CONCEPCIÓN DE MARÍA PURÍSIMA DEL NUEVO EXTREMO


Un día 5 de octubre de 1550, Pedro de Valdivia fundó la ciudad de Concepción de María Purísima del Nuevo Extremo, en homenaje a la virgen (sí, probablemente por esa razón hay un “cerro La Virgen” con una gran estatua que cada 8 de diciembre recibe a miles de peregrinos). Ese día 5 de octubre nace un tarro de pintura en el que serían sumergidos de ahí en adelante todos los que nacieran en estas tierras, pintados por siempre con los colores de una ciudad acostumbrada a la lluvia y las catástrofes naturales. ¿Les suena? Conce.

Repasemos nuestra historia.

Pasados 200 años desde su fundación, la ciudad fue totalmente destruida por un terremoto y maremoto en el año 1751. Se acordó trasladarla hacia el interior, lejos de la costa, para evitar que fuera nuevamente arrastrada por el mar, al Valle de la Mocha. Pero dicho traslado fue aplazado por 14 años, dado que un grupo de gente encabezado por el obispo José de Toro y Zambrano se oponía rotundamente a la idea. En esos tiempos la línea que separaba a la iglesia del Estado era muy delgada y su influencia era demasiado profunda. Pero el obispo tenía que morir en algún momento y afortunadamente así fue. Por suerte, su sucesor estaba totalmente de acuerdo con el traslado de la ciudad y fue así como –entre enero y marzo de 1765- a punta de carretas, bueyes y caballos, la ciudad completa se movió de Penco a lo que hoy es Concepción. ¿Qué pasó entonces con Penco? La administración colonial prohibió la ocupación territorial de la zona (temiendo nuevas catástrofes), pero su indiscutible valor territorial cobró relevancia más adelante, cuando en 1842 la zona se vuelve a poblar, luego que fuera derogada la prohibición de su poblamiento. Sin embargo, no fue sino hasta 1898 que “Villa Penco”, entonces dependiente de Concepción, se transformó en la ciudad autónoma de Penco.

Desde 1751 en adelante todo en la ciudad de Concepción fue progreso. Se comienzan a refundar las bases de lo que sería nuestra urbe y se establecen las directrices del futuro. En 1759 nace Juan Martínez de Rozas, un revoltoso de nacimiento, un dolor de cabeza para las autoridades de la época, que a principios del siglo XIX lideró varias revueltas político-sociales, llegó a tomar el control de la Primera Junta Nacional de Gobierno en 1810 y creó el Congreso Nacional. Es más, fue el culpable de la creación de las primeras tres provincias de Chile, siendo la Provincia de Concepción una de ellas. Sin duda, uno de los primeros antecedentes concretos de la Independencia de Chile, en general, y de la independencia de Concepción respecto a Santiago, en específico. Su intención era evitar que Santiago tuviera el control centralizado del país y para ello fue uno de los impulsores de múltiples ensayos constitucionales que pretendían evitar el monopolio santiaguino ¿Les suena la palabra descentralización en la política penquista? Viene de ahí. Lamentablemente, murió en el año 1813 y no alcanzó a ver que 5 años más tarde, un 01 de enero de 1818, se firmaría el Acta de Independencia de Chile, precisamente en Concepción (en realidad entre Concepción y Talcahuano). Te ganaste tu estatua en el Parque Ecuador, Juanito.

Desde aquella época en que la fiebre independentista era transversal, Concepción se convirtió en cuna de idealistas y reformistas por naturaleza. La gran distancia que nos separa de Santiago hacía de Concepción tierra fértil para nuevas formas de pensamiento y acción. Durante todo el siglo XIX la ciudad crece y crece, se crean colegios, liceos, universidades, industrias, cementerios, plazas, botillerías, bancos, hospitales y todo lo que una ciudad requiere para ser llamada ciudad. Ajena al resto de Chile, se expande hacia Chiguayante, San Pedro de la Paz, Talcahuano y Hualpén (que luego serían comunas independientes), potenciando su desarrollo económico sobre todo ligado al movimiento que generan los puertos. De ahí en adelante ya no hubo terremoto que pudiera detener a la ciudad y su crecimiento, pero hubo constantes que se mantuvieron en el tiempo.

Por ejemplo, desde su fundación, Concepción ha sido una ciudad cosmopolita, gracias a que era paso obligado de embarcaciones provenientes de Europa y Norteamérica hasta la construcción del Canal de Panamá en 1914 (para 2012, Chile se encontraba en el top 5 de los principales usuarios del canal, junto a EE.UU, China, Japón y Corea del Sur). Gracias a sus puertos, la ciudad ha sido uno de los grandes motores de la economía del país, aportando además a la importación y exportación de productos producidos en esta y en las regiones adyacentes.

