ASÍ CON LA COSA MAPUCHE


08 Jul



En Chile nada es lo que parece, de niña siempre escuché que cuando alguien se refería a los mapuches decía que: “… eran flojos y borrachos”. Como la mayoría de nosotros los que crecimos y vivimos en dictadura, cuestionar semejantes afirmaciones, no era fácil, pero no por ello, esas palabras calaron en mí. Creo que en una de las circunstancias en que mejor ha funcionado mi lado contestario es en éste, para mí algo no cuadraba, a pesar de mi ignorancia sobre esta etnia y, por lo mismo, sobre nuestros ancestros. Porque sí, aunque usted no lo acepte, ni crea, nosotros los chilenos somos mestizos, mayoritariamente mapuches, por lo tanto, olvídese de los supuestos genes y ancestros europeos que forman parte de su vida y viva la realidad con orgullo mapuche, que mucho tenemos que aprender de ellos. Especialmente ahora que el tema mapuche es parte de la contingencia y con cierta regularidad vemos que a nuestros hermanos mapuches se les acusa de TODO, porque somos parte de un país donde se cree que todos somos ignorantes y hemos caído en el juego de la manipulación mediática que tiene a Chilito convertido en un país sin identidad, consumista, ignorante y corrupto, entre otras tristes realidades. El caso es que nuestra ignorancia es un colchón perfecto para instalar concepciones falsas y prejuicios, por ejemplo, usted ha comido charquicán, quizá la única comida realmente chilena, porque las cazuelas, las empandas y las humitas son importadas, no nos pertenecen. Aunque claro, aquí cobra un valor excepcional el merkén (ají seco y molido), nada más mapuche que el merkén y los penquistas, lo hicieron suyo, lo revalorizaron y le dieron un lugar en las tardes y noches de carrete. Quién no ha bebido una michelada con merkén, con tanto mérito, que traspasó las fronteras de Concepción y no faltan los que dicen en otras regiones que fue su idea (típico chileno, el chaqueteo). Y, si de identidad perdida hablamos, en Chilito se cambian los maravillosos nombres mapuches de algunas calles, por otros sin sentido, ni valor, como es el caso de lo ocurrido con la Avenida Lircay en Talca, mal llamada ahora Avenida Circunvalación. Pero si la idea es hilar más fino, usted que lleva un nombre o apellido mapuche, lo usa con orgullo o lo esconde. Conozco a tantos jóvenes que ni siquiera se acogen a los derechos de la ley indígena, solo por no hacer el ejercicio de reconocerse a sí mismos y a su identidad. Qué pena Chilito.

Y, si de la zona penquista hablamos, que con tanto orgullo se disputa el privilegio de la declaración de independencia con Talca. Ha notado usted que esta dichosa plaza de la independencia posee un monumento, para muchos olvidado, del toqui Leftraru destacado líder y estratega mapuche, hijo del lonko Kürañamku de la zona de Trehuaco, donde fue capturado por los españoles a los 11 años. La historia cuenta que el odio de Leftraru a los españoles surge de la orden de Pedro de Valdivia de cortar los dedos de los pies a todos los guerreros mapuches de Kürañamku, por oponer resistencia, entre ellos, el propio lonko y su mujer. Como parte de la servidumbre, nuestro héroe permaneció tres años como prisionero, hasta llegar a ser el paje personal de Valdivia. Su trabajo consistía en cuidar de sus caballos y acompañarlo a las batallas y ejercicios militares, pero con lo que no contaba el español era que Leftraru se convertiría en un gran jinete y que aprendería a usar las armas y tácticas militares. Así, la crueldad manifiesta de los españoles en la Batalla de Andalién, el 22 de febrero y en la Batalla de Penco el 12 de marzo de 1550 habrían tenido un impacto tan profundo en el joven y rebelde Leftraru, que huiría en 1552, en el trayecto a Santiago desde La Concepción. Una vez superados los recelos, su pueblo lo declaró toqui, como tal condujo a los mapuches a muchas victorias, gracias a las tácticas que tan bien dominaba. Leftraru contribuyó a infundir valor en su pueblo, demostró que él era un líder innato, enseñó a no temer a los caballos, a montarlos y a usarlos como si fuesen una extensión del propio cuerpo al combatir, a él se le deben los primeros escuadrones de caballería mapuche, que tan efectivamente combatieron a las huestes españolas. Reunió a los mapuches, les enseñó a usar las nuevas armas y a aprovechar el terreno usando formas defensivas contra la caballería, creó escuadrones, como tácticas más efectivas frente a los ataques masivos, las emboscadas y guerrillas. Como jefe máximo en estado de guerra dirigió la sublevación militar contra los españoles, entre el río Valdivia y el BioBío. Además, fue un orador elocuente; demostró personalmente como se hacían las cosas; inculcó el uso de la corneta, porque en los escuadrones, la obediencia es parte de la táctica; logró que sus hermanos comprendieran que retirarse era una táctica de combate y no un signo de cobardía; creó un verdadero servicio de inteligencia mapuche, compuesto por hombres, mujeres y jóvenes. Líder indiscutido de la Guerra de Arauco, mal ponderado héroe nacional. Tanto de qué enorgullecernos y tanto de qué avergonzarnos… si va por Conce, dese un paseíto por esta plaza y ríndale tributo a este súper hombre.

