EL GABINETE DEL JEFE SUPREMO


08 Jul

La gracia de la política es que todos pueden participar. Lo malo de la política es que no todos pueden participar.

Me explico.

Aunque el buen ciudadano José Bernardo Canilla Pelada se le ocurriera, de un día para otro, candidatearse a diputado, tendrían que pasar dos cosas para que le vaya bien. Primero, ser tremendamente conocido; segundo; tener estatus, es decir, dinero suficiente, contactos, bienes. Si nuestro coterráneo no posee los requisitos mínimos, obvio, le irá mal. 

Existe la opción, claro, de la meritocracia; que José Bernardo tenga una labia incomparable, que su simpatía, ingenio y elocuencia lo contecten con los más altos círculos de poder; que a pulso y con gracia logre construir su propia fortuna, etc. Pero sabemos que los que llegan alto por este camino detestan, en general, la cosa política

Centrémonos en los otros; en los que nacieron en buena cuna, que fueron a un colegio donde no había apellidos en mapudungún, que al salir de cuarto medio tuvieron su primer auto, que al salir de la universidad -y luego de viajar por Europa- les tenían trabajo asegurado, aquellos que el papá es miembro del directorio de alguna corporación, que la tía que trabaja en tal o cual ministerio, etc. 

El grueso de la clase política es de estos últimos, y del grueso de la clase política, sólo una fracción, con determinadas características, accede a la posibilidad de ser ministro, es decir, un puesto de confianza en el inner circle del Jefe Supremo. Claro está, no siempre es así, a veces algunos puestos son escogidos con destreza quirúrgica. Otras veces, a través del viejo método de cara o cruz

Lo cierto es que escoger un gabinete no es tarea fácil para el Presidente de la República. Por suerte, cuando uno ya ha estado en el poder en un periodo anterior, puede reciclar un poco. Aunque siempre hay que incluir gente nueva, con más antusiasmo. No faltan los que se cansan y tiran la toalla, pero tampoco escasean quienes añoran establecerse en un cargo, echar raíces y no salir más de ahí. 

Sebastián Piñera se tomó todo enero de 2018 para decidir quiénes lo acompañarán al tomar el mando del país, antes de salir de vacaciones. Aparecieron nombres conocidos, como Andres Chadwick (Interior), Cecilia Pérez (Vocera de Gobierno) y Carlos Larraín (Hacienda). Se repiten también Alfredo Moreno (Desarrollo Social), Juan Andrés Fontaine (Obras Públicas) y Roberto Ampuero (Relaciones Exteriores).

Además de los anteriores, se encuentran los senadores Alberto Espina en Defensa, Hernán Larraín en Justicia y Blado Prokurica en Minería; y los diputados Felipe Ward en Bienes Nacionales, Cristián Monckeberg, en Vivienda; y su primo Nicolás Monckeberg en Trabajo. Los parlamentarios antes mencionados renunciarían a sus cargos el 11 de marzo.  

Los restantes son Gonzalo Blumel (Secregob), José Ramón Valente (Economía), Alfredo Moreno Charme (Desarrollo Social), Gerardo Varela Alfonso (Educación); Emilio Santelices (Salud); Antonio Walker (Agricultura), Gloria Hutt Hesse (Transportes), Susana Jiménez Shuster (Energía); Marcela Cubillos (Medio Ambiente), Paulina Pupkin (Deporte), Isabel Plá Jarufé (Mujer y Equidad de Género) y Alejandra Pérez Lecaros (Cultura). 

Fuera de todo análisis telenovelesco de la selección, hay quienes ven un signo de progreso el que haya más ministros en áreas de las Humanidades. Llama la atención la gran cantidad de abogados (10), pero aún más el hecho que sólo 4 carteras tengan a alguien -por lógica- idóneo en su área (esto es un análisis muy superficial, sin ahondar en currículum); Justicia tiene a un abogado, Salud a un médico cirujano, Economía a un economista y Agricultura a un técnico agrícola. Los demás, ni idea del por qué tienen esos puestos.

Lo cierto es que no se puede analizar nada sin antes ver su gestión, en un periodo de tiempo razonable. El equipo está armado y sólo en la cancha se ve quién es de verdad y quién no. Se viene un año rico análisis político y cominillos diversos, y aquí estaremos, no esperando para destrozar a quien cometa errores, sino a aquel que los cometa y no sea capaz de reconocer y enmendar. La política debe dar vuelta la página, ya no es una democracia en pañales, camina por sí sola, se viste, se baña. Las actitudes infantiles que queden en otra época, queremos ver gente madura resolviendo problemáticas reales, debatiendo ideas, usando su capacidad de razonar, de sentir. Queremos ver humanos.


Texto: Fabián Rodríguez