DEL PRENSADO AL NATURAL


08 Jul

En mi paso por el prestigioso liceo Enrique Molina Garmendia, en primero y segundo medio, conocí y experimenté harto. Entré deportista y músico, salí convertido en punk.

En aquella época, todos mis amigos querían estar en ese liceo en particular, por su historia y por todo lo significaba. En la mente de mi madre, era casi una entrada segura a la Universidad de Concepción, incluso hay una beca en el liceo que te permite estudiar gratis en la UdeC si eres el mejor alumno. 

Pero las cosas no se dieron así. A las pocas semanas de entrar a clases ya fumaba cigarrillos, que compraba en el patio del liceo, a otros compañeros. Al mes ya salíamos al Parque Ecuador con ellos a tomar cerveza barata, vino en caja y hasta ron Jamaica. Paralelamente, mi desempeño académico comenzaba a mermar. 

A los dos meses conocí la marihuana, que había probado el verano anterior, pero en este caso era marihuana prensada. Por esos años era muy difícil encontrar marihuana natural, y la que había tenía bajísimas concentraciones de THC, por ende, se vendía muy barata. Estoy hablando de varios gramos por 1000 pesos. Casi nadie compraba más que eso. A veces, un grupo de compañeros se aliaban y compraban "una bolsa de a 5", o "una caleta de 10 mil". Con eso tenías para varias semanas. Pero lo principal, el statu quo, era la marihuana prensada. 

Uno de los principales dealers se encontraba en el Mercado Central de Concepción, hoy extinto a la espera de su remodelación. Por respeto no diré su nombre ni su apodo. Allí nosotros íbamos a comprar los "lucazos", que luego se comercializaban en el patio. Inocentes papeles de 1000 pesos con los que alcanzábamos a hacer dos a tres pitos, "agujitas", bien pequeñas, suficientes para volarse adecuadamente antes de entrar a clases, en el recreo. 

Con el tiempo, y dada la cantidad de alumnos que ingresaban con los ojos inyectados en sangre a la sala, los profesores se comenzaron a preocupar, luego los paradocentes, inspectores, y finalmente el rector. Inspectores al patio y chao con el microtráfico. Esto fue aproximadamente entre el 2005 y 2007.

Más adelante, en el 2008, mi círculo de amigos por completo fumaba "prensado". Incluso, ayudaba de vez en cuando a algunos a vender. Pero las cosas comenzaron a cambiar, poco a poco se comenzó a ver más marihuana natural y de mejor calidad. El dealer del mercado cayó preso, los demás dealers, "las manos", de otros lugares se refugiaron y dejaron de vender abiertamente su tóxico producto. Era el ocaso de los "prens". 

Hacia 2010, luego del terremoto, parecía ser otro Chile. Entré a la universidad y allí sí que había marihuana, en cantidades industriales, y ya era mal visto fumar prensado, "de pobla", "de flaite", "de canero", etc.

Lo cierto es que la marihuana prensada tiene un efecto más potente y rápido que la natural, por la cantidad de aditivos que tiene, y un olor a caca de caballo quemada que es característico; cuando la fumas quedas casi catatónico, incluso te puedes ir en "palida", te mareas, luego te duele la cabeza. Te idiotiza. Sinceramente, veo como un progreso en materia de drogas recreativas el hecho que haya desaparecido el prensado, aunque sé que aún tiene su nicho, sobre todo sectores más (atentos al eufemismo) "vulnerables". 

Ahora Chile es distinto. El que tiene más plata puede comprar drogas más caras. Ya no es el más pobre quien más se droga, sino el más rico. Hoy es imposible conseguir "lucazos", lo más barato es comprar "un cerocinco", es decir, 0,5 gramos en 5 mil pesos. El valor base subió, al valor del billete más grande antes del más alto, 10 mil pesos. Buenas noticias, no todos los estudiantes de media tienen 10 mil pesos todo el tiempo, aunque el trabajo en equipo siempre lo hace posible. En la U no hay por dónde, hoy todos venden.

Eso es algo que siempre va a existir, no hay que hacerse el desentendido. Es un tema arraigado, nos pertenece. Hace mal, sí, pero igual de mal que el copete. Con las mismas 10 lucas puedes caer en coma etílico. El objetivo de esta reflexión es hacer entender que, pese a que ahora haya mucha más marihuana que antes, es más sano, porque antes nos llenábamos los pulmones con toda clase de toxinas, desde hidrocarburos a quizás qué otras sustancias. Sin excederse.

Las sociedades van cambiando, la cultura va cambiando, las drogas van cambiando. Quizás qué habrá por allá por 2030. 

Cuando lleguemos ahí les cuento, tampoco es que falte mucho.


Texto: Fabián Rodríguez R.