Pero la cosa mapuche va más allá…, porque los mestizos somos mayoría y eso no le conviene a la minoría dominante, menos ahora que está de moda la inclusión, con ese HORROR DEL TODAS Y TODOS… Entre éstas y otras aseveraciones sobre los mapuches vivimos los chilenos, pero lo cierto es que la mayor parte de la información que conocemos es falsa o está tergiversada, porque eso es lo que le conviene a la élite, a la oligarquía nacional, que siempre ha gobernado este país, donde más bien vivimos sumidos en una demagogia política y social, la democracia para mí aún no llega, menos para los mapuches, ni siquiera existe reconocimiento constitucional para ellos, que son los dueños de la ñuke mapu y, nosotros aún no comprendemos que: “mapu mew iñchiñ ta ngen-ngenkülelaiñ, iñchiñ may ta mapu ngeiñ”, es decir, esta tierra no solo NO es nuestra, sino que nosotros somos de la tierra.

De esta forma llegué a la adultez, sin creer en nada de lo que había oído y siempre contra la corriente, como profesora se nota mucho más, mis estudiantes dicen que se me nota “lo coloraita” y mis amigos me llaman “la mupuchita”. Fiel a mis convicciones y principios, poco a poco fui asumiendo mi mestizaje y cuando llegó el momento, mi opción fueron los pehuenches (el pueblo mapuche pehuenche), que no son otra cosa que los mapuches que viven en la cordillera y fue una de las mejores opciones de mi vida, fue como estar predestinada a conocer la verdad de primera mano, ese mundo paralelo de Alto de BíoBío donde aún a pesar de la asimilación se conservan las tradiciones desde hace siglos.  El territorio de las comunidades pehuenches de nuestra región se divide en dos grandes valles: Queuco y BíoBío. En el BíoBío se encuentran las comunidades: El Avellano; Quepuca Ralco; Ralco Lepoy; El Barco y Guayaly. Mientras que en Queuco habitan las comunidades: Pitril; Cauñicu; Malla Malla; Trapa Trapa y Butalelbum. Pero, quiénes son los integrantes de este pueblo.

Los mapuche pehuenches, son un pueblo vivo, cuyo desarrollo a través del tiempo ha estado marcado por vivir en equilibrio con el medio, respetan los espacios y el tiempo de cada uno de los ciclos de la naturaleza, en ese contexto admiran los sonidos de ésta, así como los atardeceres y amaneceres. Son un pueblo de espíritu libre, que sueña y sonríe escuchando los relatos de los abuelos, en ellos vive el deseo de conservar la lengua, el territorio, la cultura y la tradición.[1] Sin embargo, sus tierras han sido intervenidas en nombre del progreso, desde 1998 padecen las consecuencias de la construcción de centrales hidroeléctricas, como resultado, son víctimas de la depredación irracional del medio ambiente, que ha causado un desequilibrio sin precedentes para su modo de vida. Como pueblo originario son depositarios de una riqueza milenaria, aunque los diferentes gobiernos chilenos, así como los empresarios, se refieren a ellos, como: los pobres que viven en la cordillera[2] y no reconocen el gran interés que suscitan para ellos sus territorios, porque desde allí se enriquece cada día más la empresa privada y se abastece a un país soberbio, intolerante y desinformado, que no ha sido capaz de reconocer, que Chile es un país plurinacional y, que cada etnia tiene derecho a decidir cómo vivir. Este pueblo se considera una nación independiente, que ha sido avasallada, en un país desigual donde los indígenas deben luchar a diario por el respeto, que todo ser humano debe recibir, todo es más difícil para ellos. A pesar de esto, son personas llenas de orgullo, que no pierden la esperanza de ser reconocidos y ocupar el lugar que merecen en la sociedad. De este modo, los relatos y experiencias de los ancianos cobran mayor importancia y permiten acercarnos a un pueblo sabio, que sigue defendiendo su territorio, cultura y lengua y se resiste a desaparecer, su legado es invaluable para las nuevas generaciones.

