LA NOCIVA LUZ ARTIFICIAL


08 Jul

Los seres humanos, por naturaleza, somos dependientes de la luz. El órgano más grande del cuerpo, la piel, es un receptor de luz capaz de experimentar cambios físicos y adaptarse a la temperatura y sobre todo a la luz del sol. Los ojos, al frente de la cabeza, reciben la luz de nuestro entorno y nos permiten dar forma al mundo más allá de lo abstracto.

El acto mismo de cerrar los ojos es entendido como una abstracción de la realidad, “negarse a ver”, pero también es una metáfora del sueño; cuando dormimos, nuestros párpados se cierran y vemos un color oscuro, “eigengrau”, que no es lo mismo que el negro profundo del cosmos. Aún con los ojos cerrados percibimos luz.

En las etapas intermedias de gestación, ya desde el útero, podemos percibir débilmente los cambios de luz exterior. Y nuestros periodos de sueño van configurándose desde entonces, en un ciclo natural denominado circadiano (del latín circa, que significa cerca; y dies, que significa días). Es el periodo de tiempo en que hay luz en un día y debería coincidir con las horas de mayor actividad de nuestro cuerpo. Así, se diría que el periodo de tiempo en que estamos despiertos se corresponde con la cantidad de horas de luz, “cercano al día”.

Como los cambios lumínicos varían a medida que el ciclo anual avanza, cuando nos acercamos al periodo de más luz –verano- tendemos a estar más activos y con mayor energía; mientras, al llegar la época de menos horas de luz –invierno- los humanos tendemos a sentirnos más decaídos, con más sueño, induciendo en algunas personas a leves estados depresivos.

Particularmente, la luz solar ayuda a sintetizar la vitamina D contenida en los alimentos, lo cual permite al cuerpo absorber calcio y fósforo. Además de influir directamente en la pérdida de densidad ósea e incrementar el riesgo de sufrir osteoporósis, la falta de vitamina D está relacionada a trastornos del sistema nervioso e incluso del sistema inmune.

La pregunta que cabe hacerse es: ¿qué pasa con aquellas personas cuyo trabajo impide la exposición al sol?

Naturalmente, una persona que recibe menos luz solar anualmente verá comprometida su producción de vitamina D y es posible que desarrolle algún trastorno relacionado a la síntesis de calcio y fósforo, además de un sistema inmune debilitado y un sistema nervioso fuera de su óptimo funcionamiento.

¿Y qué sucede si, en reemplazo de la luz solar, se utiliza iluminación artificial para suplir las horas de luz del ciclo circadiano?

Es lo que le sucede a miles de trabajadores a nivel mundial, particularmente aquellos que pertenecen a tiendas de retail, en centros comerciales o malls. Estos trabajadores, sobre todo en otoño e invierno, muchas veces salen de su casa a oscuras, para llegar a encerrarse en sus respectivos puestos de trabajo con luz artificial durante horas. El problema es que al salir de su trabajo ya casi no queda luz natural y nuevamente se han perdido la valiosa luz del sol.

A diferencia de otras, la vitamina D es particularmente escasa en los alimentos que consumimos habitualmente. Por ende, la síntesis generada en la piel humana gracias a la exposición solar es la principal fuente natural que existe.

Debido a que la luz solar y la concentración de rayos ultravioleta es distinta en invierno que en verano, los tiempos de exposición son distintos.

Un estudio realizado por el Grupo de Investigación en Radiación Solar de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), y publicado en el Diario El País de España (https://elpais.com/elpais/2017/03/07/ciencia/1488900724_602577.html), determinó que exponer un 10% del cuerpo (en invierno, pensando que en esta época uno cubre la mayor parte con ropa), durante por lo menos dos horas al mediodía, ayuda a producir la cantidad de vitamina D óptima para evitar el déficit. Mientras, en los meses de mayor radiación solar –primavera/verano-, con un 25% del cuerpo expuesto al sol sólo son necesarios entre 10 a 30 minutos al mediodía para producir la cantidad necesaria y no sufrir quemaduras solares. El estudio recalca que esta medición se realizó principalmente a sujetos con piel tipo 3, es decir, personas de pelo castaño oscuro, piel clara, pocas pecas, cuya piel a menudo se quema con el sol en verano, pero que le cuesta broncearse. Para otros tipos de piel, más clara o más oscura, las cifras varían, considerando que la piel más oscura es más resistente al sol y viceversa.

