EL SENTIDO DE LA SOBERANÍA


08 Jul

Quisiera comenzar por la sencilla descripción de un hecho: el ser humano ha salido de la naturaleza. Desde la génesis de los elementos en las estrellas distantes, hasta los complejos procesos geológicos, químicos y más tarde biológicos, todo lo que somos como especie deriva del planeta en sí y sus procesos. Considerando este hecho, sería absurdo abordar y entender la realidad de la manera inversa, es decir, como si el planeta o partes de él nos pertenecieran. Esto es un hecho casi irrefutable, pero que en la mayoría de las personas parece desapercibido.  

El concepto de propiedad privada, no obstante, es algo reciente. Más aún, si consideramos la totalidad del universo y sus propiedades fundamentales, dicho concepto pareciera ir en contra de toda naturalidad, siendo abstracto, inasible y sumamente extraño. La idea de que el ser humano puede “poseer” algo está derivado no solamente de la noción de uso (la ropa que estoy usando ahora), ni tampoco de imperativos legales circunstanciales a determinada nación (las leyes de cada país determinando las características de la propiedad), sino que posee una raíz psicológica mucho más profunda. Surge de una abstracción del yo, que se comprende a sí mismo como un ser que existe temporalmente y, por lo tanto, extiende los límites de su propio “yo” a las cosas que le rodean.

Esta proyección de mí mismo (“yo tengo tal cosa, yo poseo tal cosa”) no es tan simple de entender a través de mecanismos de mercado (compra y venta), ni tampoco mediante un sentido de historicidad (“he estado junto a este árbol toda mi niñez, por lo tanto, es mío”). Consiste en una idea salida de nuestro sistema social, aparentemente, que necesita esta noción de posesión para justificar su funcionamiento. Sí, precisamente eso. La sociedad necesita que usted “crea” que es normal poseer cosas, para así poder funcionar. Si no existiese esta idea, todo sería distinto. Nadie saldría a trabajar, nadie codiciaría elementos, nadie sufriría por no tener cosas, ningún país invadiría otro, los bienes y recursos se distribuirían naturalmente, etc. Todas las operaciones básicas en nuestro esquema actual de sociedad, si no existiera tal idea de posesión, se desmoronarían rápidamente bajo el entendimiento de la realidad tal como es.

Este último aspecto es crucial. Debemos entender que, en la absoluta realidad del universo en su máxima expresión, nuestra absurda idea humana de la posesión es antinatural. Existen patrones de conducta en ciertos animales que parecieran apuntar a la noción de propiedad, pero mirados sólo a priori desde el foco sociológico. Eso es sólo interpretación. La posesión, en el universo, no es “normal”.

Sé que al ciudadano común, arraigado en un sistema que cree sano y siéndole difícil abandonar las cosas que con esfuerzo ha acumulado, le parecerá absurdo lo que planteo. Pero si somos absolutamente racionales (ABSOLUTAMENTE), y enfrentamos los hechos sin querer colocar un “velo” a la realidad, nos daremos cuenta que tal idea de propiedad privada no tiene sentido, que la inventamos nosotros y no es natural.

Usted puede querer no cambiar de ninguna forma su actitud frente al hecho, pero no puede negar el hecho. 

Por cierto, una vez que usted comprende la absoluta falsedad de la idea de posesión, puede observar la inverosímil actitud de la soberanía de un país por un territorio, junto a la abstracción, aún más irreal, de la nacionalidad.



Texto: David Rodriguez