Gisela Alvial es adiestradora profesional de perros desde hace 12 años, fundadora en 2017 de la Academia Manada, una escuela de educación y turismo canino. Pero hoy en día Manada busca expandir su franquicia y es por ello que la adiestradora ha migrado al sur, a la ciudad de Pucón. Desde allí busca establecer redes para que la academia se consolide. Ello implica además conocer la geografía de la zona y entablar relaciones comerciales con clínicas veterinarias y todo tipo de sociedades relacionadas al rubro canino/aventura.

Hace poco tiempo atrás, Gisela se hizo conocida nacionalmente cuando tuvo que viajar de urgencia de Pucón a Concepción y encargó al Hotel Canino Pucón el cuidado de León, una de sus mascotas más recientemente adoptadas. Estando ya en la capital regional del Biobío, recibió una llamada de uno de los encargados del hotel con la noticia que León había desaparecido. Sin poder hacer más que confiar en los funcionarios del hotel que le aseguraron se iba a realizar una intensa búsqueda, Gisela continuó en Concepción hasta que pudo viajar, días después.

Al volver al hotel canino, no sólo no habían encontrado aún a su perro, sino que habían desistido con las labores de búsqueda. Además, la adiestradora es recibida con un trato hostil por parte de los dueños, en actitud defensiva respecto a la pérdida de la mascota y a la responsabilidad implicada. Debido a la gravedad del asunto, los medios nacionales no se hicieron esperar y viralizaron rápidamente la noticia.

Tras varios días, el aviso de un vecino indica que el cuerpo de un perro en las cercanías del hotel canino podría ser el de León. Las pertenencias del can confirman la noticia. En un análisis preliminar, se confirma que el canino no habría sido atacado ni habría sufrido accidentes que tuvieran como consecuencia un hueso roto o herida interna grave. La causa de su muerte es un misterio.

La conocida abogada Alma Sánchez, famosa por llevar adelante la “Ley Cholito”, se hizo con la defensa del caso. Le aconseja a Gisela que se traslade el cuerpo de León hasta Puerto Montt, donde podría realizar las pruebas forenses necesarias para esclarecer la causa de muerte. Allí se encuentra León al momento de realizarse esta entrevista.

De paso por Concepción, la entrenadora se hace un tiempo para hablar con The Penquist sobre su trabajo y las implicancias que ha tenido en su vida el caso “León”. La entrevista se realiza a orillas de un Biobío que desciende en calma a la altura de Hualqui, durante los primeros días de octubre.

– Tu trabajo es especialmente complejo, siento, desde mi punto de vista. ¿Con qué obstáculos te has encontrado al entrenar perros?

– Lo primero es el factor cultural. El hecho de no saber que la educación canina es una necesidad y es parte también de la tenencia responsable de animales hoy en día. Esto fue lo primero que tuve que enfrentar. Abrirme camino es ir rompiendo esta barrera cultural donde la figura de “adiestrador” está ligada con “corregir” al perro y con un adiestramiento más a la antigua, con harto collar de ahorque. Esa era la dinámica que yo veía cuando comencé con el adiestramiento acá en Conce. No era muy positivo en realidad el adiestramiento. Era muy militarizado el tema… Onda, la gente buscando que el perro estuviera caminando pegado al lado, prácticamente un robot, a través de mecanismos que buscaban “controlar” al perro. Esa era una palabra muy común: “oye, sabes que quiero controlar a mi perro”. Hoy no, hoy me llaman dueños que dicen que están preocupados porque creen que el perro no es feliz. El concepto cambió. Hubo un fuerte giro cultural.

– Yo acá empecé haciendo los Dog Trekkings, para socializar con los estudiantes que estaba trabajando, y costaba que la gente enganchara. Terminaba haciéndolos gratis para armar grupitos porque me gustaba mucho lo que hacía entonces quería salir con perros, grupos, cerros, hacer eso. Si no me iban a pagar, no me importaba, lo hacía gratis (ríe). La cosa es que se hiciera. Y eso en ese momento no era una necesidad, pero hoy sí. Cada vez se da más. Debo decir que la pandemia ayudó un montón con la difusión de la educación canina; la cantidad de podcasts, de instagrammers, youtubers, etc. Es impresionante.