En fin, lo demás es historia.

La idea de escribir sobre esto es para reflexionar sobre el hecho de la fundación. Cada año, Concepción celebra su aniversario durante octubre, pero quizás por la cercanía con las Fiestas Patrias, nunca ha sido un hito que todos los penquistas esperemos ansiosos, como si fuera realmente un hecho que valga la pena conmemorar cada año ¿Será que el traslado nos jugó chueco y sentimos, desde entonces, que esta no es nuestra tierra? ¿O simplemente es el hecho que luego de tanto celebrar en septiembre ya no nos quedan ganas de más para octubre?

Me planteo una pregunta: qué hubiera pasado si la primera Junta Nacional de Gobierno hubiera sido en marzo. Porque la firma del acta de la Independencia la celebramos recién a principios de 2018 con todas sus letras y antes de eso nadie celebraba los 1 de enero. A lo que voy es que el 5 de octubre no es una fecha que se nos enseñe en las escuelas de forma que se nos quede grabada en la memoria y eso le quita peso a nuestra fundación. Y no es que me caiga bien la figura de Pedro de Valdivia, de hecho, para mí representa simplemente justicia.

Ya me explico.

Era el año 1553, y luego de sus últimas correrías, Valdivia se encontraba en la localidad de Tucapel, en camino al fuerte del mismo nombre, cuando sintió que algo no andaba bien. Había mucho silencio. De pronto, escuchó ruidos en el bosque y encomienda a sus hombres preparar sus defensas, en medio del fuerte destruido y humeante. Eran los mapuches comandados por Lautaro, que habían planeado dar un gran golpe. Los españoles se vieron superados y decidieron emprender la retirada, pero ya era tarde, Lautaro había dispuesto un plan de forma que caerían por los flancos cuando los castellanos huyeran. Así cayó preso el fundador de la ciudad de Concepción de María Purísima del Nuevo Extremo.

Lo que vino luego de eso fue la parte que digo que representa justicia. Según múltiples historiadores, Pedro de Valdivia fue llevado prisionero al campo mapuche, donde en un acto de justicia por las mutilaciones y masacre de cientos de indígenas durante el periodo de conquista fue torturado, durante 3 días, sufriendo toda clase de cercenamientos similares a los que habían sufrido los mapuches a manos de los europeos. Lo último que le tocó vivir fue la amputación de sus músculos, mientras aún estaba consciente, los que fueron asados a las brasas y comidos delante de sus ojos. Así fue torturado y finalmente muerto el fundador de Concepción de María Purísima del Nuevo Extremo. Nada que hacer, por supuesto que se lo merecía.

Quizá, en vez de celebrar la fundación de la ciudad puede que aún viva internamente en cada uno de nosotros algún tipo de empatía con ese último acto de justicia que hicieron los mapuches con el conquistador, lo que nos impide realmente sentir que debemos celebrar la fundación de la ciudad. Lamentablemente, si hoy nos podemos llamar penquistas es gracias a la larga historia de exterminio de los primeros y originales habitantes de estas tierras ¿Deberíamos entonces celebrar la captura de Valdivia un 25 de diciembre? ¿O deberíamos celebrar la muerte de Valdivia un 28 de diciembre, paradójicamente, el día de los Santos Inocentes? Ni lo uno ni lo otro. Los mapuches no celebran esos hitos, no es algo para celebrar.

Lo más probable es que los sentimientos contradictorios, eco de nuestra historia cargada de injusticias, jamás nos dejarán sentir el 5 de octubre como un día para celebrar realmente, de todo corazón, el nacimiento de nuestra ciudad. Así como no hay americano que celebre realmente el 12 de octubre. Por eso las Fiestas Patrias son distintas, porque celebramos que echamos a patadas a los españoles, aunque luego volvieran a controlar el agua, el gas, las carreteras y el comercio, pero hubo un momento hace 200 años en que el pueblo chileno se negó a continuar recibiendo órdenes de la corona. Y eso sí que vibra en nuestro espíritu con el verdadero sabor de la libertad, cada 18 de septiembre.

Pese a todo me gusta ser penquista, siempre seremos los revoltosos, los hincha-pelotas, los peleadores, los busca-pleitos que no se conforman con lo que diga la capital. En nuestro mes de aniversario deberíamos honrar la memoria de todos los que perdieron la vida para que hoy, nosotros los penquistas, podamos desperdiciar la nuestra a gusto.

 

Texto: Fabián Rodríguez