TEATRO REGIONAL DEL BIOBIO: VER ANTES DE CRITICAR


08 Jul

La costanera del río Biobío siempre ha sido parte importante de nuestra historia nacional y local. Como frontera natural, permitió a Concepción asentarse en el Valle de la Mocha pese a la resistencia mapuche, en el conflicto centenario que versifica Alonso de Ercilla en la Araucana.

Ya entrando a los años noventa, la franja ribereña comienza a ser intervenida, persiguiendo el deseo que entregar espacios para que el penquista pueda acercarse al río. Se comienza a construir de esta forma el proyecto urbano Ribera Norte; se instalan áreas verdes, canchas y juegos, esculturas y ciclovías para el fácil acceso, lo anterior sumado a proyectos inmobiliarios y remozamiento del lugar. Paralelamente, se avanza en la concreción de una vía que permita unir Talcahuano, Hualpén, Concepción y Chiguayante, siguiendo el lecho del río.

Se establece junto a este proyecto-ciudad la construcción de un teatro, el llamado Pencopolitano, proyecto que tuvo amplia difusión en la ciudadanía, principalmente a través de medios de comunicación. Así se logra instalar la idea de que Concepción posea un centro de actividades de esta envergadura, frente al río. Varios años más tarde, por fin se anuncia que existe presupuesto para su construcción, pero que no sería el Pencopolitano original, sino otro, nuevo, diseñado por el arquitecto que gane el concurso público que se ha dispuesto, siempre y cuando se cumpla con las bases dispuestas.


Teatro Pencopolitano, diseño original.


El ganador resulta ser Smiljan Radic, un arquitecto reconocido tanto a nivel nacional como internacional, quien proponía una estructura de 9191 m2, con capacidad para 1200 personas, en hormigón armado y con una cubierta de Politetrafluoroetileno, una membrana como la que recubre hoy a algunos de los más grandes recintos deportivos del planeta.

Comienza enseguida la etapa de difusión del proyecto a través de los medios locales, dando a conocer la estructura que finalmente se posará frente al río, para deleite de todos los ciudadanos. Causa de inmediato no rechazo, pero sí llama la atención que el proyecto elegido distara tanto del referente que había sido objeto de diálogo durante tanto tiempo, principalmente porque su atractivo consistía en ser un símil de la Casa de la Ópera de Sidney, por apostarse sobre el lecho del río.

En 2015 comienza la construcción del ahora llamado Teatro Regional del Biobío, en un terreno total de 10.000 metros cuadrados, a un costado del Memorial del 27/F, en plena costanera, frente al Parque Bicentenario. Las obras se extienden hasta principios de 2018, pues se anuncia que los primeros días de marzo ya estaría dispuesta su inauguración.


Una vez desplegada la membrana que recubre a la estructura, el edificio adopta su forma final, de limpia apariencia, tensa y con líneas bien definidas. Y se despliegan también una serie de críticas, desde diversos sectores de la ciudadanía y, sobre todo personas relacionadas al arte y la gestión cultural, pero también arquitectos y urbanistas.

En el intento por comprender el sentido la obra, más que criticarla, consultamos 3 autoridades en la materia, para conocer su opinión frente al proyecto:

Pablo Altikes, doctor en Arquitectura: “Este teatro estaría dentro de lo hoy se conoce como “Supermodernidad”, por eso es una especie de caja, “la caja habitable”. La verdad es que Concepción no tiene mucha arquitectura contemporánea, hecha por arquitectos de Conepción, salvo por Mauricio Pezo y Sofía von Ellrichshausen, no hay otro tipo de arquitectura que esté a la vanguardia en Concepción (Casa Cien, donde ellos viven y trabajan, y Casa Poli, un proyecto ubicado en Punta de Parra, que ha ganado varios premios a nivel mundial). Entonces los únicos proyectos que se mantienen como vanguardistas en Concepción son el Memorial del 27/F, de Agustín Soza y Ricardo Atanacio, y el Teatro Regional del Biobío de Smiljan Radic, un referente a nivel mundial de arquitectura, por lejos, y lo que hace Mauricio y Sofía, que son más que nada viviendas, pero que no se inscriben dentro de la supermodernidad, sino que van por una corriente alternativa”. 