– La gente al no poder salir se fue hacia adentro.

– Finalmente, se encerraron. ¿Con quién? Con sus perros. ¿Con quién compartir si no puedo salir? Con el perro. Y ahí empezaron a pensar “oye mira, este loco parece que puede hacer cosas entretenidas, parece que tiene sentimientos, es un ser bastante peculiar dentro de mi casa”. Cuando yo comencé era así. Y además fui la primera mujer adiestradora aquí en Conce. Me pillé con un mundo bastante machista también. Cuando iba a trabajar, por ejemplo, varias veces me tocó con clientes que me dijeron “oye y ¿te la vas a poder con mi perro? El loco es grande. ¿No tienen un hombre en la empresa? Mándenme un hombre mejor”. Varias veces me pillé con ese discurso.

– Ahí obviamente yo trabajaba no más hasta que se daban cuenta que no tienes que ser hombre ni mujer para trabajar en esto, simplemente hay que estudiar, saber las técnicas, manejar las metodologías, ahí se va aplicando.

– Hace poco te cambiaste a vivir a Pucón.

– Sí, el año pasado, en julio.

– A trabajar siempre en el mismo proyecto.

– Sí, pero además como estaba todo medio online… Como que de repente me di cuenta que podía irme a cualquier parte del mundo donde yo quisiera. Y me pregunté a mi misma: “a ver, ¿en qué entorno te gustaría estar?”. Montañas. Me fui por las montañas, me gusta hacer trekking, subir volcanes, hacer cumbres, toda esa onda me encanta. Así que me fui para allá por un gustito personal.

– ¿Qué tal fue la recepción del proyecto allá en Pucón?

– A Manada en realidad yo no le había dado mucho auge allá. Mi idea era más bien pasar piola, vivir en el campo, seguir trabajando online. Y estaba pensando en ir a darme a conocer, visitar las veterinarias… En el fondo, la misma pega de base que ya había hecho acá durante muchos años, volver a hacerlo allá. Esa era mi idea. Por mientras, estaba trabajando online. Armé hartos cursos internacionales, con colegas de otros países; internacionalicé harto la marca con la pandemia, a eso me dediqué… Y bueno, allá en Pucón estaba pasando piola trabajando en un centro cultural, haciendo talleres para niños, de gestión emocional, con la Ika y el Dalí, mis perros. Esa era mi aparición en Pucón, el resto del tiempo en mi casa o saliendo a hacer trekking… Pero pasó lo del León y ahora todos me conocen. Entonces, ahora me buscan. He recibido hartos llamados por temas de adiestramiento y voy a empezar a trabajar igual haciendo interconsultas en unas veterinarias allá.

– ¿Qué fue lo que sucedió con León? ¿Cómo llegaste a salir en TV nacional hablando sobre el caso?

– Yo me fui a vivir a pucón con la Ika y el Dalí, mis dos perros de Conce, penquistas. Pero allá adoptamos a otro hermanito más, el León, que lo pillamos botado en Villarrica, en un paradero. Estuvo viviendo con nosotros 8 meses ahí en la casa. Era la guagua de la casa, con sus embarradas y cosas de cachorro, como romper zapatillas, robar cosas de la cocina, etc. Yo entreno a todos mis perros, porque trabajo con ellos, son mis compañeros de vida y también de trabajo, entonces el León estaba siendo entrenado para trabajar con niños y siendo apoyo también en trabajos de educación canina con otros perros… Y surgió que falleció mi abuelito, acá en Conce. Me llamaron mis papás que tenía que venirme rápido para el velorio y el funeral y todo ese tema. Tuve que dejar al león en un hotel y me vine para Conce. Al otro día me llama la dueña del hotel diciéndome que el León había desaparecido, que no estaba ahí.

– ¿Cómo reaccionaste a esa noticia?