Los mapuche pehuenches desconfían de los wincas, porque siempre nos acercamos para quitarles algo, sin intentar siquiera acceder, conocer, comprender y valorar la sabiduría ancestral de su cultura, de su acervo, que debiésemos transmitir a las nuevas generaciones y difundir en la sociedad no mapuche pehuenche, porque se trata de un conocimiento milenario vivo, necesario para vivir bien, que se basa en el equilibrio entre personas y medio ambiente, aún a pesar de la constante y persistente amenaza de asimilación por parte de la sociedad chilena. Además, responde a una necesidad generalizada frente a la destrucción sistemática del medio ambiente. Conviene tener presente, que este pueblo sabe algo que los chilenos ignoran completamente y cada día resulta más difícil conservar, especialmente, si el sistema escolar estatal no proporciona las condiciones para que los miembros de las comunidades pehuenches hablen su lengua en la escuela. Además, en palabras de Küntxemañ[3], la forma en que las personas sabias transmiten el conocimiento a los niños y jóvenes, perdura intacta en las comunidades de Alto BíoBío, es decir, en forma oral, de generación en generación. Al respecto, el origen del conocimiento mapuche pehuenche se encuentra en las sensaciones cósmicas, como: ver, oír y sentir, desde esta lógica, surge el verdadero apego a una cosmovisión identitaria, en armonía y equilibrio con la naturaleza y distintiva de esta cultura, que encuentra su centro en los volcanes como reflejo máximo de la cosmovisión, porque desde allí es posible acercarse a los ancestros y al espíritu que los define, entonces, los ecos de la ñuke mapu pueden sentirse y verse desde los cuatro puntos de la tierra, a través del viento, el sol, los ríos, las flores, el cielo…, que dan paso al respeto por la naturaleza y permiten entrar en sintonía con ella.

Ante esta visión de mundo, los mapuche pehuenches están conscientes que el conocimiento no mapuche ha roto los códigos con la naturaleza, por esta razón, sienten que se encuentran ante una grave transgresión cultural, donde la vida se realiza desde un origen ajeno, aunque existe conciencia en que la incorporación de lo no mapuche fue impuesta, obligada a partir de leyes que favorecen a las clases dominantes, el problema es que este pueblo ha visto afectada su esencia, autonomía y libertad de desarrollo, según sus valores e identidad, de acuerdo a códigos propios y a una lengua, que les permite vivir como lo que ellos son: mapuche pehuenche. En este mundo, los ancianos son las personas más importantes cuando nace un niño, porque son los encargados de transmitir el conocimiento y habilidades necesarias para el desarrollo integral de los más jóvenes. Son responsables de enseñar lo que el niño debe aprender para saber vivir.  Por ejemplo, la simbología de su cultura, ellos son quienes saben interpretarlas en comunión con la naturaleza. De esta forma, los niños reciben el saber propio de sus mayores y cuando necesitan encontrar respuestas que no son capaces de responder por sí mismos convocan a una reunión de personas con características diferentes, porque ellas poseen el conocimiento de su gente, que a su vez, recibieron a través del consejo y que finalmente se traduce en la sabiduría de los mayores. En esta cosmogonía, las personas se encuentran en un proceso constante de almacenamiento del más puro saber, que incluye al lenguaje, por lo tanto, una persona mayor, lejos de considerarse “anciana” o “problema social”, se considera una persona sabia. Esto es solo el principio, convendría ahondar en las creencias de este pueblo para comprender de una vez, que ELLOS no depredan el medio; no son incendiarios; no son flojos; no son borrachos, al menos no más que la mayoría de los chilenos y que cada vez que usted escuche sobre los mapuches debería preguntarse: ¿Qué estarán tratando de ocultar o hacer? ¿Por qué distraen mi atención? ¿Por qué no educamos, interculturalmente? ¿Por qué no rescatamos ni valoramos a los diferentes grupos étnicos? A pesar que la ley:

“[…] reconoce que los indígenas de Chile son los descendientes de las agrupaciones humanas que existen en el territorio nacional desde tiempos precolombinos, que conservan manifestaciones étnicas y culturales propias siendo para ellos la tierra el fundamento principal de su existencia y cultura. El Estado valora su existencia por ser parte esencial de las raíces de la Nación chilena, así como su integridad y desarrollo, de acuerdo a sus costumbres y valores”.[4]

 

¡Atrévase, infórmese y no se avergüence más de sus raíces!

 


Texto e Ilustraciones: Dra. Ma. Regina Gonzáles Díaz



   


[1] En Chile, los pueblos indígenas han sido desplazados, zaqueados y obligados a vivir en reducciones, que no corresponden a sus territorios ancestrales.

   

[2] Expresión usada despectivamente, más que pobreza material, alude a pobreza cultural, patrimonial.

   

[3] Eco de los cóndores, nombre mapuche-pehuenche de José Ma. Pereira Canio.

   

[4] Ley N° 19.253 de 1993.