A nivel mundial, se ha retrocedido en estadísticas referentes a la inserción de las mujeres en el mercado laboral. Chile no ha escapado a esta realidad.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en el trimestre móvil noviembre 2019 a enero 2020, previo al inicio de la pandemia en Chile, la participación laboral femenina alcanzó su valor máximo, 53,3%. Las cuarentenas y el cierre o suspensión de negocios como medidas necesarias para afrontar la pandemia y detener la cadena de contagio, han conllevado a una caída en las tasas de participación y ocupación tanto de hombres como de mujeres. En el trimestre móvil abril-junio de 2020 para las mujeres y mayo-julio de 2020 para los hombres, las tasas de participación bajaron a 41,2% y 62,7%, respectivamente. En el trimestre octubre-diciembre de 2020, un 33,9% de las mujeres declararon como razón principal para no participar en el mercado laboral, tener que realizar trabajo doméstico y de cuidados no remunerados en sus hogares. En cambio, para los hombres la principal razón es estar estudiando, con un 38,4%; sólo 1,7% de los hombres que no buscan trabajo, lo hacen por razones familiares permanentes.

Esta crisis de los cuidados y el acceder o permanecer en un trabajo remunerado para las mujeres se acentuó en pandemia, debido al cierre de escuelas, jardines infantiles, “after schools” y salas cunas, que operan como lugar de cuidados para niños y niñas. Además, de que no todas las personas cuentan con redes de apoyo que puedan colaborarles en las labores de cuidados y que aún las personas que poseen dichas redes de apoyo familiar, las han visto drásticamente disminuidas por las restricciones sanitarias de la pandemia. Consideremos además que las labores de cuidado que han ejercido principalmente las mujeres, no sólo se remiten al cuidado de niñas y niños, sino también muchas veces a personas adultas mayores.

Consideremos el Índice de Mujeres en el Trabajo de PwC (PwC Women in Work Index) que mide el empoderamiento económico de las mujeres en 33 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), midiendo 5 indicadores: la brecha salarial de género, la participación femenina en la fuerza laboral, la brecha entre la participación masculina y femenina en la fuerza laboral, el desempleo femenino y la tasa de empleo femenino a tiempo completo. Los resultados para Chile muestran que a nivel OCDE, es el país que presenta la mayor caída en el puntaje total, retrocediendo 13% y quedando en la posición 31 de 33 naciones. Asimismo, el puntaje total alcanzado por nuestro país (42,7) lo deja en un nivel equivalente al obtenido en 2011. Un retroceso de 9 años, que muestra lo débil de los cimientos de la inserción laboral femenina.

Hace pocos días se anunciaron cambios en el plan Paso a Paso, más allá de las implicancias sanitarias que no son parte de esta columna, pero que no debemos olvidar. Estos cambios suponen una mayor apertura, lo que implica el paso de un porcentaje importante de mujeres que trabajan online a trabajo presencial, sin considerar medidas que permitan realmente realizarlo. La disyuntiva de trabajar (en forma presencial) y el cuidado de menores y adultos mayores, es sin duda un desafío y una problemática que debe discutirse y visualizarse en el contexto de los inicios (esperemos) de la postpandemia. Cambiar la óptica de la responsabilidad individual que recae preferentemente en las mujeres cuidadoras a una responsabilidad colectiva de la sociedad es parte de los cambios que se requieren sino queremos seguir retrocediendo en la inserción laboral femenina en Chile. Sin duda, el proceso constituyente es una ventana de oportunidad para este cambio.

Adriana Bastías

Presidenta Asociación de Red de Investigadoras

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