– Yo ya estaba bajoneada, entonces me costó un poco enfocar en ese momento. Pero mi primera sensación fue ponerme en el lugar de la dueña. Onda, ¿qué haría yo? Lo buscaría. Así que confié en ella. Le dije: “ya, dale, búscalo, pero da el 100%, haz lo que tengas que hacer, pero encuéntralo. Yo tengo que estar acá con mi papá dos días más, mantenme al tanto”. Hubo amigos en Pucón que al instante partieron a buscarlo y pegar afiches. Yo desde acá me movilicé para generar una búsqueda allá. Cuando llegué a Pucón fui directo al hotel a que me contaran los hechos, paso a paso. “Yo dejé mi perro aquí. ¿Qué pasó después?”. Porque no teníamos certeza de nada. Porque a mí me dijeron que se escapó, pero pregunté si lo habían visto escaparse. Y me dijeron que no. Entonces no hubo tal escape. Para mí lo más concreto y objetivo es decir que el perro desapareció.

– Estaba y después no estaba. Punto.

– Claro. Entonces llegué allá y me encontré con dos personas súper prepotentes, la dueña y el dueño del hotel, que gritaron e hicieron un show que yo no me imaginé nunca que me iba a pillar.

– Estaban preparados para recibirte de forma hostil.

– Al choque. Ninguna solución, solo gritos. “¡Ya hicimos todo lo que hemos podido y blah blah blah!”. Yo estaba súper afectada con todo lo de mi tata igual acá, así que menos mal fui con una amiga y vecina que trabaja conmigo igual, la Marce. Y ella fue la que en realidad hizo preguntas más certeras y todo, porque a mí no me entraba muy bien la información. Entonces al final lo que yo le dije fue “hagamos un listado: ¿fuiste a las veterinarias? ¿Pegaste afiches? ¿Dónde? ¿Avisaste a Carabineros? ¿Diste aviso en las radios o en los canales que hay acá en Pucón? Recibí puros NO.

– La búsqueda de ellos fue mirar por la ventana hacia afuera…

– Algo así. Entonces yo les dije “ustedes priorizaron la imagen de su empresa antes que encontrar al León”. Lo que a mí me quedó fue eso.

– “Ojalá que nadie sepa que se perdió un perro”.

– Eso me quedó clarísimo. Agarré mis cosas e inicié yo mi búsqueda. Y la búsqueda alcanzó nivel nacional gracias a que Pucón es una ciudad turística y si piensas que alguien toma el perro y lo sube al auto puede llevarlo a cualquier parte. En Pucón todas las semanas llega gente de todo Chile. Sobre todo de Santiago. Así que iniciamos una campaña, llegaron los medios de comunicación, CHV, TVN, Mega, Canal 13…. Como te dije, yo quería pasar piola en Pucón y no se pudo.

– Bueno, empapelamos Pucón con afiches. Una empresa de publicidad puso afiches en todas las pantalles digitales. Obviamente, a esa altura el hotel canino ya estaba re-funado en redes sociales. Yo creo que nunca se imaginaron que esto iba a tener tanto impacto.

– Yo creo que nadie se lo imaginó…

– Es verdad. Ellos tampoco sabían que yo era entrenadora y que tenía tanto contacto en el mundo canino. Porque llevo años en esto. Creo que pensaron que si me ofrecían una compensación económica todo iba a quedar ahí, pero nada. Fueron 20 días de búsqueda. Días horribles, en que no podía ni dormir pensando si León había comido, si había pasado frío, si lo habían golpeado… Para mí mis perros son mis hijos, ¿cachai?

– Aparte me imagino que también te llegaron reportes de perros parecidos…

– ¡Si! Fui a ver una cantidad de perros amarillos, por todos lados. Un caballero me llamó y me dijo “yo tengo al León”. Yo le pregunté dónde y me dijo “en Chillán, a 100kms a la cordillera”. Yo dije ya, “por favor envíeme fotos”. Y él me explicó: “lo que pasa es que mi perra tuvo una camada de perritos y quedó uno, y se llama León, y es amarillo igual que el suyo, si quiere se lo doy para que la vaya a acompañar” (ríe).

