editorial dostercios

Ignacio Sáez y Patricio Zeiss son dos arquitectos cuyo temprano trabajo editorial en la universidad les llevó a construir un proyecto editorial propio, cargado de distintos matices, con el cual han logrado avanzar un camino que parte en 2014 y que se consolida en el presente. Con el foco puesto en la arquitectura y las artes visuales, nos hablan de Editorial Dostercios, sentados en el patio interior del Café Baqué ubicado en Ongolmo, Concepción.

Debido a que el formato entrevista suele ser entre dos interlocutores y en este caso se trata de tres, las preguntas serán formuladas de la forma habitual, pero las respuestas pueden venir de Ignacio o Patricio, sólo que no se utilizarán marcas gráficas para diferenciarlos. Hablaremos con el equipo.

– Por favor, cuéntenme de los inicios del proyecto.

– Para empezar somos dos arquitectos de la Universidad del Biobío. En esa escuela nació el proyecto. Ahí nos conocimos. Nació un interés por trabajar en publicaciones internas de la universidad desde nuestro lugar como estudiantes. Cuando estábamos en el último año decidimos lanzarnos a hacer entrevistas y, de hecho, no pensamos en material impreso, sino en algo digital. Estuvimos grabando videos, videos de entrevistas. Primero con gente de la escuela UBB y posteriormente con otras figuras que nos interesaban, un poco para conocer su trabajo de mejor forma. Al principio estos trabajos los subimos a Tumblr. Eso fueron los inicios del trabajo con contenido.

– Esto es como la precuela…

– Claro. Después cuando comenzamos con Dostercios como tal, éramos un grupo de cuatro personas. Siempre pensando en lo digital. El salto al papel lo tuvimos cuando nos adjudicamos un Fondart en el año 2014, que se trabaja en 2015. Este proyecto contemplaba potenciar la página y continuar el mismo formato de entrevistas que veníamos haciendo. Además, en términos de difusión agregamos el hacer un DVD que luego enviaríamos a escuelas de arquitectura. Hay que aclarar si, que en ese contexto se valoraba mucho el valor del archivo digital, entonces nuestro foco era estar presentes en Youtube, Vimeo, Facebook, etc. El DVD cubría la necesidad de hacer llegar el contenido a quienes no tuvieran Internet en ese tiempo. Hacia 2014 el Internet era masivo, pero no tanto como hoy. Entonces los jurados del Fondart nos cuestionaron el por qué usábamos un formato tan anticuado, el DVD, siendo que subiríamos los archivos a la página. Así nace la idea de llevar el contenido a un formato impreso. El trabajo que ya teníamos, de entrevistas, pasarlo a un formato impreso. Eso nos daba la posibilidad de utilizar la entrevista en su totalidad. Eso nos fue abriendo el camino para llevar adelante un trabajo editorial de este tipo. Aunque también buscábamos repensar el concepto ‘editorial’, porque siempre que se piensa en editorial se habla de libros impresos, pero se desliga el trabajo curatorial que hay cuando haces videos, cuando haces podcast, o cualquier formato que al fin es un trabajo de edición.

– ¿Cómo fue la transición entre conceptos de editorial?

– En realidad cuando nos presentábamos siempre decíamos “editorial”, seguido de “audiovisual”: editorial audiovisual, con apellido automático. Porque cuando hablábamos con personas y le contábamos que somos editorial, siempre preguntaban si hacíamos libros. Y nosotros sólo podíamos responder: “no todavía”. Pero aún así ese no fue el primer apellido que tuvimos. Al principio sólo éramos “Dostercios: Archivo & Edición”.

– ¿Tuvieron que investigar sobre trabajo editorial?

– Como en principio trabajamos en proyectos de la escuela, todo se vinculaba a estudiantes, a revistas y grupos de estudiantes. Nuestro trabajo nació de ahí. Quizá alguna revisión a revistas de la escuela, pero muy tangencialmente. Entonces no había una investigación acabada sobre el tema, sino más bien la experiencia y hartas ganas. Muy de aprender en la marcha.

– ¿Cómo lo hacen cuando salen de la universidad?

– Cuando salimos de la universidad nos dimos cuenta que teníamos que profesionalizar el asunto. Hasta ese punto era mucho de experimentar, entonces si fallaba daba lo mismo. Pero luego de ganar el Fondart en 2014, decidimos dar como el paso.

– El Fondart dentro de sus requisitos establece que el proyecto debe tener proyección en el tiempo, por ende, te obliga a continuar de alguna forma…

– Claro, es un impulso. Pero por otra parte también comienzan a aparecer otras cosas, porque aún estás formando el proyecto. Recién ahora podemos decir que estamos más claros en lineamientos y trabajos de nivel administrativo. Pero también la experiencia te ayuda harto en lo que tiene que ver con los errores que vas cometiendo, para no caer nuevamente en esas cosas. Eventos inesperados, por ejemplo. El oficio te va formando. Al final todas estas experiencias en cosas que la universidad no te enseña son parte de una búsqueda externa que nosotros queríamos. Entonces cuando sales “a la vida profesional”, te pillas con un muro que son las cosas distintas a tus gustos e intereses. Entonces, en ese sentido somos más de la idea que es mejor hacer lo que te gusta y ganar poco que estar sentado en una oficina haciendo algo que no te gusta para ganar más. Es más valiosa la chance de hacer cosas nuevas, explorar la creatividad. Esa es también la filosofía detrás de la arquitectura. O sea, además de darte las herramientas para saber cómo abordar un proyecto, pero un proyecto puede ser cualquier cosa.

