DEL ABORTO LIBRE Y SUS MISTERIOS


Hace unos días, el Senado argentino estampó un “No” provisorio a la ley de aborto libre que pedían movimientos feministas de la región, las que contaban con apoyo de buena parte de la sociedad trasandina y de otros movimientos sociales tanto dentro como fuera del país. Provisorio, ya que en un año más, por la ley argentina, pueden volver a discutir el tema. Prácticamente no hubo persona alguna que tuviera algo que decir, pensar, u opinar. Todos tomaron algún bando, amparados en un engranaje de moral, valores, y aprecio a la sociedad, como pocas veces se ve en estos lugares y en estos tiempos.

Si bien las cifras pueden ser discutibles – a pesar de que el Ministro de Salud argentino, Adolfo Rubinstein, estima que hay más de 350.000 abortos clandestinos al año, y que grupos de defensa de los derechos humanos aseguran que la cifra ronda los 500.000 [i], los datos sobre el aborto libre, al ser hecho en forma clandestina y sin amparo de la ley ni, necesariamente, de profesionales de la salud, pueden variar significativamente -, hay hechos que son irrefutables. Entre ellos, en Argentina, y según datos del Ministerio de Salud de la Nación, el año 2016 fallecieron 245 mujeres embarazadas por distintas causas. De estas, 43 fueron muertes por embarazo terminado en aborto[ii]. Para hacer una (odiosa) comparación, en Chile, ese mismo año, se consumaron 34 femicidios[iii], es decir, fallecieron más mujeres en Argentina por abortos que mujeres en Chile por femicidios. La necesidad de esta comparación es la siguiente: nadie podría decir, a estas alturas, que el femicidio no es un problema a nivel nacional, e incluso a nivel continental. ¿Por qué, entonces, es tan bajo el interés legislativo para proponer una solución en el parámetro del aborto libre, siendo que existe una cantidad incluso levemente superior de mujeres que fallecen por esta causa?

El debate, inevitable y esperado, ya comienza a tomar camino a este lado de la cordillera. El año pasado, la discusión sobre el aborto en general ya dio un paso firme, al promulgarse la ley de aborto en tres causales. Sin embargo, el camino para llegar a esa decisión fue ardua, y los argumentos a favor terminaron siendo mucho más elocuentes y precisos que los de aquellos que estaban en contra del proyecto de ley. Tal como era de esperarse, y augurando que en el corto plazo serán los mismos, los grupos más conservadores y ligados a la religión fueron los más férreos opositores al proyecto.

Fueron, sin embargo, dos opiniones en particular, de este sector, las que me dejaron meditando, haciendo memoria, y recordando situaciones que bien pueden haber pasado desapercibidas, ya fuese por el tono esperado del argumento o por la poca importancia dentro del contexto histórico. Uno de estos argumentos, parafraseando, dice algo así: “¿Por qué las mujeres quieren abortar? Deberían cuidarse, en vez de estar teniendo relaciones sin protección ni anticonceptivos”. Es, al parecer, el emisor de este tipo de argumentos, quien no recuerda el ostracismo, el conservadurismo que vive Chile inclusive después del fin de la dictadura. Esto, ya que al parecer se evita recordar que estos mismos grupos conservadores y religiosos estuvieron en contra, en su momento, de las JOCAS, de la entrega de preservativos en colegios, de la entrega de la “píldora del día después”, en el juicio moral hacia la promiscuidad (palabra que aun hoy carga con una especie de resentimiento), el aborto en tres causales, e incluso, en su momento, en el divorcio y la ley de filiación (los llamados “hijos ilegítimos”). El emisor de este comentario, además, aterra por su desinformación, ya que las mujeres no se embarazan por sí solas: siempre se requieren, a lo menos, dos, de distinto sexo biológico. Y, cuando el anticonceptivo más eficiente es la vasectomía, el tema ya no pasa solamente por ellas, ¿no?

El segundo tipo de comentario que también tomó una connotación, y que también peca de ignorante, es uno que dice, también parafraseando, algo así: “Entonces legalicemos el robo, o la violación”, como contra respuesta al hecho de que, con o sin ley, las mujeres en Argentina, y en Chile, que necesiten abortar, y su caso no esté dentro de las causales actualmente legalizadas (similares a nuestras tres causales), lo harán igual. Un robo, una violación, son hechos que no producen ningún tipo de bien a la sociedad, son hechos donde existe víctima y victimario, donde hay una causa, un motivo, un dolo. Pero, por sobre todo, se diferencia del aborto libre –y es increíble que haya que hacer este tipo de diferencias - por el hecho de que no son actos ilegales per se, ni lo son porque no sean aceptados moral o valóricamente, sino porque existe una sociedad completa que es afectada por estos hechos, que le da un poder inusitado a un victimario sobre un tercero, contra la voluntad de este. El aborto libre, si bien tampoco es un hecho que se busque o se quiera, tiene un fin ulterior, que es el de la salud y, por qué no decirlo, de la vida de la mujer que aborta, en toda su condición.