Francisco de la Barrera, académico, de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Geografía e investigador asociado del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable de la Universidad de Concepción: “A mí me llama la atención que el Teatro Regional esté conectado con el Parque Bicentenario, que tiene muchas actividades, muchos eventos, conciertos, entonces esta posición como al fondo del parque, sumado a que se proyecta como una gran “lámpara” lo hacen atractivo de ver. Ahora, no están realmente conectados, porque los separa la avenida Costanera, entonces el desafío creo yo es sumar una forma de conectar ambos, a través de un pasillo de luz, una pasarela, algo que llame a entender que la obra es parte también del Parque, del entorno, porque es parte de una unidad que de alguna forma la avenida corta. Sería ideal poder conectar físicamente”.

- ¿Cuál es tu visión respecto a la dicotomía en las opiniones en torno a su apariencia?

- “Yo creo que en general las grandes obras, que tienen mucha visibilidad, siempre van a generar opiniones divididas, y esa opinión dividida genera una discusión urbana, ciudadana, algo que también es muy favorable. Entonces que se discuta cómo llegar a la ciudad en este proyecto también va generando identidad y contagiando a otros para que dialoguen. 

Porque tenemos este parque que es una cosa plana, muy plana, que se dota de una arquitectura temporal, como cuando montan escenarios, ferias, y que tenga al fondo está cosa estática, muy grande, y que tenga tanta luz, creo que es favorable para la vista desde el parque. Si fuera una cosa de dos pisos, plana, quizás desde allí o detrás de un escenario no se vería, desaparecería. En cambio al ser grande y alto, logra aparecer sobre esas cosas. 

- Es más o menos el efecto que logra la explanada frente a la Torre Eiffel o el monumento a Washington…

- Exacto. Yo creo creo que un buen indicador va a ser la opinión que tengan las personas en eventos como REC (Rock en Conce), y por otra parte, la fotografía que surja en torno al Teatro. La idea es que sea parte de la ciudad y del entorno esta gran lámpara que se prenda de noche, aunque no sé si será siempre o con eventos. Imagínate en invierno, cuando se oscurece más temprano. Va a ser interesante. Yo esperaría harto desde eso, mirar hacia al río, sumado a las ciclovías, por quienes entran a Conce cruzando río”. 


Claudia García Lima, Vicedecana de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Geografía de la Universidad de Concepción: “Creo que lo primero que tenemos que tener en cuenta al hablar sobre el Teatro Regional es importante saber que este proyecto es parte de un concurso, patrocinado por el Colegio de Arquitectos, y de otras entidades, donde hubo un jurado, integrado por entes idóneos, y que cuando eligen el proyecto, se determina que es lo más adecuado pensando en lo que esperaba del Teatro Regional en su momento.

Ahora, considerando que su elección fue parte de un concurso, creo que el proceso a través del cual se definió el proyecto que a mí, particularmente, me parece el indicado para la construcción de edificios de uso público o emblemáticos en la ciudad. Pese a que en mi opinión personal existen varios reparos respecto al proyecto, no puedo desconocer que es resultado de un proceso que es el más válido para proyectos de esta naturaleza. Esto porque fui presidenta del Colegio de Arquitectos en dos periodos, y lo que más defendí fueron los concursos en la construcción de edificios públicos.

El resultado que veo ahí, personalmente a mí no me satisface mucho. Pero opiniones divididas frente a esta clase de proyectos siempre van a existir, y en el campo de lo subjetivo es igual de válido. Pero tengo sentimientos encontrados porque, pese a que reconozco la validez del proceso de selección, no me gusta. Es un proceso que defendí y sigo defendiendo.