– Cuéntenme de los proyectos en que han trabajado como editorial. Personalmente, conocí una mini colección de dos libros en formato pequeño que ustedes editaron…

– Esas fueron dos entrevistas que publicamos, de Roberto Goycoolea -Premio Nacional de Arquitectura, fuertemente vinculado a la Universidad del Bío Bío- y Osvaldo Cáceres -Premio Municipal de Arte-. Son arquitectos del periodo 60’s – 70’s de Concepción. La gracia que tenía esa línea es que siempre tuvimos ganas de hacer libros pequeños. Porque además son mucho más baratos de producir y porque es además algo que venimos trabajando desde el principio. El formato de estos libros es el formato del primer libro que hicimos, una entrevista a Jorge Lobos, que fue el que nace gracias al Fondart. Ese libro nos gustó mucho. Y fue el paso desde la idea del DVD a un libro pequeño. Fue el primer proyecto que pensamos forma profesional, con todo un flujo editorial bien pensado. Porque teníamos de alguna forma el desafío impuesto de hacer algo profesional. Era nuestra oportunidad de hacer algo de buena calidad tanto gráfica como de manufactura. Tiene unos pliegues en la portada que lo hacen super distintivo.

– ¿Pensaron desde el principio en algún público objetivo?

– Nuestro público objetivo son principalmente estudiantes. Nosotros tenemos aún una conexión bien fuerte con la universidad, con el pregrado. Sabemos que para un estudiante no es fácil comprar libros, entonces teníamos que editar libros a su alcance. Los libros como los de Goycoolea / Cáceres son libros pensados para que el lector pueda llevarlos en el bolsillo de la chaqueta y pueda sentarse en una micro y leerlos. Son libros formato bolsillo.

– Estos libros de Goycoolea / Cáceres, ¿cómo hicieron para financiarlos?

– Estos en especial provienen de un FAICC. Con este proyecto pensamos ya en comenzar con una línea definida, un formato de libro ligado a entrevistas; una colección de libros que se pueden ir agrupando.

– Y le da también identidad a la editorial.

– Claro. Y paralelamente aparecieron varios proyectos que publicamos el mismo año, colaboraciones con colegas y amigos de oficio. La cosa es que en ese momento le agarramos el ritmo a los libros y entendimos que siempre debíamos pensar en una serie, para sistematizar el trabajo editorial y curatorial.

– ¿Cómo llegan al formato que trabajan en la actualidad? En términos de manufactura.

– Llegamos ahí porque la mayoría de los libros de arquitectura tienen un formato súper definido. Y además hay muy pocas editoriales de arquitectura y la mayoría vienen o están ligadas a alguna universidad. Entonces quisimos darle una vuelta a eso. Y como también nos gusta mucho el arte, quisimos poner un poco de eso igual en práctica. Por eso nuestros libros tienen una mezcla entre fotógrafos, artistas gráficos, artistas visuales, etc. El libro que nosotros logramos, simple, con lomo a la vista, puede llamar más o menos la atención, depende más del contenido. Tienes que ir jugando y también ver los costos.

– ¿Cómo les tocó enfrentar el tema crisis – pandemia?

– Creemos que nos afectó más en términos de ánimos que en términos de recursos. De alguna forma nos acostumbramos a trabajar con lo que uno tiene a mano. Al final, siempre hemos tenido esa mentalidad. La pandemia nos afectó a todos anímicamente, pero si teníamos una idea de un proyecto lo intentábamos hacer. Además, hubo un momento en que uno de nosotros se fue a España, entonces disminuyó el volumen de trabajo porque no estábamos juntos. Ahí tuvimos que tomar la decisión de dejar la oficina en la que trabajábamos, porque en realidad no tenía mucho sentido tener un lugar físico donde trabajar juntos si en realidad estábamos separados. Aparte que las cuarentenas nos limitaron mucho. Pero nos ayudó harto el hecho que siempre trabajamos en la nube, entonces nuestra metodología no cambió mucho. Estábamos acostumbrados al formato no presencial – digital.

– ¿Cómo logran la difusión o venta de los libros ya impresos?

Cuando vimos que teníamos varios libros ya editados, entendimos que lo mejor era tener una tienda en la propia página. Porque para vender a través librerías al final estás ganando una fracción de lo que deberían pagarte por cada libro. Entonces, la pregunta fue ¿cómo acortar esa cadena sin elevar el costo del libro y lograr recuperar la inversión? Así partió la idea de hacer una tienda en la propia página web, a través de E-Commerce. Y utilizamos un servicio que nos permitió subir más productos que los que nosotros mismos teníamos. Entonces, gracias a los vínculos que uno va haciendo a medida que trabaja, nos dimos cuenta que había varios libros ligados a veces a proyectos que eran por lo general autogestionados, donde el autor no tenía tampoco forma de distribuirlos, más allá de sus redes. Y nació la idea de ofrecer a amigos más cercanos la posibilidad de vender sus libros en nuestra tienda. Pero finalmente, lo valioso del trabajo no es tanto colgar los libros para su venta, sino toda la red que se va creando y los servicios que podemos ofrecer a quienes tengan interés en trabajo editorial y difusión. Es un eslabón más en la cadena productiva del libro. Y los libros de la tienda son de la línea editorial que trabajamos: Arquitectura y Artes visuales.

Texto y Fotografía: Fabián Rodríguez

Frodriguez@thepenquist.com

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