DESCUBRIMIENTO O CONQUISTA


El 3 de agosto de 1492 zarpó desde el Puerto de Palos Cristóbal Colón, un navegante genovés, al menos eso dice la historia oficial, que tuvo la gracia de convencer a los reyes católicos (Isabel y Fernando) para que subvencionaran la empresa de llegar a las Indias Orientales por una ruta hasta ese momento desconocida, aunque en la actualidad sabemos que los vikingos con mucha anterioridad, ya habían surcado esos mismos mares. El caso es que el 12 de octubre de ese mismo año, dos meses y nueve días después, uno de los marineros que acompañaban a Colón, Rodrigo de Triana, avistó tierra. Habían llegado a la isla Guanahani, que corresponde a una de las islas que integran el Archipiélago de Las Bahamas y a la que Colón llamó San Salvador, también se la conoce como Isla Watling. La llegada de esta expedición a las costas caribeñas se denomina, muy mal por cierto, descubrimiento de América.

Colón cruzó el Océano Atlántico y al enfrentarse a Guanahani tuvo la certeza y el convencimiento de haber llegado a la India. Como acontecimiento histórico, no hemos de negar que se trata de un hecho que cambió el curso de la historia. Pero podemos afirmar que efectivamente se produjo el encuentro de dos mundos o que hubo descubrimiento, si América estaba habitada y no por cualquier cultura, sino por mayas, aztecas e incas, por nombrar solo a las civilizaciones más descollantes de este parte del mundo, que al igual que los europeos se desarrollaron y evolucionaron desde el origen de la humanidad. Incluso, en muchos sentidos, podría decirse que la América Precolombina iba varios pasos adelante de Europa, por ejemplo en desarrollo matemático y astronómico. Recordemos que la invención del cero se la debemos a la civilización olmeca, que dicho sea de paso es anterior a la maya. Entonces, qué descubrieron los españoles, qué les debemos, cómo se produjo el supuesto encuentro e interrelación de dos mundos, si ellos estaban más atrasados, en muchos sentidos, que las civilizaciones americanas, incluso, en lo que se refiere a situaciones tan básicas como la higiene personal. Recuerdo que visitando la tumba de los reyes católicos en la catedral de Granada y a propósito de Isabel la Católica, leí lo siguiente: la reina había recibido a un embajador extranjero, quien al besar su mano, no pudo ocultar el rechazo y asombro, que ésta le produjo, por lo sucias que estaban sus uñas, a lo que la reina dijo: “y eso que no me ha visto las piernas”. Conforme cuenta la historia, Isabel la Católica tomó dos baños en su vida: el primero, el día de su nacimiento y, el segundo, el día de su boda con Fernando. Y esta gente nos descubrió y nos enseñó... ¿Qué?

Como sea, los españoles tardaron muchos años en comprender que las tierras americanas no estaban unidas a Europa por tierra y, que tampoco lo estaban el resto de tierras conocidas, como era lo que se esperaba de la India, y que por lo tanto, habían llegado a un continente diferente. Esta situación hizo que a partir de 1507, a nuestras tierras se les llamara América, el nombre se lo debemos a Américo Vespucio, él fue quien hizo el cálculo, y concluyó que América era un nuevo continente, así cuando el geógrafo Martín Waldseemüller publicó el primer mapa que incluía a esta parte del mundo, ratificó su nombre como América, aunque Colón hasta el día de su muerte pensó que había llegada a la India, de ahí que a los que somos de por estos lados nos llamen “indios”.

Lo que vino después, fue sin lugar a dudas, una sed insaciable de ambiciones e intereses creados; España y Portugal codiciaban el nuevo mundo, al igual que Inglaterra, Francia y Holanda, aunque no comparable con la codicia de los dos primeros. Como era de esperarse, la exploración, conquista y colonización de América tuvo consecuencias, por una parte, el pillaje; despojo de recursos (las cosas no han cambiado mucho, por lo menos en lo que a Chile se refiere); matanzas; exterminio de indígenas y esclavitud. Por otra parte, introducción de costumbres; hábitos; creencias; especies animales y vegetales; en honor a la verdad algunas fueron positivas, como el caballo, que se encontraba extinto en América desde hace siglos. Es decir, hubo un gran impacto, con consecuencias importantísimas para ambos culturas.

