarlos, pero son súper caros los pigmentos. Yo ocupo 20 colores, a veces en un puro tatuaje, y si tuviera que comprar 20 colores y luego botarlos, estamos hablando de 150 lucas sólo en pigmentos, y a veces se ocupa apenas una gotita de cada color. Y eso son sólo pigmentos, si ocupáramos gafas, mascarillas y otros insumos, sería inviable seguir haciendo esto. Sería puro gasto. 

- Entonces, si piensas que el tatuaje comenzó a hacerse con carbón diluido y huesos finitos como aguja, cartílagos… Es lo más arcaico y precario, y hoy nosotros utilizamos agujas desechables, grips desechables, guantes, materiales y ungüentos tópicos que son para tatuar. Hay un manejo adecuado de los riesgos, entonces hay que llegar a un equilibrio entre ambas visiones. 

- Bueno, y además de ser un trabajo, el tatuaje es un arte. ¿Cómo ves el arte de tatuar?

- Es un arte, es una expresión corporal, un desahogo, es algo que depende mucho de cada persona. Es un rollo gigantesco. El hecho que uno cobre por ello es porque implica mucho trabajo y uno vive de ello, pero se cobra tal como un pintor cobra sus pinturas. Y es un arte que se va, requiere un desapego, porque hay una pieza que puede gustarte mucho, pero se termina el proceso de tatuar y la persona se va, tu obra de arte se va con ella. Tú como tatuador sólo te quedas con la foto. Es puro desapego. Yo podría decirte: “sí, mira todos los tatuajes que he hecho”, pero jamás voy a poder hacer nada con todos los tatuajes que he hecho. Es algo que se entrega. 


Texto y fotografía: Fabián Rodríguez R.