FILOSOFÍA CHILENA


La filosofía permea toda la existencia humana, pero qué es la filosofía, por qué tantos han dedicado su vida a filosofar y cómo es que puede estar presente en todos nuestros actos y, que aun así, en países como nuestro querido Chile haya existido siquiera la posibilidad de eliminar su estudio de las aulas escolares. Puede una autoridad en su sano juicio llegar a pensar que la filosofía no es necesaria, que no sirve como parte de la formación integral de las personas, especialmente, cuando hablamos de una manera o sistema de razonamientos, que alguien expone, fruto de la reflexión profunda, acerca de qué es lo esencial en la vida, cuáles son las características, causas y efectos de las cosas, particularmente, las referidas al hombre y el universo. Desde los griegos -porque allí nació la filosofía- pasando por Sócrates, Platón y Aristóteles, no necesariamente en este orden, hasta Kant; Marx; Nietzsche; Maquiavelo; Schopenhauer; Descartes; Rousseau; Ortega y Gasset; Voltaire y tantos otros. Solo nombro a los primeros que recordé desde mi época del colegio y eso fue hace muchos años, pero que los recuerde, ya dice mucho de la importancia de la filosofía en nuestras vidas.

Entonces, sí, la filosofía tiene que ver con las cosas esenciales de la vida respecto al universo y al ser humano... Vienen a mi mente algunos hechos; primero, se me aparece septiembre, un septiembre negro, oscuro y doloroso, pero también, chinganero. El primero, el que duele, al que le sangran aún las heridas es el del ’73. Nunca debió ocurrir, porque en la actualidad, todavía hay quienes lloran sus pérdidas, en el desconcierto de la incertidumbre de no saber dónde están. El segundo, porque aunque pasen los años, no logro identificarme con estas fiestas dieciocheras, que poco tienen para mí de espíritu patrio, las veo más como una posibilidad de compartir en familia y descansar, cuando se puede, pero… y lo digo con todas sus letras, como la ocasión para tomar, chinganear y consumir, aunque los cantos y bailes de estas poco o nada tengan que ver con el folclor nacional, porque priman otros, no entraré en detalles, a mí también me gustan algunos.

El tema es que dudo si la mayoría de los chilenos celebra por estas fechas las Fiestas Patrias o sabe que por allá en 1808 las cosas estaban que ardían con la invasión de Napoleón a España, el cautiverio de Fernando VII y la muerte de Luis Muñoz de Guzmán, por aquel entonces, gobernador de Chile. El caso es que la suma de estos y otros acontecimientos condujo a que el 18 de septiembre de 1810 hubiese un Cabildo Abierto en Santiago, presidido por Mateo de Toro y Zambrano, donde se instituyó la Primera Junta de Gobierno, pero ojo, fue provisional, solo hasta el 4 de julio de 1811. Nótese que las juntas de Gobierno nos penan desde hace más de dos siglos…

Pero, volviendo a la filosofía, a lo que es esencial en la vida, mi espíritu rebelde y contestario se niega a ser parte de la parafernalia dieciochera. He pasado varias Fiestas Patrias en otros lugares, donde no tienen idea de Chile, sin comer empanadas, ni festejar nada y no me ha ocurrido nada, porque a la Patria la llevo siempre conmigo, la celebro y honro, por ejemplo, sufragando en justicia, cuando hay que hacerlo. Pensando en el bien común, no en mis intereses personales, no me conformo con lo que algunos quieren que haga o crea, particularmente, los políticos, del lado que sean, no compro ninguno de sus discursos, porque creo que le han hecho mucho daño a la Patria, no me convencen a la primera, ni a la segunda… Pongo en tela de juicio a sus falsos héroes y a sus discursos populistas, así como a su lenguaje inclusivo, porque en la práctica, todo es mentira. Los héroes chilenos conocidos son los que han querido que tengamos como tales. Relegando al olvido a los verdaderos, los reales, los de carne y hueso…

En países como el nuestro, han gobernado siempre los mismos, la oligarquía, es decir, las mismas familias poderosas del pasado nos siguen gobernando a su antojo, porque se los permitimos. De lo contrario como se explica que un ladrón sea por segunda vez presidente de la nación y que muchos de nosotros, gente común y corriente, le haya dado el voto, pareciera ser que los chilenos sufrimos de amnesia colectiva, ya nadie se acuerda del Banco de Talca. La respuesta tiene que ver con la filosofía, los chilenos no tenemos la costumbre de reflexionar profundamente, nos falta espíritu crítico, somos acomodaticios, estamos donde más calienta el sol o donde imaginamos que calentará, no aprendemos de nuestros errores y los volvemos a cometer una y otra vez… por eso, aunque nos creamos los ingleses de América, para el mundo desarrollado, solo somos un país más en vías de desarrollo.

Frente a los dichos anteriores cobra fuerza aquello de ser contestario, de ir contra la corriente; de  tener amigos no coetáneos; de eliminar el televisor de tu vida; de negarte a consumir productos de origen yanqui; de no comprar en multitiendas; de considerar al mall como panorama; de no vestir a la moda; de no pertenecer a un partido político; de preferir el campo a la ciudad; de querer estar con personas sencillas; de valorar la industria nacional y al pequeño productor (de lo que sea); de no esperar a septiembre para hacer empanadas; de llevar siempre en el auto la bandera mapuche (todo el año, todos los días), porque te reconoces mestiza y sientes orgullo; de no creer y cuestionar las informaciones mediáticas, hasta que no verifiques si es verdad, porque en Chile, cada vez que nos quieren hacer pasar gato por liebre inventan, montan, traman, un atentado mapuche; de llevar una vida bastante alejada de lo que se espera (lo digo por la edad), lo que no quiere decir, que uno sea una cabra de monte, pero sí quiere decir que no quiero ser como la mayoría, que me niego a tener una vida plana, donde otros deciden por mí o me influencian.

Comprendo que ser diferente y tener una filosofía de vida propia despierta recelos y desconciertos, porque en una sociedad como la chilena, ser diferente y defender tu derecho a serlo descoloca, crea anticuerpos, nadie quiere un empleado que piense por sí mismo, que tenga ideas propias, porque tal como nos manipulan los gobiernos y los medios de comunicación, una persona con tales características podría influenciar a los demás y como nosotros no somos ni ingleses, ni jaguares, solo vemos amenazas cuando alguien es distinto o lo que es peor, lo ridiculizamos y le vamos cerrando puertas y ventanas, la cosa es que no se note, que se apague… no vaya a ser contagioso.

Bajo estas circunstancias, por ejemplo, es difícil contar con amigos verdaderos, porque tenemos que añadir, a lo dicho antes, los prejuicios sociales, que te estigmatizan sin siquiera conocerte y, que por supuesto, invisibilizan cualquier otra cualidad, por tener miradas limitadas, frutos, estas mismas, de la falta de reflexión profunda y de la falta de objetividad, que la filosofía y la lectura constante ayudan a desarrollar. Pero con el tiempo, llegas a disfrutar, cuando quienes no cuentan con argumentos sólidos te califican de loca, ridícula u oveja negra. ¡Sí, soy oveja negra, gracias, qué orgullo!