¿QUÉ TIENEN EN COMÚN EL ARQUITECTO DEL TEATRO REGIONAL DEL BIOBÍO Y NIKOLA TESLA?


08 Jul

Si existe un personaje que represente la esencia de la luz artificial es Nikola Tesla, un científico serbio que con apenas 20 años llegó a la Nueva York de finales del siglo XIX, un 6 de junio de 1884, premunido de un don innato: la chispa del genio.

Su sueño era entender la electricidad y sus misterios, la explicación a las fuerzas eléctricas de la naturaleza. Por aquel entonces, las creencias sobre la electricidad se basaban más que nada en mitos y construcciones ficcionales. Si bien Alba Edison había desarrollado la corriente continua (DC) y una bombilla incandescente que brillaba gracias a ella, aún quedaba mucho por descubrir sobre la electricidad y la luz, particularmente.

Lleno de ideas, Tesla se acerca a Edison, trayendo bajo el brazo una carta de recomendación de las industrias Edison en París. Para ese entonces, Thomas ya se había convertido en una leyenda por revolucionar el mundo de la iluminación; hasta antes de la invención de la ampolleta incandescente la iluminación era proporcionada exclusivamente por fuentes lumínicas relacionadas al fuego, como lámparas a parafina, gas o alcohol para quemar.

La figura de Edison logró la transición desde una forma de generación de luz orgánica a una más artificial, estrictamente creada por el hombre. Pero la corriente inventada por este personaje era extremadamente limitada; se requería de una gran cantidad de generadores a poca distancia para iluminar, por ejemplo, un par de cuadras, como fue el caso de la ciudad de Manhattan, que tuvo la suerte de poseer la primera red eléctrica urbana. Eso sí, en un radio reducido que se limitaba apenas a un par de manzanas a la redonda.

Tesla había logrado idear una solución a este problema y proponía una forma distinta de generar electricidad, a través de un motor completamente diferente al de Edison. Este motor, transformado en generador, en vez de crear la pobre tensión de la corriente continua (DC), logró generar un flujo balanceado de energía, la corriente alterna (AC), que superó todas las limitaciones de generación y distancia que no había logrado superar su antecesora. La patente de dicho invento fue adquirida por Westinghouse. Lo llamativo acerca de este invento revolucionario que marcaría el comienzo del auge de la carrera de Nikola Tesla es cómo se manifestó.

Ocurrió en 1882.

Luego de ser rechazado por Thomas Alba Edison, Tesla debió recurrir a trabajos forzosos y mal pagados para poder sobrevivir en la Gran Manzana. Fiel amante de la naturaleza, había descubierto en las tormentas y en la estática del lomo de un gato su obsesión de niño por la electricidad y la luz. Su proyecto de vida, su verdadero sueño, era crear energía libre y gratuita, en armonía con la naturaleza, para que los seres humanos pudieran vivir y cubrir sus necesidades energéticas sin necesidad de depredar los recursos naturales de la tierra.  

Una tarde, sentado mirando el sol del atardecer, tuvo la visión del motor que cambiaría el curso de la humanidad. Pese a ser un asiduo estudiante, muchas de sus invenciones se manifestaban como visiones, desde niño. A veces, él mismo afirmaba, que le era difícil distinguir entre una visión y la realidad, por ser tan lúcidas las imágenes, que luego las plasmaba en complejos esquemas técnicos dibujados a mano por él mismo.

Su relación con la electricidad y la luz habrían sido el furor de nuestra época, si viviera en ella, pero le tocó enfrentarse a la industrialización de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Sentó las bases de la electrónica y abrió las puertas a la creación de robots, radares, controles remotos y la transmisión inalámbrica de mensajes y fotografías. El invento cuya patente fue robada y cuyo dinero jamás pudo llegar, fue la radio. Si Marconi no se hubiera apropiado de la patente de Tesla, este último habría podido financiar sus costosos y alucinantes proyectos. No era lo que el destino había preparado para él.

Su plan consistía en la unión de varios tipos de energía obtenidos principalmente de las fuerzas de la naturaleza, tales como el viento, las tormentas, el calor de la tierra y, principalmente, el sol. Los instrumentos que había diseñado, todos llegados a él a través de visiones, eran principalmente máquinas complejas y de gran tamaño. La Torre de Wardencluyffe, más conocida como la Torre de Tesla, fue el último gran proyecto del científico, con el que lograría no sólo transmitir electricidad a largas distancias, sino además contactarse con el planeta Marte, desde donde –afirmaba- recibía señales. Esto último, y luego una serie de afirmaciones relacionadas con inventos ligados a relaciones interplanetarias, fue el catalizador de su fracaso.

El 7 de enero de 1943, en la habitación 3327, piso 33, del hotel The New Yorker, en New York, Estados Unidos, murió en soledad, al igual que muchos genios de su tipo, obsesionados, extraños, de raras costumbres y estrictos rituales (como el hecho que toda la numerología en su vida se basara en la necesidad de que la cifra fuese divisible por 3).

En iracundas misivas dejó explícito que tan solo con 50.000 dólares habría logrado terminar su enorme proyecto en Wardencluyffe y comprobar toda su teoría. No obstante, los planteamientos respecto al alcance que habría prometido Tesla son altamente cuestionados por los científicos modernos, básicamente porque los estudios en el área han prosperado de forma dramática en los últimos 70 años. No obstante lo anterior, Tesla prometió un último gran invento, con el que –aseguraba- cambiaría para siempre la forma en que la energía se utiliza en el mundo, jamás lo presentó. Teorías conspirativas afirman que en realidad Tesla destruyó los planos de su último invento, para proteger a la humanidad. La verdad sobre este asunto siempre será un misterio.

Los periodistas de la época, junto con la élite económica y científica de Norteamérica, veían con malos ojos algunas de las invenciones de Tesla, sobre todo aquellas ideas que “escapaban de la realidad”, razón por la cual su trabajo comienza a perder credibilidad a mares. En aquella época las inversiones en ciencia eran proporcionales al beneficio económico que pudiera recibir un auspiciador. Nikola era nulo en el mundo de los negocios, sufrió varios engaños y estafas que finalmente lo llevaron a problemas económicos graves hacia el final de su vida. Su intención nunca fue lucrar con su trabajo, sino descubrir la forma cómo funciona el universo. Esa fue la verdadera razón de su incomprensión.

Esta es la historia de un hombre cuyas ideas trascendían a la realidad porque su motivación era crearla. La mente humana tiende a rechazar aquello que no entiende y a Tesla le tocó vivir en una época donde la avaricia se anteponía a la verdadera ciencia. Aún más que en nuestros días.

Por cierto, Nikola Tesla nació en la localidad de Smiljan, Croacia, mismo nombre que el arquitecto del Teatro Regional del Biobío.


Texto: Fabián Rodríguez