– (Ríe también).

– Otra persona un día me llamó y me dijo: “oye vimos a tu perro, lo tiene un vecino y el loco lo anda tratando de vender acá en Pucón”. Le pregunté dónde y me dijo “ya, te envío la ubicación”. Corrí. Desde mi casa. Me demoré como 15 minutos en llegar. Y llamé, pero nunca más me respondió la persona. Era una pitanza, una broma.

– (…)

– Bueno, así fueron esos días. Así como hubo gente como esta, también hubo otra que me apañó un montón. Animalistas, gente ni conocía. Se armó una cuadrilla de búsqueda muy buena. Viajaron amigos a ayudar… El caso es que 20 días luego de comenzada la búsqueda. Yo estaba en una terapia de baños de bosque y me llamó la Marce, mi amiga, que habían encontrado a León. La llamó un caballero que andaba buscando leña en la parcela al lado del hotel canino. Ahí lo pillaron. A cerca de 100 metros del hotel, en un bosquecito de boldos… Y fue horrible. Yo siempre tuve la esperanza que alguien lo tuviera en su casa, no sé.

– ¿Y tenía alguna señal de ataque, de accidente?

– Nada. Lo encontré como que si se hubiera echado a dormir. Así murió. Tuve que tomar fotos, registrar, para poder enviar a la abogada.

– Pobrecito. Se me ocurren muchas hipótesis…

– A nosotros también… Que quizá le dieron un tranquilizante y que la reacción física que le provocó eso lo asustó, salió corriendo y luego se descompensó… En fin. Luego de recibir la llamada partí al lugar y mi amiga me dijo que la gente del hotel había aparecido con una veterinaria. Yo le dije que no lo toquen ni por si acaso, que ni se acerquen. Y cuando llegué lo vi y lo reconocí, tenía su collar. Ahí lo llevamos a Puerto Montt, a la Universidad San Sebastián, donde un patólogo veterinario que ya ha hecho peritajes e informes para casos como este, que requieren de rigor científico en el ámbito legal. Lleva casi dos meses ahí, congelado. Porque en su momento hubo un brote Covid en la facultad y tuvimos que dejar todo en pausa. Pero sí tuvimos que hacer una necropsia con radiografías de cuerpo completo y sus huesos estaban impecables. El académico me dijo “la salud de tu perro estaba impecable, súper bien cuidado, estaba en la flor de la vida, su piel, sus tejidos, sus huesos”. No había heridas de bala, ni cortes, ni mordeduras, ni indicios de ataque. Porque se entiende que en la falda de la montaña te puedes pillar animales salvajes como jabalíes o pumas. Lo único que se encontró fueron algunos derrames de sangre en los tejidos, lo que podría ser indicio de algo toxicológico. Entonces, esta semana se estaban haciendo los exámenes toxicológicos para saber si ingirió algo. Porque también existe la hipótesis que se hubiera envenenado comiendo algún veneno en el campo; que no le dieron contención en el hotel, se escapó, le dio hambre y mordió un trozo de veneno de ratón. También pudo ser eso.

– Es todo un tema. Yo creo que cualquier persona que tenga un caso similar se preguntará cómo y dónde hacer exámenes forenses a una mascota…

– Sí, fue todo un tema. Todo un descubrimiento. Porque yo, siendo entrenadora de perros, llevando tantos años en este mundo, lo primero que hice fue dirigirme a Carabineros y no me pescaron. “Eso tiene que verlo en el Sernac” porque fue un incumplimiento de contrato de servicio. Y yo les alegué “es un ser vivo”. Y me dijeron que los perros no son considerados seres vivos según la ley.

– ¿Como un activo fijo?