A más de 500 años de ocurrido los hechos, la controversia sobre este supuesto descubrimiento ha cobrado mucha fuerza. Primero, porque América era un continente poblado, cuyo descubrimiento en realidad se lo debemos a los primeros seres humanos que llegaron hace unos 14.000 años atrás. Segundo, porque es muy probable que los primeros europeos que hayan pisado estas tierras fuesen los vikingos, por allá por el siglo X. La arqueología cada vez con más frecuencia encuentra indicios y evidencias adjudicables a este pueblo del norte de Escandinavia. Pero volvamos al encuentro de Colón con los habitantes de Guanahani, los taínos, a quienes malamente, desde un principio se les denominó indios debido al error de Colón de pensar que se encontraba en la región oriental de Asia, a la que los europeos de entonces confundían con la India. En este contexto, en el decir de Colón registrado en su diario, se refiere a ellos como una sociedad agrícola, basada en el cultivo de: maíz; mandioca; algodón; cacahuate; pimienta; piña; calabazas; batata y tabaco. Además, señala que existían casas con huertas llenas de árboles. Taínos y españoles intercambiaron productos en absoluta paz, pero los españoles buscaban oro y los taínos no lo tenían… No obstante, el marinero genovés observó que algunos traían colgando en su nariz, una argolla del metal precioso y de algún modo, se enteró que yendo hacia el sur encontraría lo que buscaba y en grandes cantidades. Y así, a pesar del encuentro pacífico entre las dos culturas y de la buena acogida, Colón no dudó en considerar a Guanahani como una tierra proveedora de esclavos. O sea, empezamos mal, muy mal…

Lo que sigue es historia, a continuación vino Cuba a la que Colón llamó Juana y después La Española, el 25 de diciembre la Santa María encalló, con los restos se construyó el Fuerte de la Navidad. El 15 de enero de 1493 Colón decidió partir y el día 16, La Pinta y La Niña abandonaron La Española rumbo a España. Llevando consigo muchos objetos de nuestras tierras y a 10 indígenas, dos de ellos hijos de cacique. El 14 de febrero, una fuerte tempestad estuvo a punto de provocar el naufragio de ambas naves, que por lo mismo, se separaron, de este modo el 15 de marzo, La Pinta fondeó en Palos, a cargo de Martín Alonso Pinzón que se encontraba muy grave, de hecho murió el 31 de marzo. Mientras tanto, Colón no tuvo otra que atracar en las Islas Azores, después regresó a Palos y de ahí a Barcelona para informar a los reyes. En 1499 la corona puso fin al monopolio de Colón y permitió que otros navegantes y empresarios, desgraciadamente, gozaran de los beneficios del nuevo mundo.

Históricamente, no hemos de desconocer que la llegada de Colón a América constituye un hecho extremadamente relevante para la historia de la humanidad, además debemos tener presente que fue este acontecimiento el que años después permitió que se realizase el primer viaje alrededor del mundo a cargo de Fernando de Magallanes, quien de este modo allanó el camino para la conquista de América. Pero las cosas no fueron miel sobre hojuelas, porque los europeos trajeron consigo las enfermedades, así la población indígena de América se vio diezmada por la viruela, el tifus y la fiebre amarilla. Por su parte, en lo que respecta al lenguaje, los europeos impusieron sus propios idiomas, iniciando de este modo, una larga historia de represión lingüística, cultural y antropológica, que perdura hasta hoy. El carácter hegemónico de España y Portugal sobre América dio lugar a que el español y el portugués fueran las lenguas con mayor influencia en la región, aunque se permitió el uso de lenguas como el quechua y el guaraní, pero en esta historia de conquista; prohibiciones; sometimiento; esclavitud y abusos, se prohibieron muchas otras, que enriquecían el acervo lingüístico y patrimonial de los pueblos precolombinos. A su vez, la iglesia católica fue la única institución religiosa oficial y “convertir” a los indígenas fue uno de los argumentos de la conquista, es decir, no existió ni el más mínimo respeto por las culturas existentes, al contrario, porque llegar a un lugar y obligar a sus habitantes a abandonar su sistema de ideas y creencias, no es otra cosa que vasallaje.

