LO REAL ES FUGAZ


08 Jul

Comenzaré directamente. Sin rodeos. Todos nosotros, cada una de las personas aquí presentes, desde que hemos nacido, hemos tenido que enfrentar la realidad. Sí, leyeron bien. La realidad. Debemos enfrentarla, día a día. Levantarnos cada mañana, emprender nuestras acciones y deseos, nuestros propósitos y objetivos.

Pero repentinamente, la realidad se nos ha vuelto confusa. En los tiempos antiguos, el ser humano escribía lo que era real, dejaba un registro. No era mera historia, no. Escribir acerca de la realidad era confirmar lo que era real. Perpetuarlo. La memoria de toda la especie humana está contenida en lo que dejamos escrito. Pero ahora, todo se ha vuelto confuso.

Cuando niños, la ilusión de la ficción era más amigable. Seres extraños rodeaban nuestra imaginación: historias, seres fantásticos que regalaban cosas, un mundo justo, protegidos por nuestros mayores. Aunque hubiese o no dificultades, la realidad tenía sentido. Pero luego crecimos, y las historias que antes le daban forma a todo comenzaron a caer:  los cuentos de navidad comenzaron a caer. Los héroes nacionales comenzaron a caer. Las historias de amor comenzaron a caer. La religión comenzó a caer. La historia del mundo comenzó a caer. Todo, se volvió en duda.

Claro, eso si es que poníamos atención a la realidad. Porque podíamos cerrar los ojos, los oídos, apretar los puños. Claro que podíamos dejar de cuestionarnos las cosas. No ahondar en la historia, no levantar polvo. Dedicarnos a trabajar, a olvidar. No cuestionarnos nada. Pero asumo que, en general, usted y yo decidimos seguir el camino de la valentía.

Si abordamos la realidad, frente a frente, y le ponemos atención, nos daremos cuenta que todo, absolutamente todo, parece confuso. Los medios dicen lo que quieren decir, los políticos actúan un ciclo eterno, las personas expresan opiniones contradictorias, la ciencia y religión avanzan de manera dividida, el mundo está en aparente guerra, ¿o no? ¿No se han cuestionado todas estas cosas? Si ponen atención, silenciosamente, a todo lo que nos dicen de la realidad, se darán cuenta que parece fluir, como un río, en un cauce de versiones diferentes. Pasa algo, y luego se olvida. O hacen que lo olvidemos.

¿Quién incendia los bosques? ¿Por qué tantos gobiernos militares en regiones tan pequeñas y alejadas? ¿Qué función social cumplen las religiones? ¿Por qué dicen que la tierra es redonda, si todos nuestros sentidos dicen que es plana? ¿Existe o no la evolución? ¿Es acaso una paradoja absurda de creer que estemos solos en el universo? Si abordan más a fondo todo lo que nos rodea, en este preciso instante, y se lo cuestionan a fondo, seriamente, absolutamente, llegarán a preguntarse: ¿Es real? ¿Es este instante, absolutamente, REAL?

Pero aquí estamos. Y nuestro propósito, es hacerle justicia a la realidad. Estamos frente a ella, en este preciso instante, y nuestro trabajo, nuestra responsabilidad, es enfrentarla. No es justicia, ni moral, ni destino, ni ninguna de estas estupideces. Cada uno de nosotros está aquí, en la realidad, y enfrentarla es una labor personal, que cada uno debe afrontar por la sencilla razón de que estamos en ella, o creemos estarlo. Somos reales. Y vamos a hablar de la realidad.

No permitiremos que nos mientan. No permitiremos que ese ser humano, allá afuera, que pregunta por el sentido de las cosas, se quede solo. Que se sienta abandonado en un océano de personas que no piensan ni se cuestionan nada. No permitiremos que la realidad se nos esfume, sin enfrentarla. Escribiremos de la realidad. Tal como es.

Y si algún día los que controlan todo nos enfrentan, y nos intentan silenciar como siempre lo han hecho, levantaremos el inefable peso del pensamiento, del ser humano libre, que se revela frente a la fugacidad de lo real a través de la inmortalidad de las ideas.  


Texto: David Rodríguez P.