HOTEL DE CRIMINALES


Jodie Foster. Sterling K. Brown. Sofia Boutella. Jeff Goldblum. Dave Bautista. Charlie Day. Zachary Quinto. Uno pensaría que el masivo elenco de estrellas de Hotel de criminales (2018), el debut en la dirección del guionista Drew Pearce, quien también la escribió, sería una trampa para vender una mala película. Sin embargo, ésta no es otra Belleza inesperada (2016). El filme nos introduce a un cineasta con una interesante visión, y sólo puedo anticipar lo que hará a continuación.

Foster interpreta a la Enfermera, la regenta del particular Hotel Artemis en el centro de un Los Ángeles futurista, de un aspecto hostil y húmedo (como el de Blade Runner [1982]), donde el crimen aguarda a próximas víctimas en cada sombra, y nadie puede confiar en nadie. El hotel es, de hecho, un hospital clandestino para criminales, que lleva más de dos décadas de operaciones. La historia toma lugar durante una agitada noche de junio del 2028. La ciudad está bajo disturbios: el agua escasea porque ha sido privatizada, y la gente está desesperada por sobrevivir, causando destrozos, desafiando a las autoridades, exigiendo que se libere el agua a la población. En consecuencia, las calles están asoladas por enfrentamientos entre civiles y las fuerzas armadas, y hay toque de queda.

Es el escenario idóneo para que varios criminales salgan a cometer ilícitos y el peso de la ley no caiga sobre ellos. Pero varios caen heridos, y un par de hermanos se refugian en el hotel específico para ellos, luego de que uno recibiera una fatal herida de bala. Poco a poco, más forajidos buscarán salvar sus vidas al servicio de la Enfermera durante la noche, poniendo la vida de todos en peligro.

Pearce nos muestra los motines a causa de la falta de agua en registros periodísticos que la Enfermera y su ayudante, Everest (Bautista), visionan de vez en cuando en hologramas televisivos. Los clips de las noticias son reminiscentes de los hechos desastrosos ocurridos en L.A. tras el ataque a Rodney King en 1992, y el ambiente nocturno evoca a 12 horas para sobrevivir: El inicio (2018). No obstante, los personajes se muestran apáticos al respecto. O sea, son criminales, no pueden sentir mucha empatía por el prójimo. Esto es un tanto chocante en la Enfermera, una mujer ya bastante mayor, de un caminar extraño y siempre con una botella de alcohol cerca; tal vez ha sufrido algo en su pasado tan fuerte, que ha perdido toda sensibilidad al dolor.

La parentalidad es el motor de Hotel de criminales. La Enfermera es ruda, pero es una mujer taciturna, apegada a reglas estrictas en torno al funcionamiento del hotel, como una manera de mantenerse fuerte mientras siga con vida y no desmoronarse a causa de los recuerdos. No sólo trata a Everest como un hijo, sino que los demás huéspedes (llamados con nombres claves de lugares atractivos a los cuales viajar, como Niza o Acapulco) son también como hijos pasajeros. Gracias a las reglas, esta dinámica le permite al personaje de Foster ejercer una curiosa forma de maternidad, manteniendo a raya la pena de una eventual despedida.

Las escenas de acción son generosas en violencia gráfica, pero siempre es estética, con coreografías de golpes y patadas elegantes, sangrientas, con estremecedores sonidos de huesos rotos, elaborando una cierta brutalidad chic, como otras películas de acción glamurosas como John Wick (2014) y Atómica (2017). Las escenas en el quirófano son, particularmente, impactantes. Y los nombres de los personajes expresan, más o menos, los arquetipos que el director quiere instalar en nuestra mente, así como los nombres de los personajes en Mad Max: Furia en el camino (2015), otro filme donde el agua está privatizada. Y Pearce consigue sugerir la idea de un paraíso ilegal dentro de habitaciones cerradas, como una olla de sueños a punto de ebullir en una noche de caos y muerte.

No obstante, el tema de la escasez de agua no es desarrollado del todo, siendo marginado a un segundo o tercer plano; sólo es una excusa para dotar a la trama de Hotel de criminales de un pesimismo exacerbado, puesto que Pearce está más concentrado en los problemas al interior del edificio. El agua, entonces, está al servicio del estilo, de las imágenes que el director quiere construir en nuestra imaginación.

La salud también es un negocio, recrudeciendo la impersonalidad de la historia. Lo trágico es que es un negocio ahora. Una de las cosas más llamativas del guion de Hotel de criminales es que, como toda buena obra de ciencia ficción, nos hace ponderar lo que estamos viviendo en el presente, y el futuro del relato no es más que una ilusión para no matarnos. Es alarmante pensar que el suministro de agua llegue a acabarse en la metrópolis californiana. ¿Será una realidad en 2028, y sólo la vivirán los angelinos? ¿Pasaría en alguna otra parte del orbe?

La película es más estilo que sustancia, y lo puedo aceptar de un director primerizo. Me causa expectación lo que Pearce hará a continuación, sobre todo cuando Hotel de criminales pareciera apuntar a una secuela, lo cual no me molestaría para nada.


Texto: Esteban Andaur