Si bien a corto plazo la falta de vitamina D presente en el cuerpo no supone un riesgo para la salud, sobre todo en personas jóvenes, sí se considera un factor relevante sobre todo en enfermedades que se presentan en la etapa adulta. Existen estudios que incluso vinculan la falta de vitamina D con determinados tipos de cáncer, aunque la evidencia aún es cuestionable.

Lo cierto es que una exposición controlada y sostenida en el tiempo, en las cantidades antes indicadas, debería bastar para lograr una correcta síntesis vitamínica.

¿Qué medidas se han tomado mundialmente para lograr que las personas reciban la cantidad de sol necesaria?

Aunque el tema de la relación entre la producción de vitamina D y la luz solar es ampliamente conocido, no existe evidencia de trabajo legislativo al respecto a nivel global. No obstante, sí se ha comenzado a tomar consciencia de la importancia que tiene para el ser humano la luz solar a lo largo de la vida. Artículos como el publicado por Lizzie Widdicombe en The New Yorker (https://www.newyorker.com/magazine/2007/07/02/place-in-the-sun-2) o este otro, de Cara Buckley en el New York Times (https://www.nytimes.com/2013/12/20/nyregion/in-the-shadow-of-rising-towers-laments-of-lost-sunlight-in-new-york.html) dan cuenta de cómo influye la falta de luz solar en la vida de un citadino.

Sin ir más lejos, en Reino Unido, existe una legislación vigente desde el siglo XIX que impide a un residente construir o extender el techo de su hogar si este bloqueara la luz de un vecino. Pero esta legislación hace poco fue actualizada para evitar que grandes inmobiliarias pudieran construir edificios que generaran grandes áreas de sombra. Particularmente, esta ley rige para aquellos propietarios que lleven más de 20 años recibiendo luz solar natural en sus hogares. Este artículo de The Daily Mail da cuenta de aquella situación (http://www.dailymail.co.uk/news/article-2280839/Laws-allow-homeowners-stop-development-block-sunlight-reined-in.html).

¿Existen medidas de este tipo en Chile?

Lamentablemente, en nuestro país no existe ningún tipo de legislación que impida a una inmobiliaria construir junto a nuestra casa un edificio que nos catapulte a una era de perpetua oscuridad, pese a que ello pueda influir directamente en nuestro estilo de vida y salud.

Capilla Notre Dame du Haut en Ronchamp, Francia.

Un caso ejemplar es el ocurrido con el Edificio Tucapel, ubicado frente al Palacio de Tribunales, por calle Tucapel, en Concepción. Dicho edificio gozaba de la luz del amanecer y del mediodía hasta la construcción del gigantesco Mall del Centro, que con su estructura bloquea la vista y luz de quienes poseen un departamento en la cara norte de la construcción, cuyo bloque central hace homenaje a una capilla ubicada en la localidad de Ronchamp, Francia. Los vecinos del lugar no pudieron recurrir a ningún cuerpo legal que acogiera su derecho a la luz solar. Qué decir del placer estético de mirar por la ventana la fría pared de un centro comercial.

Ventanas Edificio Tucapel.

La luz artificial es un problema más grande de lo que parece. Para tener grandes espacios cerrados con luz artificial se requiere de grandes y fríos colosos que entorpecen la ya desgastada identidad arquitectónica de la ciudad. Pareciera ser que, mientras más pequeñas y eficientes son las luces que fabrica el ser humano, menos importa la luz solar y su lugar en nuestra salud y desarrollo.


Texto: Fabián Rodríguez