¿POR QUÉ TENGO QUE DICTAR MI RUT CADA VEZ QUE COMPRO?


Pareciera ser algo inofensivo, pero no lo es. Se fue haciendo común con el tiempo, normalizándose, hasta que ahora en todas partes te piden el RUT para hacer tus compras, si falta que los negocios de barrio adquieran el sistema para que la cosa sea transversal.

Primero fueron las grandes tiendas, si no me equivoco de Cencosud, que comenzaron con el cuentito este de acumular puntos; por cada compra que des tu RUT acumulas X cantidad de puntos que luego puedes canjear por productos. Durante 2016 hice las cuentas, compré todo el año en el supermercado Jumbo que está abajo del Mall del Centro para ver si lograba canjear algo a fin de año. Incluso, aunque me saliera más caro (mucho más caro que en otros supermercados), a veces hacía el pedido ahí, para acumular más. Llegando a diciembre había logrado reunir la nada despreciable suma de 6.000 puntos néctar. Utilicé 5000 de esos puntos en canjear una máquina de cortar pelo, que aún tengo y ocupo regularmente. ¿Genial, no?

Pues no. La verdad es que si hacemos las matemáticas, el porcentaje de puntos acumulados por compra no supera el 1,5% de la compra total. Por cada 1.000 pesos de compra he calculado entre 9 y 11 puntos acumulados. Si pensamos que los productos sólo en Jumbo son más caros que en otros supermercados, el resultado no sólo no suma, sino que resta. Además, el genial sistema este garantiza que puedes canjear tus puntos por cualquier producto de la tienda, pero sólo una vez que hayas acumulado como mínimo 5000. Es decir, debes gastar algo así como medio millón de pesos para acumular lo suficiente para poder canjear algo de 5000 pesos. E incluso quizá me equivoco y es más.

Bueno, el asunto no termina ahí.

Resulta que para poder acumular puntos, como decía más arriba, se debe entregar el RUT. ¿A través de qué sistema? Pues el más simple, dictándoselo a la cajera o cajero a viva voz, a centímetros del cliente que viene detrás de uno en la fila. Pues bien, pareciera que no es nada, pero ¿usted sabe todo lo que puede hacer alguien con su RUT? Vaya a Google y escriba la palabra “Rutificador” o “buscar persona por RUT” y aparecerán páginas web encargadas de buscar el nombre completo de una persona a través del RUT. Al tener nombre completo y RUT basta con buscar ahora el registro electoral de la persona y ya tenemos la comuna donde vive. Incluso, si tienen suerte, pueden encontrar una página que les diga la última dirección registrada. ¡Sólo con el RUT! Si no me creen, hagan ustedes mismos el ejercicio.

La primera vez que busqué una persona lo hice al revés; ingresando el nombre completo obtuve el RUT y luego fui hurgando hasta dar con la dirección en Google Maps. Yo mismo me sorprendí de lo fácil que fue hacer esto, y a la vez afloró en mí un miedo que no sabía que existía, relacionado principalmente a la facilidad con que cualquier hacker con acceso a internet, incluso desde un Smartphone, puede hacerse con mis datos personales y dar incluso con mi casa.

No es que quiera sembrar temor en la población, pero la verdad es que entregar un dato importante tan abiertamente me parece algo que no nos beneficia como consumidores. Uno nunca sabe quién puede estar escuchando y cada vez me entero de más historias de gente que recibe llamadas de extraños que aseguran que un familiar está en aprietos –el famoso cuento del tío- solicitando millonarias sumas de dinero a cambio de su seguridad. ¡Si basta con conocer el RUT de una persona para saber ya la mitad de su vida! Imagínese que el tipo que está atrás suyo en la fila escucha y graba mientras usted dicta su RUT, y mientras éste lo sigue a casa otro malhechor (estos tipos nunca actúan solos) va investigando en la web todos sus datos. Basta que le hagan la guardia un par de días para conocer sus movimientos, la cantidad de personas que viven en su hogar, etc.

Está bien, quizá estoy siendo un poco exagerado, pero son cosas que pasan todos los días y uno nunca piensa que esas cosas pueden pasar en terreno propio.

Al principio me resistí lo más que pude a entregar mi RUT cuando hacía compras. Cuando la cajera o cajero insistían en conocer mi número de identificación les respondía “¿y para qué lo quiere?”, para acumular puntos. “No, gracias”, y nos vamos con las bolsitas. El problema es que ahora hay tiendas que no sólo osan pedir a los clientes que entreguen su RUT de forma voluntaria en cada compra, ¡lo han hecho obligatorio! Es decir, no puede usted pagar sus productos si no entrega su RUT. La excusa ahora es que queda una copia de la boleta en el registro de la tienda, en caso de perder el documento tributario y solicitar, por ejemplo, el cambio o reposición de un producto. A mí al menos no me ha pasado el tener que solicitar ese registro, pues guardo sagradamente las boletas de los productos que podrían estar defectuosos, como antaño, cuando a uno no le pedían vociferar el numerito ese que va en el carnet.

