Y SE HIZO LA LUZ


08 Jul

La edición pasada hablábamos de la luz desde una concepción mítica, de acuerdo con las leyendas que circulan al respecto, particularmente, de la forma en que nuestros ancestros descubrieron el fuego. No obstante, luz, fuego, meteoritos y otros, nos remiten a la forma cómo se creó el universo y al tiempo en que ocurrió esta creación.

Al principio, unos 13.700 millones de años atrás, segundos después del Big Bang la temperatura alcanzó millones de trillones de grados centígrados, con ello el universo se expandió inconmensurablemente hasta alcanzar el tamaño de una naranja. En esta oscura inflación se encontraban las primeras partículas… entre millones y millones de grados de temperatura.

Como se sabe, en este contexto surgió el Bosón de Higgs [1], en una aceleración sin límites de la velocidad de las partículas, porque no había luz, ni átomos, ni electrones, nada que pudiese cambiar de órbita para crear fotones, pero al enfriarse el universo, los quarks [2] comenzaron a juntarse formando protones y neutrones. Creando materia y antimateria y, con ello, la luz. Al estar cada vez más frío y en permanente expansión, también surgieron los primeros elementos, como por ejemplo, el hidrógeno.

  

Tras unos 380.000 millones de años, reconocemos un universo trasparente a la luz, cuyo destello aún percibimos en forma de microondas, es decir, la radiación más antigua producto del Big Bang. Luego de 400 millones de años surgieron las primeras estrellas y tendrían que transcurrir otros 700 millones de años más para el surgimiento de las primeras galaxias, aunque pasarían 3.000 millones de años hasta que las estrellas completaran su formación. Recién después de 8.500 millones de años, se formarían el Sistema Solar y la Tierra. Como sabemos el universo continúa expandiéndose, se siguen creando estrellas a razón de 70 kilómetros por megaparsec [3] por segundo, una velocidad increíble. Actualmente, se cree que observamos solo la realidad de una parte del universo [4], porque fuera de nuestro universo existiría un número infinito de universos paralelos. 

 

Pero, qué tiene que ver todo esto con nosotros, que también estamos compuestos por átomos, también somos materia y portamos parte de esa luz que surgió con la creación del universo. Ocurre que no somos capaces de auto generar luz, por lo tanto, la fabricamos a partir de otras fuentes de energía. En este sentido, tal y como transcurre la vida en el siglo XXI, todas nuestras actividades se paralizarían si no contásemos con una fuente de luz alterna. Si no lo ha pensado, deténgase a hacerlo, porque el caos que causa a nuestras mortales existencias olvidar el cargador del teléfono, en el trabajo o en casa, puede ser la diferencia entre estar comunicado o incomunicado. 

  

En este contexto, la ventaja de la luz artificial es que la podemos controlar según nuestras necesidades, de hecho, es posible controlar cantidad, intensidad y calidad, conforme a nuestros propósitos, pero entendiendo, que el espectro de colores de la luz artificial es más reducido que el de la luz natural, por lo mismo, sus beneficios son menores y su calidad inferior, de ahí que, cualquier efecto en los seres vivos, también es inferior. Como resultado, si exponemos a los seres vivos a prolongados periodos de luz artificial, la tendencia es a producir formas de vida de calidad inferior. Entonces, la luz natural es ideal para la vida en la Tierra. Pero, del mismo modo que es dañino someterse a sesiones en un solárium, la luz solar, al no poder controlarse puede provocar daños irreparables en nuestro sistema.

  

Como sea, no se trata de hacer apología sobre si una desmerece a la otra, sino más bien, maravillarnos por los regalos del universo y porque hubo “alguien”, que con su genialidad nos regaló la posibilidad de iluminar LA OSCURIDAD.

  

Texto: Ma. Regina González Díaz

 

Dra. Lengua Española, Mención: Lenguas, textos y contextos. Universidad de Granada, España

Coordinadora General Cátedra Latinoamericana y Caribeña de Lectura y Escritura filial Chile del Comité cubano del IBBY

 


   



[1] La masa de las partículas.

   

[2] Los quarks, con los leptones y neutrinos, son los constituyentes fundamentales de la materia visible y las

 

   partículas más pequeñas que el hombre ha logrado identificar.

   


[3] (Mpc): un millón de pársecs, distancia equivalente a unos 3,26 millones de años luz. 

   

[4] Teoría de la Inflación Cósmica.