– Claro, algo material. Lo que se destapa aquí es que los animales no son considerados seres sintientes. Ese es el tema. Que según la legislación chilena son un mueble. Entonces por sobre todo, la lucha aquí es que los perros sean considerados seres sintientes en nuestra legislación para que no tengamos de nuevo casos como este, o de maltrato, abandono e incluso violaciones. Yo quiero llevar este caso hasta las últimas consecuencias con tal de lograr ese cambio de paradigma en la Constitución. Es mi objetivo final; no es la indemnización, ni la pelea con el hotel. Que respondan los que tengan que responder por lo que no hicieron, pero la pela general es otra.

– Además cuando abres una empresa como un hotel canino, digamos, hay compromisos implícitos…

– Mas bien. Sea lo que sea que abras que incluya animales, tienes que considerar que estás trabajando con miembros importantes de una familia y que tiene que haber medidas de seguridad y protocolos de acción. La pregunta es: ¿quién regula y fiscaliza esto?

– No hay un Ministerio de Bienestar Animal, ni una Superintendencia, ni una Seremi, nada.

– Existen oficinas como Zoonosis, pero que se preocupan de otras cosas, como plagas y animales salvajes en zonas urbanas. Entonces el caso León destapa una irregularidad que tenemos a nivel país en cuanto a la legislación del bienestar animal. Ahí estamos al debe. Hoy la abogada con quien trabajo, Alma Sánchez, especialista en Derecho Animal, quien llevó el caso Cholito, de donde salió la Ley Cholito, está armando el caso de León. Fue ella quien también encontró al patólogo de Puerto Montt, quien es el único que realiza informes forenses. Entonces igual estoy confiada en que aunque avancemos lento, vamos por buen camino y con excelentes profesionales.

– ¿Qué le aconsejarías a otros dueños al elegir un hotel para sus mascotas?

A todos quienes lleven a sus mascotas a un hotel canino, les recomiendo que vayan y pidan una copia del contrato que firmas al ingresar, donde diga cuántos días van a estar y cuánto pagaste. Porque en el Hotel Canino Pucón no me entregaron la copia del contrato que firmé. También asegurarse que el hotel tenga veterinario, que esté regularizado legalmente ante el SII. A veces, también es un tema de ‘tincada’, pero como yo estaba con el tema de mi abuelo, la verdad ni pensé ni consideré nada de esto. La dueña del lugar había estudiado Terapia Asistida con Perros con el mimo profe que yo estudié, entonces al tener un curso en común conversamos y me sentí cómoda. Pero después cuando sucedió todo esta gente del hotel nunca más me habló. Tampoco cuando apareció muerto, ni me saludaron.

– Indolentes hasta el tuétano.

Completamente indolentes.

¿Cuáles son tus objetivos al mediano plazo?

Estamos haciendo una campaña para reunir fondos para poder pagar la necropsia, la abogada, el caso. Para ello hemos estado gestionando los Dog Trekking, una actividad que llevo haciendo 7 años, a la cual ahora se suma la causa social de León. Para ello armé un tour que parte aquí en Concepción, el fin de semana pasado, ahora lo haremos en Pucón y después vamos a La Serena y, finalmente, Santiago. Ahí vamos a ir viendo qué otra ciudad se puede sumar. Lo importante es saber ir fluyendo con la vida, a ver qué nos va dando. El tema es generar consciencia sobre el caso de León y sobre la tenencia responsables de mascotas. Los animales son seres vivos que sienten, requieren atención, cuidado, tiempo. Quiero que esto sea una plataforma de consciencia y que podamos llegar a la Constitución, que se reconozca a los animales como seres sintientes. Dure lo que dure. Tarde lo que tarde. Soy una persona muy paciente y avanzaré lento, pero lo haremos bien, en calma y sin odios. Yo con la gente del hotel no tengo rabia ni rencor; sé que no cumplieron lo que debieron haber hecho, pero ahí queda en ellos hacerse cargo de sus cosas. El llamado es a hacer justicia social para que estas cosas no vuelvan a pasar. Para ello, es total y completamente necesario que los animales sean reconocidos en la Constitución.

Texto y fotografía: Fabián Rodríguez

frodriguez@thepenquist.com

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