En lo que a recursos se refiere, los españoles extrajeron de nuestras tierras todo el oro y la plata que pudieron. En un principio desde San Juan y Cuba, en cantidades que no deslumbrarían a nadie, pero fue la conquista de los Imperios Azteca e Inca, la que abultó el botín del metal precioso. Aun así, la explotación de las minas de plata en México y, posteriormente en Bolivia, a partir del año 1545, marcaron la sobreexplotación de metales preciosos a costa de América. Se calcula que hasta el año 1660 se enviaron a España unas 16.600 toneladas de plata y 181 toneladas de oro, mismos recursos con los que la corona española financió las múltiples guerras en que se vio envuelta por ese entonces. Pero también hubo consecuencias de tipo alimentarias, de este modo, la llegada de los españoles permitió la asimilación y difusión de los alimentos que consumían las culturas mesoamericanas y que hoy constituyen el 75% de la base alimentaria mundial, por ejemplo: maíz; ajíes; paltas; papas y otros productos, como la goma y el tabaco, de ahí que los conquistadores nombrasen a América con el calificativo de: “cuerno de la abundancia”. Y, como es lógico, los europeos aportaron con especies animales, tales como: el caballo, anteriormente mencionado; burros; asnos; bueyes; vacas; oveja; cerdos; gallinas; gallos; conejos. Algunos árboles frutales; avena; cebada; trigo; caña de azúcar y café. Con todo, la navegación y expansión del comercio se volvió un hecho mundial.

Pero, en el marco de toda esta historia surge el debate acerca de qué fue lo que realmente ocurrió, de esta manera, en 1992 muchos comienzan a cuestionar la terminología imperante, se rebelan abiertamente ante conceptos como: Día de la Raza; Descubrimiento de América; Día de la Hispanidad y cobra fuerza el concepto de: Resistencia Indígena. Como es de suponer, con el correr de los años han surgido diferentes posturas frente al tema, que intentan esclarecer la denominación de lo que realmente sucedió aquella noche del 12 de octubre de 1492. A mi juicio, las más relevantes o que se acercan más a la verdad son las posturas: anticolonialista o indigenista; etnológica y la conciliatoria. La primera, cuestiona la expresión descubrimiento de América y la juzga como una denominación “eurocéntrica”, porque ignora a los antepasados americanos, relevando a la “tierra” como lugar, antes que a los pueblos que en ella habitaban y, por lo mismo, no legitima a las culturas ya existentes en Mesoamérica, de ahí que en el decir de quienes defienden esta postura se hable de: Invasión de América o Día de la Resistencia Indígena. La segunda, señala que es posible hablar de descubrimiento si pensamos en cada una de las etnias o culturas en condiciones de aislamiento. De esta manera la llegada de siberianos, inuit, vikingos y españoles, constituirían un descubrimiento para cada una de esas etnias o culturas, pero siempre y cuando al término descubrimiento se le agregase la etnia o cultura para la que tiene un significado, por ejemplo: Descubrimiento de América por los vikingos. Esta postura nos enfrenta a la posibilidad de considerar el concepto de: “Descubrimiento de Europa”, porque las culturas indígenas desconocían su existencia y de ahí que historiadores como Daniel Richter se refieran al hecho como: Día del Descubrimiento de Dos Mundos. La tercera, propone un consenso entre España y la postura Anticolonialista y señala que el debate no puede centrarse en si hubo más o menos violencia, sino que más bien deberíamos pensar en el encuentro de dos grupos de culturas humanas, que vivieron separadas por milenios, su propuesta es hablar de: Encuentro de Dos Mundos o Encuentro de Dos Culturas. Pero, no dice nada acerca del exterminio de pueblos enteros o del lucro obtenido por los europeos, ni mucho menos, del daño e intento incansable por hacer desaparecer cualquier signo de la presencia ancestral en los pobladores de América. Así es fácil hablar de encuentro de dos mundos…

Finalmente, a propósito de los 500 años de este suceso, el filósofo Santiago Kovadloff, de nacionalidad argentina, reflexiona en torno al tema y se pregunta, no sin pasión: ¿Cómo debe designarse a lo sucedido? ¿Descubrimiento? ¿Encuentro de Culturas? ¿Usurpación? ¿Conquista? ¿Invasión? Juzgue usted, en lo que a mí concierne, está muy claro que lo ocurrido esa oscura noche del 12 de octubre de 1492 fue un hecho trascendental para la humanidad, pero que nos conquistaron, nos conquistaron; nos sometieron; nos saquearon; nos despojaron… Si hubiese habido encuentro de dos mundos, otro gallo nos cantaría.


Texto: María Regina González