De cualquier forma, y volviendo al primer párrafo, todos tomamos un bando en la discusión. Argumentos más o menos eficientes, la discusión no queda delimitada tan solo por el género aludido en el proyecto de ley que se puede replicar acá, ya que todos somos entes que conformamos la sociedad. Es allí donde se debe tener un especial cuidado en lo que se debe decir, en cómo decirlo y cuándo hacerlo, porque, al ser parte de una sociedad, así como tenemos derechos, también tenemos deberes y obligaciones. De ahí que cualquier mirada, tenga el sesgo que tenga, debe ir siempre orientada a un bien mayor, a un camino que no impida el libre ejercicio tanto de mis deberes y derechos como el de quienes me rodean.

¿Se puede estar a favor del aborto para la sociedad, y no para uno como persona? El hecho es así: yo, como decisión y postura personal, no puedo estar de acuerdo con el aborto libre en mis decisiones de vida. El aborto nunca es la mejor solución, como asimismo tampoco es algo que se quiera. No le deseo un aborto a ninguna de las mujeres que conozco en mi vida. ¿Cómo se enfrenta ello en la vida personal? Por el hecho de que, si tengo una pareja y el embarazo no se encuentra dentro de las tres causales que permiten hoy en día un aborto legal en Chile, es decir, es un embarazo sano y no obligado, esperable bajo ciertas condiciones, es una responsabilidad que yo, como ser humano, decido asumir. Los métodos anticonceptivos pueden fallar. De hecho, fallan. De ahí que el momento en que ocurre un embarazo es un acto que uno decide con anticipación y bajo ciertas condiciones y riesgos. Todo esto, en el entendido de que son embarazos no deseados.

El problema, sin embargo, no es lo que yo piense al respecto; no son las conjeturas a las que yo puedo llegar, ni la opinión que pueda tener desde mi posición como hombre. Tampoco puedo ni debo asumir los mil y un motivos por los que una mujer decide abortar. La realidad a discutir hoy es muy simple: el aborto existe. Lleva años existiendo, es un hecho comprobado y comprobable en Chile y en el mundo. En Chile se aborta todos los días, y, como todo en nuestra sociedad de marcadas tendencias y clases sociales, de tremendas desigualdades, las que pueden pagarlo lo hacen con un médico especialista que resguarda el anonimato y el pudor, y, las que no, lo hacen con el “matasanos” que pueda estar a su alcance, sin necesariamente tener la experiencia ni los conocimientos médicos básicos. La discusión que se está iniciando no va a dar el puntapié inicial al aborto en Chile, y lo que se concluya en nuestro Congreso y Senado tampoco le va a poner el punto final. El aborto en Chile no comienza con las marchas que se hacen hoy. La discusión que sí comienza es: ¿queremos que nuestras compatriotas, tan chilenas y ciudadanas como cualquiera de nosotros, sigan abortando en la clandestinidad, contrayendo enfermedades e incluso la muerte, o que se les pueda procurar la asistencia profesional, médica y psicológica, mínima para estos casos? Porque el aborto libre y seguro que se está peleando hoy es para ellas, para las que no pueden pagarse la "apendicitis" con el médico de cabecera de la familia.

No puedo estar de acuerdo con el aborto libre. No se lo deseo a nadie. Pero lo mejor que se puede hacer hoy es que esto sea despenalizado, legal y con acompañamiento. Primero, porque es una carencia de salud que debe ser suplida. Segundo, y más importante, porque una prohibición es imponer una creencia sobre otra, pero la despenalización es que cada uno actúe bajo su propio abanico de valores y creencias.

Para mis congéneres, finalmente: hoy solamente podemos mirar, escuchar, y respetar. No seamos ese estorbo que las mujeres no necesitan. Y nunca olvide que todos somos hijos de mujer.


TEXTO: CARLOS ORELLANA



   



[i] Fuente: Megan Specia, “Lo que debes saber sobre la votación por el aborto en Argentina”, The New York Times (en español), 08/08/2018 https://www.nytimes.com/es/2018/08/08/aborto-legal-argentina-votacion/

[ii] Fuente: BBC News Mundo, “Aborto en Argentina…”, 09/08/2018 https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-45136748

[iii] Femicidios 2016 (archivo PDF), Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, Gobierno de Chile. https://www.minmujeryeg.gob.cl/wp-content/uploads/2015/11/FEMICIDIOS-2016_19.12.16.pdf