El colega arquitecto Smiljan Radic tiene una oficina muy respetada, ha ganado varios premios y concursos públicos. El mismo Barrio Cívico. Entonces, pese a que yo no concuerde con su postura arquitectónica y espacial en el contexto donde está, es un poco complejo…

Porque las obras arquitectónicas se van asentando y van construyendo una espacialidad y un paisaje con el tiempo, cuando además se van agregando los elementos del entorno. Uno podría decir que el proyecto cumple con esa idea de ser un hito del borderío, con esta idea de ser un faro o lámpara que genera este alumbrar y marcar la llegada a la ciudad. Y cumple como objeto arquitectónico. 

Mi gran crítica a la obra de Smiljan Radic, tanto al Teatro Regional como también al Barrio Cívico, no siento que sea 100% responsabilidad de él. Porque entre que uno envía un proyecto, pasa por varias manos antes de materializarse. Son responsabilidades compartidas entre varios profesionales y es resultado del espacio público que contextualiza la obra y eso, en el discurso del concurse había algo que me parecía coherente y deseable, en términos del espacio público, pero cuando uno ve la obra materializada el resultado no está materializado. 

Porque en el proyecto Barrio Cívico se hablaba de la fluidez del espacio, que llevaba la gente al río, pero termina allí un estacionamiento para funcionarios del servicio público. Y en el Teatro creo que hay un tema con las obras que aparecieron también entremedio; el Memorial del 27/F, y una serie de elementos que no conversan entre sí, y que resultan siendo una especie de competencia; el Puente, los estacionamientos, y una costanera que no permite la conexión de la explanada del Parque Bicentenario con el Teatro. 

El gran problema con el proyecto urbano de Ribera Norte es no considerar a los elementos como una pieza, como una parte de una obra mayor. Un proyecto urbano con varios elementos; está el eje costanera, el Parque Bicentenario, este Mall que se construye y que modifica el proyecto original, los privados que compran terrenos sin urbanizar y que deben ceñirse a planos establecidos, pero luego viene el terremoto y hay que responder a dramas circunstanciales; el proyecto de Aurora de Chile, más lo que va a ocurrir con el soterramiento de la línea férrea y el concurso que lanza EFE para construir sobre esa nueva explanada.

La ciudad es una cosa viva, y tú puedes poner un montón de cosas en el papel, pero de ahí a su construcción pasa mucho tiempo. En Concepción un proyecto como este nunca es menor a 30 años, según la experiencia que he adquirido. Entonces, cambia la ciudad, la misma sociedad va cambiando, las demandas también van cambiando y eso se va adecuando a los momentos en que se concretan las obras, y junto a esto hay un proceso de adaptación. 

Entonces, yo puedo no estar contenta con el resultado, pero puede ser que en 5 años más las cosas estén funcionando bien y se desarrolle este proceso correctamente”.

- En otras palabras, no podemos simplemente ponernos a criticar en este momento, sin siquiera haberse inaugurado la obra.

- “Algo que es innegable para mí es la importancia del equipamiento. Y celebro muy fuertemente el que podamos contar con un teatro con un equipamiento como este. Y espero que se haga también una buena gestión, porque también pasa que a veces quedamos con grandes elefantes blancos. Yo espero que este espacio cobre vida, haya actividades, se empiece a llamar a que la gente vaya a utilizarlo. Y también el espacio público tiene que adaptarse a este uso y eso yo encuentro que es algo fundamental, para que también esos espacios empiecen a cobrar vida. Sino, puede pasar que digamos “pucha qué lindo el edificio, hecho por este arquitecto renombrado” y termina inerte.

Entonces hay un tema fundamental y un desafío enorme para el equipo gestor. Entonces lo que allí se haga debe efectuar una presión para lograr un conjunto armónico, algo que sólo puede venir con el tiempo. Y por eso es bueno que también exista esta clase de discusiones arquitectónicas, más allá de críticas o discusiones vacías, así se construye ciudad. Más allá de lo que me gusta o no me gusta.

Este es un proyecto que recién se encuentra entrando en etapa de maduración, tengo altas expectativas respecto a su futuro”. 


Texto y Fotografía: Fabián Rodríguez