Ahora, ¿para qué les sirve mi RUT a las empresas del retail y supermercados? Fácil, para estadísticas. Pongamos el caso que usted va a un supermercado a hacer su compra y le piden el RUT. En el registro el ordenador calculará cuál es su edad, domicilio y hasta grupo socioeconómico. En un abrir y cerrar de ojos el departamento de estadística de la empresa tendrá una pálida imagen de lo que usted consume, con qué shampoo se lava el pelo y hasta qué corte de carne usted prefiere. Si consideramos la cantidad de clientes que compran haciendo entrega de su RUT a diario, veremos que a nivel nacional las grandes empresas y grupos de empresas manejan una cantidad importante de información sobre sus consumidores, el famoso Big Data. Eso es particularmente útil para saber qué productos se consumen más, lo que juega un papel importante a la hora de subir los precios. ¿Y es que acaso uno no debe dar su consentimiento para que las empresas hagan uso de nuestra información privada (como qué compramos a diario) con fines comerciales? Sí, por supuesto que sí, pero el acto cívico de dictar el RUT ya es considerado un consentimiento ante los ojos de la ley, respaldo suficiente para las tiendas.

¿Vale la pena entregar el RUT, considerando los riesgos que implica hacerlo a voz limpia en lugares repletos de gente, para acumular cochinos pesos con cada compra? Personalmente no creo que valga la pena, ni en supermercados, multitiendas ni bodegas de lo que sea. Ahora agarraron la misma mala costumbre las farmacias, las agencias de viajes, las tiendas de ropa y hasta los almacenes más piñufla.

Cuando me piden el RUT me siento igual que si me estuvieran metiendo la mano dentro del pantalón. Los únicos que tienen derecho a pedirle el RUT a uno –y con quienes me siento obligado a hacerlo- son los Carabineros. Hilando más fino están aquellos a quienes uno TIENE que darles el RUT para que hagan su trabajo, como funcionarios públicos, agentes de ventas, de seguros, de isapres, etc. Pero no a los supermercados ni tiendas del retail, menos frente a un montón de desconocidos. Y no es que desconfíe de mis compatriotas, desconfío de aquellos sinvergüenzas que se aprovechan de todo lo que pueden a aprovecharse en esta vida. Incluso, no me molestaría si el cuento fuera un poco más profesional, o más privado.

Les doy un ejemplo.

Hace unas semanas fui a renovar mi CuentaRUT a un ServiEstado, el que está en Maipú con Rengo. Es súper fácil el trámite, basta acercarse al mesón de informaciones y conversar con el ejecutivo, en cosa de minutos te entregan el plástico con tu nombre y listo para activarse en un cajero automático. Cuando fue mi turno, luego de hacer una corta fila, me acerqué al mesón y me pidieron el carnet. Sin embargo, debían verificar algunos datos personales. El funcionario que me atendió, al percatarse que los demás clientes en la fila estaban muy cerca de mí, les pidió que retrocedieran, ya que yo debía entregar algunos datos personales y no era sensato que ellos los escucharan. Los aludidos retrocedieron al instante, puesto que el hombre hablaba con elocuencia. Yo aplaudí el gesto, asintiendo sobriamente desde mi posición. Me sentí importante, respetado, tal como debería sentirme en cualquier tienda donde me pidan mis datos personales. Y la razón es súper simple: SON DATOS PERSONALES. El ejecutivo hizo lo correcto, y una vez que verificó que la distancia de los demás clientes era segura, continuó con su trabajo.

Es así como debiera ser. Es decir, si ya quieren saber qué como, con qué jabón me lavo, cuál es mi azúcar favorita y hasta con qué pañuelos desechables me limpio la nariz, está bien, no los culpo, incluso puede que como consumidor a largo plazo me beneficie. Pero háganlo correctamente. No tengo miedo que me roben o me hagan el cuento del tío, porque si un delincuente se atreviera a hackear mis cuentas bancarias lo único que encontraría sería lástima por mí, al percatarse que allí no hay nada, pero temo por esa señora que recibe su pensión todos los meses, por ese caballero que acaba de recibir su jubilación, por ese trabajador esforzado al que le acaban de depositar su sueldo. No quiero que vayan a tener la mala suerte de sufrir una estafa o un robo por querer acumular los mugrosos pesos que nos pagan las grandes empresas por recibir nuestra valiosa información de compra.